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La presencia del hongo Mucor racemosus podría ser útil como biomarcador de riesgo cardiovascular, según un estudio conjunto del Iispv, del Ciberobn y del Idibgi. Diabetes y, sobre todo, obesidad son las patologías que hasta ahora se relacionan con la investigación.

 
 
Un estudio elaborado por el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (Ciberobn), junto a investigadores del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (Iispv) y del Instituto de Investigación Biomèdica de Gerona Doctor Josep Trueta (Idibgi) habrían demostrado que la presencia en el intestino del hongo Mucor racemosus puede ser útil como biomarcador de riesgo cardiovascular, reforzando la posibilidad que manipular la microbiota intestinal pueda ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares. Este trabajo, liderado por Matilde Rodríguez Chacón, del Iispv y José Manuel Fernández-Real, del Ciberobn, ha sido publicado en la revista Beneficial Microbes.

 

Beneficios de los microorganismos
El intestino humano alberga una gran variedad de microorganismos (bacterias, hongos o parásitos) que forman un ecosistema natural. Las bacterias son los componentes más abundantes de esta microbiota, donde se sabe que su calidad y composición se relacionan con desórdenes como la obesidad y la diabetes. Por el contrario, la diversidad fúngica, que representa entre el 0,03 y el 0,2 por ciento de la microbiota intestinal, cuenta con menos estudios.

Por tanto, la investigación inicial trató de estudiar este aspecto de la micobiota. Tras haber analizado los diferentes tipos y cantidades de hongosintestinales en una cohorte de 52 individuos, divididos entre aquellos que tenían un peso óptimo y aquellos que eran obesos, se demostró que estos microorganismos varían de un grupo a otro. Los resultados también revelaron si un individuo obeso era metabólicamente sano o no. Por otro lado, también se evidenció que cuando los sujetos pierden peso, un tipo específico de hongo (Mucor spp.) aumenta en abundancia, lo que abre la puerta al tratamiento de la obesidad mediante la manipulación de este microrganismo.

Para complementar estos descubrimientos sobre la micobiota en sujetos obesos, en el presente trabajo se ha realizado un análisis exhaustivo para explorar la posible contribución de la microbiota intestinal a la arterosclerosis subclínica en un grupo bien caracterizado de sujetos obesos y no obesos. Los hallazgos obtenidos ponen de manifiesto que Mucor racemosus (una especie del género Mucor) podría convertirse en un biomarcador relevante de riesgo cardiovascular, reforzando la posibilidad de que la manipulación de la micobiota intestinal puede ser útil en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Fuente:

Diario Médico -España 
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Otra vez, una investigación realizada por un equipo del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, Conicet, UNR) logró un gran avance en la lucha contra las llamadas “superbacterias“, responsables del fallecimiento anual de unas 700 mil personas en el mundo y que se cree podrían llegar a ser primera causa de muerte en el 2050. El descubrimiento, publicado hace unos días por la prestigiosa revista científica internacional Nature Communications, abre las puertas para el “diseño racional de fármacos” capaces de frenar el avance de esas infecciones letales, explicó ayer a LaCapital el titular del IBR y uno de los codirectores del grupo, Alejandro Vila.
Dar pelea a las superbacterias es actualmente uno de los desafíos más acuciantes para la ciencia. De hecho, en febrero pasado fue la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) la que reavivó la preocupación internacional al difundir el listado de las doce familias de bacterias causantes de infecciones severas que los actuales tratamientos no logran vencer y que dejan a cada vez más población sin terapias efectivas.Ocurre que las superbacterias son microorganismos que desarrollan una multirresistencia a los antibióticos, aun a los de mayor potencia y eficacia, y que vienen generando un alarmante crecimiento en la tasa de infectados sobre todo a nivel intrahospitalario en todo el mundo. De allí que el nuevo avance de los científicos del IBR sobre la materia cobre tanta trascendencia.El trabajo, codirigido por Vila y Leticia Llarull, fue producto de las “contribuciones centrales” que realizaron las jóvenes investigadoras María Natalia Lisa y Antonela Palacios.

 

Al estudio también hicieron aportes, en colaboración con científicos de Estados Unidos y el Reino Unido, Mariano González (IBR) y Diego Moreno (Instituto de Química Rosario, Iquir).

Un hito revolucionario

La penicilina, descubierta en 1928 por Alexander Fleming, cambió el rumbo de la historia. El posterior desarrollo de numerosos antibióticos similares a la penicilina, llamados betalactámicos, obtenidos tanto a partir de fuentes naturales como de síntesis químicas, no sólo permitió salvar millones de vidas en la Segunda Guerra Mundial, sino que resultó determinante para la prolongación de la expectativa de vida en el siglo XX.

Sin embargo, esos avances ahora muestran su contracara: el uso excesivo e indebido de esos medicamentos dio lugar a la selección de bacterias cada vez más resistentes, hoy conocidas como superbacterias.

A ellas apuntó la investigación que acaba de publicar Nature Communication y que, producto de un trabajo de ocho años, básicamente logró poner al descubierto los mecanismos químicos que utilizan esas bacterias para “inactivar antibióticos de última generación”.

De hecho, pudo demostrar que varias especies de esos microorganismos poseen similares mecanismos de resistencia, por lo que se abre la posibilidad de producir tratamientos efectivos para un amplio espectro bacteriano. “Es decir, no uno para cada bacteria, sino un fármaco general”, explicó Vila.

Se trata de un nuevo “paso clave” para combatir las superbacterias resistentes incluso a la acción simultánea de varios antibióticos y que han alcanzado una “diseminación global”, enfrentando a la humanidad a una “situación sin precedentes”: no poder vencer infecciones que hasta ahora venían siendo tratables.

Pero para poder diseñar nuevos fármacos hay que conocer “las estrategias químicas de defensa” de las bacterias o la estructura de las moléculas involucradas.

Para sobrevivir a la acción de los antibióticos betalactámicos, uno de los principales mecanismos que usan las bacterias es la producción de unas enzimas capaces de degradarlos, llamadas betalactamasas.

Existe una clase de antibióticos, los carbapenemes, capaces de resistir a esas enzimas, por lo que representan “la última línea de defensa disponible frente a infecciones causadas por bacterias multirresistentes”. Sin embargo, esas bacterias evolucionaron y muchas ya logran sobrevivir a esas drogas.

Por eso el trabajo del equipo del IBR abre ahora puertas hacia nuevas líneas de investigación en el diseño racional de fármacos (ver aparte).

La multiplicación de bacterias resistentes a los antibióticos amenaza con volverse primera causa de muerte en 2050.

Avances que se dan de a poco
Hace poco más de un año, en el IBR ya habían cosechado otro gran logro científico contra las superbacterias. En esa oportunidad la investigación, también dirigida por Alejandro Vila y realizada junto a los investigadores Lisandro González y Guillermo Bahr, apuntó a una enzima, denominada NDM, responsable de la destrucción de los antibióticos.
 
 
Hace poco más de un año, en el IBR ya habían cosechado otro gran logro científico contra las superbacterias. En esa oportunidad la investigación, también dirigida por Alejandro Vila y realizada junto a los investigadores Lisandro González y Guillermo Bahr, apuntó a una enzima, denominada NDM, responsable de la destrucción de los antibióticos.El estudio descubrió que la NDM está anclada a la membrana de la pared celular y desde allí envía vesículas de grasa al exterior de la célula. Ese mecanismo le permite frenar la acción de los medicamentos y, al entrar en contacto con otras bacterias, las vuelve también resistentes a los antibióticos, multiplicando el efecto.El logro, se anunció entonces, permitiría identificar con una prueba de muy bajo costo la presencia de esa enzima en personas enfermas y orientar el tratamiento con los antibióticos más adecuados.

 

Ayer Vila contó que se trata de “avances paso a paso” y adelantó que ya están trabajando en un “equipo internacional” junto a científicos de Estados Unidos, Reino Unido y Uruguay para llegar a producir “compuestos” dirigidos al diseño de nuevos fármacos.

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