Hoy en Revista Dosis

Científicos del CONICET detectaron en sangre de pacientes con histiocitosis de células de Langerhans la presencia de un tipo celular que podría usarse para diagnosticar y pronosticar esta enfermedad principalmente pediátrica que afecta anualmente a entre 40 y 60 pacientes en la Argentina, y que mundialmente tiene una prevalencia de 1/100 mil nacidos vivos.

Los investigadores observaron que los pacientes con esta enfermedad activa, tenían muy aumentada en la sangre una fracción de células mieloides –monocitos, células dendríticas y macrófagos- y detectaron, también, la expresión de marcadores CD207 y CD1a que no es habitual que se encuentren en sangre circulante, por lo que podría corresponder a precursores de las células de Langerhans malfuncionantes que se ven en la enfermedad.

“La distribución de células que observamos es muy diferente en un paciente con enfermedad activa que en un paciente en remisión y cuando hay un fenotipo tan marcado, te da la pauta de que ahí hay mucho para estudiar”, explica Andrea Errasti, investigadora adjunta del CONICET en el Instituto de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. La directora del trabajo, publicado en la revista Blood, de la Asociación Américana de Hematología, confía en que “podría postularse a la presencia de estas células en sangre como un posible marcador específico de la actividad de esta enfermedad”.

De protectores a invasores

La histiocitosis de células de Langerhans es una enfermedad rara, principalmente pediátrica, que afecta a células inmunológicas de la piel, -las células de Langerhans-. Las células anómalas atacan e invaden a otros órganos o tejidos del paciente. El origen de esa invasión anómala por células del sistema inmunológico no está claro, “algunos investigadores proponen que ocurre una transformación maligna de estas células que hace que ‘viajen’ desde la dermis a otros sitios. Otros proponen que son originados en la médula ósea y en el camino se “pierden” con ciertos estímulos y en lugar de ir a la piel ‘viajan’ a otros lugares”.

Hasta el momento para confirmar el diagnóstico de la enfermedad se realiza una biopsia de los órganos afectados, y mediante el análisis inmunohistoquímico se detecta la presencia de los marcadores CD1a y langerina (CD-207), producidos por las células de Langerhans de la piel. En este trabajo que presentaron los científicos, la búsqueda fue mediante anticuerpos contra esas proteínas y se analizaron todas los compartimientos inmunes de la sangre – células mieloides y células linfoide, en los pacientes de Diego Rosso, médico pediatra del Hospital de Niños Pedro de Elizalde y Hospital de Clínicas José de San Martín, referente en esta patología e investigador adjunto del CONICET.

Si se pudiera lograr una detección de los precursores celulares CD1a/CD207 por análisis de sangre se facilitaría la tarea, ya que con el sobrante de los análisis de rutina que se le practican a estos pacientes, es suficiente y podría ser usado como marcador diagnóstico, para observar su evolución durante el tratamiento, o para anticiparse a las reactivaciones de la enfermedad.

“Este trabajo es una foto de lo que estaba ocurriendo en un momento determinado de cada uno de los 22 pacientes. Sin embargo, nuestro próximo paso es hacer un trabajo exhaustivo sobre qué pasa con estas células CD1a/CD207 en circulación durante la evolución de cada paciente, además como se modifican o responden a los tratamientos disponibles en la actualidad.”

Sobre investigación:

Eugenio Antonio Carrera Silva. Investigador adjunto. Instituto de Medicina Experimental (IMEX, CONICET-ANM-BA)

Wanda Nowak. Instituto de Farmacología (FMed-UBA).

Licina Tessone. Instituto de Farmacología (FMed-UBA).

Cinthia Mariel Olexen. Becaria doctoral ANPCYT (IMEX, CONICET-ANM-BA).

Juan Manuel Ortiz Wilczyñski. Becario doctoral. (IMEX, CONICET-ANM-BA)

Ivana Gisele Estecho. Instituto de Farmacología (FMed-UBA).

Graciela Elena. Hospital de Niños Pedro de Elizalde. Buenos Aires.

Andrea Emilse Errasti. Investigadora adjunta. Instituto de Farmacología (FMed- UBA).

Diego Alfredo Rosso, investigador adjunto. Instituto de Farmacología (FMed UBA). Hospital de Niños Pedro de Elizalde y Hospital de Clínicas José de San Martín.

Fuente: CONICET

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El año pasado, esos docentes investigadores con formación doctoral habían quedado seleccionados pero no habían sido incorporados a la carrera de investigador del organismo.

La cantidad de investigadores seleccionados pero no incorporados a las carreras del Conicet asciende a 390. De ese total, 340 serán incorporados a 42 universidades públicas nacionales como docentes investigadores con dedicación exclusiva, mientras que los 50 restantes “aún no acordaron su ingreso a ninguna universidad”, informó el ministerio de Educación.

El año pasado, esos docentes investigadores con formación doctoral habían sido seleccionados y, su selección, aprobada y recomendada por el Conicet, pero no habían sido incorporados a la carrera de investigador del organismo.

El Ministerio precisó que a través de la Secretaría de Políticas Universitarias “aportará el financiamiento para la creación de cargos o el incremento de las dedicaciones necesarias para la incorporación a las universidades de esos doctores”.

El 33 % de los investigadores fueron incorporados a universidades de la región metropolitana, el 28% a la bonaerense, el 18% a la región centro del país, el 8% a Nuevo Cuyo, el 6% al NOA, el 4% al sur y el 3% al NEA.

En tanto, de los 340 investigadores que se incorporarán a las universidades, el 25% corresponden al área de las Ciencias Naturales y Exactas, el 23 a las Ciencias Sociales, el 20 a las Agrícolas y Ambientales, el 17 a las Humanas, el 11 a las Ingenierías y Tecnologías y el 5 a las Ciencias Médicas y de la Salud.

El conflicto se inició a fines del año pasado cuando el Conicet decidió que la mitad de los investigadores que habían sido aprobados para ingresar a la carrera de doctorado dentro de ese organismo no lo iban a hacer por una cuestión presupuestaria.

En medio de las disputas a lo largo de este año, el Ministerio de Ciencia y Técnica y el de Educación acordaron que ingresen a las universidades, aunque los gremios pedían que se mantenga la estabilidad laboral y la equivalencia salarial con el Conicet.

Los becarios mantenían la inquietud a raíz que esas becas vencían en diciembre y aún no habían formado los contratos con las universidades y corría riesgo de no percibir becas ni contratos entre enero y abril.

Fuente: Agencia Télam

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Utilizará la quimioterapia habitual y sumará el uso de dos drogas, una de las cuales se encuentra en proceso de aprobación por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), y el otro es utilizado para tratar afecciones cardíacas.

 

“Estas dos drogas se administran por vía oral y prácticamente no tienen toxicidad, incluso si el paciente no responde al tratamiento tradicional podrá seguir recibiendo las dos drogas”, indicó Graciela Scharovsky, investigadora principal del Conicet y directora del equipo.

Viviana Rozados, también integrante del equipo investigador, señaló que “si bien no es un número de casos muy elevado, de acuerdo a los resultados que obtengamos podemos plantear nuevos proyectos que permitan aumentar el número de personas tratadas”.

En este proyecto, el equipo de la Facultad de Ciencias Médicas trabajará en colaboración con investigadores de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas y con oncólogos del Hospital Provincial del Centenario, conformando un grupo interdisciplinario y multiinstitucional.

El nuevo protocolo que aplicarán forma parte de una línea de investigación sobre quimioterapia metronómica y reposicionamiento de fármacos que el equipo de Scharovsky viene desarrollando desde hace más de quince años.

La quimioterapia metronómica consiste en la administración de drogas de uso común en el tratamiento del cáncer, a intervalos regulares, en forma crónica y sin períodos prolongados de descanso, pero en dosis mucho más bajas que las indicadas normalmente.

Este tipo de quimioterapia tiene el doble beneficio de no causar efectos secundarios debido a la baja toxicidad de las dosis y, por otro lado, de impedir que las células malignas proliferen por ser administrada crónicamente.

Fuente: Presidencia de la Nación

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Miércoles, 20 Septiembre 2017 17:31

Encuentran mensajes subliminales en los genes

El descubrimiento de los genes, seguido del estudio de su estructura y funcionamiento fueron hitos científicos que dieron paso a la posibilidad de manipular organismos vivos, ni más ni menos que el origen de la biotecnología moderna, de la década de 1980 en adelante. Lejos de alcanzar un techo, la investigación en este campo se profundiza todo el tiempo y cada hallazgo redunda en un nuevo aporte para combatir enfermedades, mejorar cultivos, generar fármacos, y más. Precisamente éste es el caso de dos artículos publicados en marzo pasado en las revistas PeerJ y BMC Genomics bajo la autoría de científicos del CONICET La Plata en el Centro Regional de Estudios Genómicos (CREG, UNLP).

 

La novedad da cuenta de un nivel mayor de complejidad en un conjunto de procesos encadenados ya de por sí muy preciso. Los genes guardan en unidades llamadas codones la información de la secuencia de aminoácidos necesaria para que cada organismo sintetice -es decir fabrique- las proteínas, los elementos que ejecutan las tareas dentro de las células. Los encargados de leer esos datos son los ribosomas, que a través de un proceso denominado traducción, interpretan cada uno de los codones como un aminoácido que van colocando de a uno en la punta de la proteína que se está construyendo, como si fueran cuentas de un collar.

Durante la traducción, además, la proteína se va plegando en una estructura tridimensional que determinará su función en la célula, y en este sentido la velocidad con que los aminoácidos son agregados por el ribosoma resulta crucial. Es aquí donde entran en juego los mensajes subliminales de los que tratan los artículos, descubiertos dentro de la información secuencial de aminoácidos, y que servirían para indicarle al ribosoma cuán rápido o despacio debe ir sintetizando la proteína. “El ritmo con que lo haga repercutirá directamente en la estructura tridimensional y consecuentemente en la función que desempeñe”, cuenta Luis Diambra, investigador independiente del CONICET y responsable de ambos trabajos.

El primer estudio se llevó adelante con los genomas de nueve organismos diferentes, entre ellos bacterias, mamíferos, insectos y plantas. “Observamos cómo se da la traducción en proteínas muy abundantes, que podrían tener como requisito un tránsito rápido del ribosoma, y en otras de menor presencia, que no precisarían esa velocidad”, señala Diambra. La conclusión obtenida también tiene que ver con la forma en que es codificado ese ritmo, que no sería a través de un solo codón sino de a pares.

“Al ser estos mensajes determinantes para las funciones de las proteínas, podría suceder que algunas se plegaran mal debido a errores en el ritmo de síntesis”, explica el científico dando pie al segundo trabajo publicado, esta vez en coautoría con Cristina Mc Carthy y Alejandra Carrea, investigadora adjunta y becaria posdoctoral (al momento de la publicación) del CONICET en el CREG. Si por una mutación genética se alterara la velocidad de lectura del ribosoma y lo hiciera rápido cuando tiene que ser lento o viceversa, la proteína formada arrastraría una disfunción que a su vez podría predisponer al organismo a desarrollar alguna patología. “Desde este punto de vista, incluso las mutaciones llamadas silenciosas, en las que no cambia el aminoácido, tendrían un rol importante en las enfermedades genéticas”, apunta Diambra.

Cabe resaltar que entre los motivos que pueden llevar a una mutación a provocar una enfermedad figura, precisamente, un cambio en el ritmo de los ribosomas. Entonces, de una extensa lista de condiciones clínicas disponible en un banco de datos genómicos, el equipo buscó aquellas en los que la velocidad de lectura estaba alterada. Si el desajuste era muy grande, le atribuían la causa del desarrollo de la enfermedad.

Esquizofrenia, celiaquía, osteoporosis, cáncer de colon y de cuello de útero, asma, Alzheimer, e incluso otras cuestiones como longevidad y resistencia a ciertos medicamentos fueron algunas de las condiciones clínicas asociadas a mutaciones silenciosas que los expertos analizaron minuciosamente y podrían ser causadas por cambios en el ritmo de síntesis. “Nuestra investigación acerca una hipótesis interesante de por qué estas mutaciones serían responsables de rasgos patológicos. Pero además, este conocimiento permitirá perfeccionar las técnicas actuales para codificar proteínas recombinantes, que son aquellas que se expresan en un organismo o especie diferente al que pertenece originalmente”, concluye Diambra.

Fuente:

CONICET 
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Un grupo de científicos rosarinos liderado por Sara Feldman, investigadora independiente del CONICET, participó en un trabajo multidisciplinario de ingeniería de tejidos, en el que se desarrolló y aplicó en un modelo in vivo – es decir en seres vivos – un gel biodegradable que promueve la reconstrucción de tejido óseo y que podría reemplazar a las prótesis tradicionales en algunos tipos de lesiones.Los resultados de este trabajo realizado en colaboración con investigadores del Instituto Bioforge de la Universidad de Valladolid, España, de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI) dependiente del CONICET, y de la Facultad de Odontología de la Universidad de Ribeirão Preto, Brasil, fueron publicados en la revista Tissue Engineering.
 
El equipo aplicó el gel biodegradable en un modelo de lesión experimental en conejos. Luego de 90 días se demostró que este material había promovido la formación de un tejido de constitución y apariencia muy similar a la estructura ósea original en el lugar de la lesión.
El gel fue sintetizado mediante técnicas de biología molecular y entre sus componentes tiene derivados de la elastina natural, secuencias para proteínas de adhesión celular y de una proteína llamada BMP-2 que promueve el desarrollo óseo.
Una de las características llamativas de este gel es que, a la inversa de las gelatinas más conocidas, se encuentra en estado líquido a bajas temperaturas y gelifica cuando sobrepasa los cuatro grados centígrados. Esta particularidad hizo que el equipo del Laboratorio de Biología Osteoarticular, Ingeniería Tisular y Terapias Emergentes (Laboatem) tuviera que desarrollar técnicas quirúrgicas especiales para poder aplicarlo.
“Además de las condiciones de esterilidad necesarias para cualquier cirugía, tuvimos que trabajar todo en frío, incluso el instrumental, para que la matriz permaneciera en estado líquido hasta que la colocáramos en la lesión y comenzara a gelificar con la temperatura del cuerpo”, describió la investigadora, quien dirige el Laboatem de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.
Los científicos testearon el material biodegradable en un tipo de lesión femoral donde si no se coloca un implante se genera un tejido fibrosado estructural y funcionalmente muy diferente del original. Con la aplicación del gel a los pocos días de la cirugía los conejos ya tenían una marcha semejante a la habitual lo que significa que no había procesos inflamatorios ni rechazos. Los estudios se complementaron con análisis bioquímicos a lo largo de todo el periodo de estudio y en ningún momento se observó algún parámetro alterado.
“Hicimos los estudios tomográficos con reconstrucción tridimensional de los huesos y observamos que las lesiones estaban reparadas, con una superficie cortical casi regenerada, y nos costaba discriminar a simple vista el lugar del implante. Además, a través de los estudios histológicos encontramos zonas de calcificación y osteoblastos, características del tejido óseo”, detalla Feldman.
Una vez que el material se inserta en la lesión comienza a promover la proliferación de las células que lo rodean, éstas colonizan el tejido y forman una matriz extracelular semejante al hueso. A medida que el material va cumpliendo su función se degrada y desaparece al final del proceso.
Según explicó Feldman este tipo de geles son matrices de tercera generación. Las de primera generación son los implantes de huesos; las de segunda generación son las prótesis metálicas que reciben diversos tipos de tratamiento para evitar que el cuerpo las rechace, y las matrices derivadas de productos naturales. Se denomina de tercera generación a aquellas matrices que son temporales, biodegradables, no son tóxicas para las células y pretenden generar el tejido en condiciones lo más similares al tejido original faltante.
“Con las pruebas que hicimos pudimos realmente analizar la viabilidad de esta matriz de tercera generación en un modelo in vivo que es distinto a estudiarlo in vitro – en células en cultivo – porque permite observar si hay efectos secundarios indeseables, si se adapta al tejido circundante y si genera algún tipo de rechazo inmunológico”, señala Feldman y concluye “estudios como estos muestran que la ingeniería de tejidos ya no es una utopía, sino que se pueden brindar respuestas para reparaciones in vivo”.
 
 
Fuente: CONICET
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Viernes, 11 Agosto 2017 06:00

Investigadora argentina distinguida

La fundación alemana Alexander von Humboldt distinguió a la investigadora del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) Vanesa Gottifredi con el premio Friedrich Wilhelm Bessel por su trayectoria, sus hallazgos y el impacto que tendrán en el futuro sus líneas de investigación centradas en la identificación de estrategias de adaptación de las células malignas al ataque de la quimioterapia.
 
Gottifredi es la jefa del Laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA), que depende de la Fundación Instituto Leloir y del Conicet, y está abocada a entender y anular los mecanismos de resistencia de los tumores a los tratamientos oncológicos

Dicho laboratorio indaga esos mecanismos de defensa de las células, que eran ignorados por los científicos hace 20 años: “Hoy existen cientos de pruebas clínicas en las que se trata de arruinar esos procesos de adaptación, con algunos datos esperanzadores”, señala la investigadora que se graduó como química en la Universidad Nacional de Salta.
La Fundación Alexander von Humboldt mantiene una red de más de 26.000 científicos en más de 140 países en todo el mundo, incluyendo 51 ganadores del Premio Nobel, y destina el galardón entregado a Gottifredi para científicos extranjeros de demostrada trayectoria que colaboren con colegas alemanes.
 
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