Hoy en Revista Dosis

Una nueva prueba de biomarcadores desarrollada por investigadores del Centro Integral del Cáncer de Georgetown, en Estados Unidos, y sus colegas puede ayudar a predecir, con una certeza de hasta 90 por ciento, qué compuestos químicos pueden causar daño en el ADN que podría provocar cáncer, según se informa en un artículo publicado este lunes en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

Las pruebas de laboratorio actuales que evalúan la posible toxicidad en humanos debido a la exposición a compuestos químicos a menudo resultan en un alto número de resultados falsos positivos de agentes que pueden inducir daño en el ADN. Muchos de estos resultados positivos pueden reflejar toxicidad celular a altas dosis químicas en lugar de la genotoxicidad real (daño al ADN o a los genes), de forma que estos resultados falsos positivos a menudo conducen a pruebas de seguimiento costosas y que requieren mucho tiempo.

La falta de una prueba precisa, rápida y de alto rendimiento que evalúe la genotoxicidad ha sido un cuello de botella importante en el desarrollo de nuevos fármacos, así como en los ensayos sobre sustancias por parte de compañías químicas, cosméticas y agrícolas, dice uno de los investigadores de este trabajo, Albert J. Fornace Jr., profesor en los departamentos de Bioquímica y Biología Molecular y Celular, Oncología y Medicina Radiológica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown, y miembro del Centro Integral Lombardi sobre Cáncer de Georgetown, en Estados Unidos.

Esta necesidad se ve agravada por el hecho de que miles de productos químicos ya en uso han tenido poca evaluación toxicológica, si es que han tenido alguna, agrega. “Además, existe un mandato creciente para reducir las pruebas en animales”, dice Fornace, señalando que, en la Unión Europea, ya están prohibidas las pruebas con animales para ingredientes en productos cosméticos.

DETECCIÓN DE ALTO RENDIMIENTO

La nueva prueba, un panel de biomarcadores denominado TGx-DDI, se basa en genes que se transcriben o expresan activamente en una célula. Estos genes reflejan vías particulares que responden a varios tipos de estrés y pueden proporcionar más información sobre cómo las células responden a un tipo particular de lesión, en particular daño al ADN.

Aunque ha habido muchos estudios que han utilizado la expresión génica para medir las respuestas a las lesiones, una característica clave del enfoque actual es el desarrollo de un panel de biomarcadores de genes que puedan identificar el estrés debido al daño en el ADN.

Después de haber desarrollado el sólido panel de biomarcadores, un consorcio de investigadores académicos, gubernamentales y de la industria, organizado por el Instituto de Ciencias de la Salud y el Medio Ambiente, una organización sin fines de lucro a nivel mundial, seleccionó muchos productos químicos y medicamentos que representan distintas clases de sustancias tóxicas.

Los productos químicos incluían agentes conocidos que dañan el ADN, productos químicos que se sabe que son negativos para la genotoxicidad y no causan cáncer, y productos químicos que se conoce que no causan cáncer, pero que dieron resultados positivos en ensayos de genotoxicidad de laboratorio más antiguos.

Todos los agentes que dañan el ADN dieron positivo con la nueva prueba. Todos los productos químicos que se sabe que son negativos para la genotoxicidad y que no causaron cáncer dieron resultados negativos. Es importante destacar que nueve de cada diez resultados fueron negativos para los productos químicos que se sabe que no desatan cáncer, pero que mostraron un resultado positivo en las pruebas de genotoxicidad de laboratorio convencionales.

“En comparación con las pruebas más antiguas, nuestro enfoque permite una detección muy precisa y de alto rendimiento de los compuestos químicos que causan daño en el ADN y, potencialmente, cáncer en los humanos”, concluye Fornace.

Fuente: El Economista – España

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El Centro de Investigación Biomédica en Red de Cáncer (CIBERONC), a través del grupo de investigación liderado por Xosé R. Bustelo, perteneciente también al Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, acaba de descubrir que el gen VAV1, habitualmente implicado en la formación de una amplia gama de tumores, puede también ejercer papeles implicados en la supresión de algunos tipos específicos de leucemia linfoblástica aguda de linfocitos T. Esta leucemia es el cáncer pediátrico más frecuente y, todavía hoy, tiene muchos retos para un diagnóstico y tratamiento adecuados. Este descubrimiento acaba de ser publicado en Cancer Cell.

 

Los linfocitos T son células del sistema inmune que tienen por función el reconocimiento y destrucción de células de nuestros órganos que se han convertido en cancerosas o que han sido infectadas por virus u otros patógenos. También están a cargo de la regulación de otras células del sistema inmune implicadas en la destrucción de cualquier agente externo que invada nuestro organismo como pueden ser productos químicos o bacterias.

Pese a estas funciones positivas, los linfocitos T sufren en algunos casos alteraciones genéticas que los hacen pasar de agentes protectores a células malignas causantes de tumores. Uno de los cánceres más frecuentes que se originan a partir de estas células es la denominada leucemia linfoblástica aguda de linfocitos T (LLA-T). Este tumor es el más frecuente en niños en nuestro país y también afecta a un número significativo de adultos. Los porcentajes de curación de esta enfermedad han mejorado a lo largo de estos últimos años, aunque todavía presenta importantes retos como son el tratamiento de pacientes que son resistentes a las terapias actuales o que recaen tras la aplicación de las mismas. Debido a ello, la supervivencia de los pacientes con estos tumores (68% de los casos) es todavía hoy muy mejorable desde el punto de vista clínico.

La formación de LLA-T, al igual que en muchos otros cánceres, está causada por la acumulación de múltiples alteraciones genéticas. Estas alteraciones, denominadas mutaciones, causan la activación de genes que actúan como “aceleradores” de la malignización de las células y, al mismo tiempo, la inactivación de otros genes que actúan como “frenos” del proceso de tumorigénico. Éstos últimos genes frenan el crecimiento de las células que han sufrido alteraciones genéticas o, alternativamente, inducen la muerte de las mismas a través de un mecanismo conocido como “suicidio celular”. El objetivo de la medicina personalizada es que, a través del conocimiento de estas alteraciones genéticas, se puedan desarrollar terapias adecuadas que permitan la eliminación de las células cancerosas. Sin embargo, un gran problema que existe en este campo es que, dados los múltiples cambios genéticos que una célula tumoral alberga, es difícil identificar los genes alterados que actúan como acelerador y freno en la formación de tumores. Una complicación adicional es que muchas de estas alteraciones son diferentes dependiendo del tipo tumoral que se estudie y, en muchos casos, incluso del subtipo clínico de un mismo tumor.

En un artículo que se publica hoy en la revista Cancer Cell, una investigación multicéntrica liderada por el CIBERONC y el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca ha identificado un gen que actúa como un freno clave en la formación de la LLA-T. A través del uso de ratones modificados genéticamente, líneas celulares representativas de LLA-T y células derivadas de pacientes, este trabajo permitió identificar a VAV1 como uno de genes supresores que evitan la formación de estos tumores y, posteriormente, establecer el mecanismo molecular que media este efecto antitumoral. Este mecanismo se basa en controlar los niveles de una proteína, denominada ICN1, que actúa como acelerador en la formación de estos tumores. Como resalta el Dr. Bustelo, “Nuestro trabajo ha demostrado que VAV1, a través de la formación de un complejo multiproteico con la proteína CBL-B, “come” literalmente al acelerador ICN1 haciendo que éste desaparezca de las células tumorales. Esto hace que se pare el crecimiento de las mismas y que eventualmente se mueran”.

El trabajo también ha identificado la estrategia que las células tumorales desarrollan para eliminar este freno, el cual se basa la generación de alteraciones genéticas que provocan la activación espuria de unas proteínas denominadas TLX. Éstas reprimen la expresión del gen VAV1 en las células tumorales mutadas y, como consecuencia, “borran” el freno que para la expansión incontrolada de las mismas. “Pese a ello – añade el Dr. Bustelo– hemos podido demostrar que si reactivamos VAV1 podemos volver a parar el crecimiento de estas células alteradas genéticamente e inducir su muerte de forma muy rápida. Esto sugiere que, a largo plazo, podría ser factible el diseño de vías terapéuticas que pudiesen reproducir el mismo efecto en pacientes”.

VAV1 muestra un comportamiento de Dr. Jekyll o Mr. Hyde dependiendo del tipo tumoral

Una sorpresa que surgió en este trabajo fue el hecho mismo del descubrimiento de VAV1 como un gen implicado en la supresión tumoral. Ello se debe a que trabajos previos habían demostrado que este gen y otros similares favorecen el crecimiento y metástasis de diversos tipos tumorales. Según destaca el primer firmante de este trabajo, el Dr. Javier Robles-Valero, “Esto indica que estos genes pueden actuar como el famoso Dr. Jekyll and Mr. Hyde del libro de Stevenson dependiendo del tipo de células o tumor en el que se encuentren activos”.

Sin embargo, el trabajo que se publica en Cancer Cell también ha permitido descubrir que estas dos funciones antagónicas de VAV1 se ejecutan a través de procesos moleculares diferentes. Esto sugiere que se podrán diseñar terapias específicas en un futuro inmediato que permitan inactivar las funciones protumorales o recrear las funciones antitumorales de este gen dependiendo del tipo de alteración del mismo en pacientes. Como apunta el Dr. Bustelo, “Esto nos hará replantear nuestros estudios en un futuro inmediato, puesto que hasta ahora todo el esfuerzo del laboratorio se había centrado en inhibir al Mr. Hyde que causa tumores. A partir de ahora también tendremos que ver a través de qué estrategias podremos mantener o volver al Dr. Jekyll antitumoral cuerdo todo el tiempo”.

Apoyo al trabajo

Este trabajo representó un tour de force de casi seis años en los que colaboraron investigadores españoles traslacionales y clínicos pertenecientes al CIBERONC, el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, la Universidad de Salamanca, el CSIC, el Institut del Mar d’Investigacions Mèdiques de Barcelona y el Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues del Llobregat. Como apunta el Dr. Bustelo, “Este trabajo es un buen ejemplo de cómo investigadores de distintos ámbitos pueden trabajar en común para abordar de forma efectiva un problema de relevancia biológica y clínica. En este sentido, el hecho de pertenecer al CIBERONC ha facilitado muy mucho este trabajo colaborativo”.

La realización del trabajo fue posible gracias a financiación recibida desde el Ministerio de Economía y Competitividad, la Junta de Castilla y León, la Worldwide Cancer Research Foundation del Reino Unido, la Fundación Ramón Areces y la Asociación Española de Investigación contra el Cáncer.

Fuente: Jano On Line

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 Expertos adaptaron una técnica del campo de la evolución para confirmar que, en promedio, se necesitan de una a diez mutaciones para que aparezca el cáncer y mostraron que la cantidad de mutaciones que llevan al cáncer varía considerablemente entre diferentes tipos de cáncer.

En el estudio, publicado en ‘Cell’, el equipo desarrolló un enfoque para descubrir qué genes están implicados en la evolución del cáncer y cuántas mutaciones en esos genes conducen al cáncer. En el futuro, este tipo de enfoques podrían usarse en la clínica para identificar cuántas mutaciones en un paciente individual están activando su cáncer, de entre las miles de mutaciones presentes.

Hace más de 150 años, Charles Darwin describió cómo evolucionan las diferentes especies a través del proceso de selección natural. Los cánceres también se desarrollan por selección natural, actuando sobre las mutaciones que se acumulan en las células de nuestros cuerpos a lo largo del tiempo. En este estudio, los científicos aplicaron una perspectiva evolutiva a la cuantificación de la selección natural en 7.664 tumores en 29 diferentes tipos de cáncer.

Uno de los hallazgos del análisis fue que las mutaciones generalmente son bien toleradas por las células del cuerpo, algo sorprendente porque las mutaciones que los individuos heredan de sus padres a menudo son mal toleradas y generalmente se pierden en la especie humana a lo largo del tiempo. Sin embargo, en las células del cuerpo, a medida que el cáncer se desarrolla, casi todas las mutaciones persisten sin afectar a la supervivencia de la célula.

El equipo también catalogó los principales genes de cáncer responsables de 29 tipos de cáncer diferentes, detectando varios genes de cáncer nuevos y determinando cuán completas son las listas actuales de genes de cáncer. “Hemos abordado una cuestión de larga duración en la investigación del cáncer que se ha debatido desde la década de 1950: ¿cuántas mutaciones se necesitan para que una célula normal se convierta en una célula cancerosa? La respuesta es: un puñado pequeño. Por ejemplo, en promedio hay alrededor de cuatro mutaciones por paciente en cáncer de hígado, mientras que los cánceres colorrectales generalmente requieren aproximadamente diez mutaciones”, apunta el doctor Peter Campbell, autor principal del ‘Wellcome Trust Sanger Institute’.

MUCHOS GENES INVOLUCRADOS EN EL CÁNCER POR DESCUBRIR

A ello, el doctor Iñigo Martincorena, también del ‘Wellcome Trust Sanger Institute’, añade: “En el estudio, descubrimos que alrededor de la mitad de estas mutaciones clave que conducen al cáncer ocurren en genes que aún no se identifican como genes de cáncer. Ya hay mucha información sobre los genes más importantes involucrados en el cáncer; pero hay muchos más genes aún por descubrir. Necesitaremos reunir incluso más números de cánceres estudiados mediante secuenciación de ADN, decenas de miles, para encontrar estos genes evasivos”.

Los nuevos métodos de este estudio son un paso adelante en la atención personalizada del cáncer. En el futuro, se podrían usar técnicas similares en la clínica para identificar las mutaciones específicas responsables del cáncer de un paciente dado, entre las miles de mutaciones que se encuentran típicamente en cada tumor.

“Ahora sabemos de cientos de genes, que cuando mutan, conducen el cáncer. Esta investigación muestra que en todos los tipos de cáncer se necesita un número relativamente constante de estos genes mutados para convertir una única célula normal en una célula cancerosa, pero los genes específicos elegidos difieren de acuerdo con el tipo de cáncer“, destalla el profesor sir Mike Stratton, autor del estudio y director del ‘Wellcome Trust Sanger Institute’.

Y concluye: “El estudio también muestra que todavía no hemos identificado muchos de estos genes controladores y que serán el objetivo para seguir la búsqueda en el futuro. Esta comprensión cada vez más precisa de los cambios subyacentes que llevan al cáncer proporciona la base para descubrir y usar terapias dirigidas a tratar la enfermedad”.

Fuente: El Economista

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En el día mundial de lucha contra el cáncer de mama, vale destacar el trabajo de dos científicas argentinas que buscan entender, una desde la Argentina, la otra desde los Estados Unidos, cómo las células cancerosas muchas veces logran resistir o escapar del ataque de la quimioterapia u otros tratamientos.

Con investigaciones diferentes, pero con un objetivo común, Vanesa Gottifredi y Sofia Merajver, buscan identificar, para luego poder atacar, el comportamiento de las células malignas para expandir su daño.

Tras el mecanismo de adaptación de las células malignas

¿Qué mecanismo de adaptación utilizan las células malignas en su proceso de replicación para evadir el efecto de la quimioterapia? Las investigaciones en torno a pregunta clave, además de su trayectoria, le valieron a la científica argentina Vanesa Gottifredi el premio Friedrich Wilhelm Bessel que otorga la prestigiosa Fundación Alexander von Humboldt de Alemania.

Gottifredi, oriunda de Salta, es jefa del Laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA) que depende de la Fundación Instituto Leloir y del CONICET.

“El conocimiento es algo que se obtiene en forma randomizada. Es muy difícil de ordenar. Y buscar entre lo que no se conoce, es mucho más caótico. En cáncer no sabemos lo suficiente”, explica a Clarín Gottifredi, que se graduó en química en la Universidad Nacional de Salta y se doctoró en biología humana en la Universidad “La Sapienza” de Roma, Italia.

Su desafío es entender el proceso de replicación del ADN y su rol en el cáncer. La célula tumoral busca dividirse, explica la científica. Para ello, cada célula debe copiar el código (o receta) de ADN que tiene en su núcleo. La quimioterapia actúa arruinando la calidad del ADN que debe ser copiado, de forma que esa réplica sea tan mala que ya no sirva para generar una célula viva.

“Pero, tenemos un ADN inestable, y que necesita replicarse y mutar como parte de la evolución. El cáncer es un efecto colateral de esa capacidad mutagénica, que es necesaria para la evolución, porque sin eso hoy no estaríamos acá. El ADN es inestable para poder generar un organismo distinto”, afirma.

“La célula humana, para lidiar con agentes tóxicos como la radiación del sol, posee procesos que adaptan el copiado de ADN a moldes imperfectos. Y la célula tumoral, en muchos casos, aprovecha esos mecanismos logrando algunas copias que permiten la sobrevida de algunas células malignas y, después de un tiempo, vuelven a generar la enfermedad”, explica Gottifredi.

Con su equipo, Gottifredi trata de entender este proceso para encontrar nuevos tratamientos. “El objetivo es encontrar nuevos blancos terapéuticos”, acota. Las investigaciones enmarcadas en este premio es producir conocimiento útil para la sociedad y apuntar a potenciales herramientas con capacidad de mejorar las terapias actuales.

Gottifredi trabaja junto a la doctora Lisa Weissmuller, jefa del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Ulm, Alemania, líder en el campo de la identificación de biomarcadores de riesgo de cáncer. Precisamente, la oncogénesis es para la investigadora argentina una de las líneas más prometedoras en lo que a prevención del cáncer se refiere. “La oncogénesis es lo que en el futuro vamos a estar intentando tratar. Esto es, evitar la génesis. Si en un futuro pudieras tomar una pastilla que te mantenga a raya las células que cambian, sería magnífico. La clave es el conocimiento, si querés atacar a tu enemigo, conócelo”.

Un dispositivo para observar el comportamiento de las células cancerosas

Para entender cómo actúan las células cancerosas en el momento que se separan del resto con el objetivo de buscar otros lugares del cuerpo donde continuar extendiendo su daño, la científica argentina Sofia Merajver, directora científica del programa de cáncer de mama de la Universidad de Michigan, logró desarrollar junto a su equipo un pequeño dispositivo que permite cultivar y poder observar el comportamiento de esas células."Es especialmente importante poder capturar esas células líderes y entender su biología - ¿porqué son tan exitosas, por qué son resistentes a la quimioterapia tradicional y cómo podemos atacarlas selectivamente", dice la autora del estudio Sofia Merajver, científica argentina, directora científica del Programa de cáncer de mama en la Universidad de Michigan Comprehensive Cancer Center.

"Los dispositivos microfluídicos nos están ayudando a entender la biología que antes no era accesible", agrega.

El problema, hasta ahora, era que en los dispositivos disponibles las células no duraban el tiempo suficiente, por lo que sólo servían para experimentos de corta duración. En el caso del cáncer, que los procesos llevan más tiempo, se necesitaba un dispositivo que permitiera cultivas células durante periodos de tiempo más largo y así poder identificar a estas “células líderes” que son las que se separan del grupo y viajan a otros órganos. Este dispositivo resultó ser estable hasta por lo menos tres semanas, lo que amplía la ventana de observación de las células. El trabajo fue publicado en Scientific Reports.

"Este dispositivo es una combinación de trata de entender a nivel fundamental y descubrir, un nuevo objetivo: moléculas para atacar al cáncer. Al mismo tiempo no había forma de tener las células de paciente y ponerlas en un dispositivo muy barato y fácil de criarlas por mucho tiempos. Esto es muy distinto a intentos anteriores, porque se pueden mantener las células hasta por dos semanas. Se puede observar muy detalladamente su comportamiento", explica la doctora Merajver a Clarín.

“Muchos procesos tumorales como la invasión y la resistencia no ocurren de la noche a la mañana”, afirma Koh Meng Aw Yong, becario postodoctoral del laboratorio de Merajver y autor del estudio.

El equipo desarrolló un nuevo dispositivo fluídico que les permitió cultivar células durante períodos más largos de tiempo. Los investigadores encontraron que el dispositivo era estable hasta al menos tres semanas en cultivo.

El dispositivo consta de tres canales pequeños a través del cual fluyen las células, a diferencia de los dispositivos de fluidos típicos que las mantiene en dos dimensiones. Las células se introducen en un canal y el fluido fluye a través de un canal paralelo para proporcionar presión y flujo sin perturbar al cultivo. El flujo de fluido a través del canal exterior imita lo que sucede con los capilares del cuerpo.

Ello permite a los investigadores añadir las células cancerosas en el dispositivo con una mínima perturbación o cambios a las células.

Los investigadores probaron el dispositivo con dos líneas de células de cáncer de próstata metastásico, pudiendo aislar las células líder -aquellas células que se separaron primero para viajar a órganos distantes.

Después de dos semanas, encontraron que las células de una línea eran dos veces más invasivas que una célula en otra línea. Pero después de tres semanas, la diferencia había desaparecido, sugiriendo que el potencial invasivo de las células puede cambiar con el tiempo.

“El dispositivo también tiene potencial para ser utilizado para probar fármacos y detectar cuando el cáncer se vuelve resistente. Esto permitiría a los oncólogos a saber más rápido si una terapia no está funcionando, y tal vez dar al paciente otra opción”, dijo el autor principal del estudio Jianping Fu, profesor asociado de ingeniería mecánica en la Universidad de Michigan. “Por supuesto, se necesita más investigación para explorar esta posibilidad en el futuro.”

 

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Utilizará la quimioterapia habitual y sumará el uso de dos drogas, una de las cuales se encuentra en proceso de aprobación por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), y el otro es utilizado para tratar afecciones cardíacas.

 

“Estas dos drogas se administran por vía oral y prácticamente no tienen toxicidad, incluso si el paciente no responde al tratamiento tradicional podrá seguir recibiendo las dos drogas”, indicó Graciela Scharovsky, investigadora principal del Conicet y directora del equipo.

Viviana Rozados, también integrante del equipo investigador, señaló que “si bien no es un número de casos muy elevado, de acuerdo a los resultados que obtengamos podemos plantear nuevos proyectos que permitan aumentar el número de personas tratadas”.

En este proyecto, el equipo de la Facultad de Ciencias Médicas trabajará en colaboración con investigadores de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas y con oncólogos del Hospital Provincial del Centenario, conformando un grupo interdisciplinario y multiinstitucional.

El nuevo protocolo que aplicarán forma parte de una línea de investigación sobre quimioterapia metronómica y reposicionamiento de fármacos que el equipo de Scharovsky viene desarrollando desde hace más de quince años.

La quimioterapia metronómica consiste en la administración de drogas de uso común en el tratamiento del cáncer, a intervalos regulares, en forma crónica y sin períodos prolongados de descanso, pero en dosis mucho más bajas que las indicadas normalmente.

Este tipo de quimioterapia tiene el doble beneficio de no causar efectos secundarios debido a la baja toxicidad de las dosis y, por otro lado, de impedir que las células malignas proliferen por ser administrada crónicamente.

Fuente: Presidencia de la Nación

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Un estudio que distingue los mecanismos biológicos por los cuales el virus del papiloma humano (VPH) causa cáncer ha encontrado lo que investigadores del Centro Médico de la Universidad de Georgetown, en Washington, Estados Unidos, dicen que es una nueva estrategia que podría proporcionar un tratamiento específico para estos cánceres.

 

El VPH es responsable de la mayoría del cáncer de cuello uterino y una parte sustancial de cáncer de cabeza y cuello y anal, pero la terapia disponible hasta la fecha es la cirugía y la quimioterapia no específica. El trabajo, publicado en la revista Oncotarget, encontró que E6, una oncoproteína producida por el virus, interactúa con varias otras moléculas en las células huésped de manera que garantiza que las células infectadas no puedan morir. Si son inmortales y continúan multiplicándose, se desarrolla el cáncer.

“Ahora no hay un tratamiento específico para estos cánceres desde que el virologista alemán Harald zur Hausen, descubrió en 1983 que el VPH puede causar cáncerde cuello uterino. Recientemente, el número de cánceres de cabeza y cuello relacionados con el VPH ha aumentado en Estados Unidos. Ahora, tenemos la oportunidad de desarrollar y probar una manera muy específica, potencialmente menos tóxica, de detener estos cánceres”, dice el autor principal del estudio, Xuefeng Liu, profesor asociado de Patología en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown.

Liu, también director de ‘Telomeres and Cell Immnortalization’ en el Centro de Reprogramación de Células, y su equipo han encontrado previamente que la oncoproteína E6 del VPH interfiere con el conocido supresor de tumores p53 para aumentar la actividad telomerasa que extiende la vida útil de las células infectadas. Una telomerasa es una proteína que permite que una célula se divida indefinidamente cuando se hubiera detenido después de un cierto número de divisiones.

En este estudio, los investigadores encontraron que E6 también interactúa con myc, una proteína producida por el gen Myc, que controla la expresión génica en todas las células sanas. Los investigadores concluyeron que la actividad de la telomerasa depende de las proteínas E6-myc que se enganchan entre sí.

Esto significa, según Liu, que el diseño de una pequeña molécula que evita que E6 se una a myc debe apagar la activación persistente de la telomerasa. Una pequeña molécula podría unirse a E6 en el mismo lugar que myc, o unirse a myc en el mismo lugar que E6, impidiendo así un complejo E6-myc.

“Esta pequeña molécula no sería tóxica para todas las células normales o, lo que es más importante, para dominar a las células madre, porque myc no se vería afectada –plantea Liu–. Podría ser un tratamiento único, dirigido específicamente a los cánceres del VPH”. Estos científicos de Georgetown están trabajando ahora en un prototipo químico para interferir en la unión de E6-Myc.

Fuente: Jano On Line

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Jueves, 21 Septiembre 2017 18:42

Cáncer cutáneo

La Comisión Europea (CE) concedió la autorización de comercialización de Bavencio (avelumab) en monoterapia para el tratamiento de pacientes adultos con carcinoma de células de Merkel metastásico (CCMm), un cáncer cutáneo poco frecuente y agresivo. Bavencio dispondrá de la autorización de comercialización en 28 países de la Unión Europea (UE) además de Noruega, Liechtenstein e Islandia. Se espera su disponibilidad en el mercado para pacientes europeos con prescripción en los próximos meses, con su lanzamiento inicial en Alemania y Reino Unido previsto para octubre de 2017.

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Investigadores de la Universidad de Duke, Estados Unidos, han desarrollado una molécula que parece estimular la muerte celular en algunos tipos de cáncer y en enfermedades inflamatorias autoinmunes, como la artritis reumatoide o la enfermedad de Crohn.

El compuesto, conocido como takinib, trabaja en una proteína de señalización celular llamada factor de necrosis tumoral alfa, o TNF-alfa, que es un factor importante en la inflamación de los tejidos. De hecho, en los últimos años se han desarrollado varios fármacos biológicos para interferir con este mecanismo, pero a menudo los pacientes desarrollan resistencias o efectos secundarios.
En este trabajo, cuyos resultados publica Cell Chemical Biology, los autores llevaron a cabo diferentes ensayos celulares para observar cómo la molécula influye en una serie de procesos que inhiben la muerte celular. Así, descubrieron que el takinib inhibe una enzima llamada TAK-1, que sirve como un interruptor que controla la supervivencia celular en el proceso de señalización TNF-alfa.
“El delicado equilibrio entre la supervivencia y la muerte a menudo se interrumpe en la enfermedad, y esta molécula es capaz de orientar el proceso”, señala Timothy Haystead, profesor del Departamento de Farmacología y Biología del Cáncer, que ha participado en este trabajo. El compuesto también parece ser eficaz en pequeñas cantidades, reduciendo potencialmente la toxicidad que han demostrado otros compuestos biológicos dirigidos a la misma vía inflamatoria.
Actualmente hay otros estudios en marcha para probar la viabilidad de su uso en animales, enfocándose primero en los efectos de la molécula en la artritis reumatoide para determinar si podría tener beneficios terapéuticos y poder ampliar su uso a otras patologías, incluida la malaria, han añadido.

Fuente: Jano On Line
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Martes, 22 Agosto 2017 06:00

Osteosarcoma en niños

"El ostesarcoma es un tipo de cáncer, que afecta generalmente a los huesos largos, mas frecuentemente en la zona de la rodilla (fémur, tibia, húmero). La forma de presentación clínica más común es: dolor, hinchazón y fracturas patológicas. Estos síntomas son atribuidos frecuentemente a dolores por crecimiento o lesiones en el juego o deporte", explicó a Infobaela doctora Mercedes Lombardi, jefa de la Unidad de Oncología en Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
Según explicó la experta, "muchas veces estos pacientes son diagnosticados tardíamente, con enfermedad más avanzada, empeorando su pronóstico y las posibilidades de tratamientos con cirugía conservadora".
Los datos que posee la cartera de Salud, afirman que un 20% de los pacientes presentan metástasis pulmonares evidentes al diagnóstico mientras que el 80% presenta micrometastasis (formaciones tumorales demasiado pequeñas para ser detectadas por las tomografías).
El ostesarcoma se localiza preferentemente en huesos largos en crecimiento (fémur, tibia, húmero) y su forma de presentación clínica más común es: dolor, hinchazón y fracturas. Estos síntomas inespecíficos son atribuidos frecuentemente a dolores por crecimiento o lesiones en el juego o deporte. Es por eso, que estos pacientes son diagnosticados tardíamente, con enfermedad más avanzada, empeorando su pronóstico.
Tratamientos
"El tratamiento estándar consiste en quimioterapia seguida de la resección quirúrgica del tumor, asegurándose la extirpación completa del mismo, para luego completar quimioterapia postoperatoria. El agregado de quimioterapia al tratamiento quirúrgico, ha contribuido a la eliminación de las metástasis pulmonares", detalló Lombardi.
Y agregó: "El descubrimiento de Mifamurtida para tratamiento conjunto con la quimioterapia luego de la cirugía, nos permite a utilizar una droga que actúa a nivel pulmonar, eliminando las células tumorales por activación de la inmunidad propia del individuo. Mientras que la quimioterapia interrumpe el crecimiento de la células tumorales, Mifamurtida estimula el Sistema inmunológico (la parte del cuerpo que se defiende contra los gérmenes y microorganismos) para estimular al cuerpo a matar las células cancerosas. Estos tratamientos combinados aumentan la posibilidad de curación en los pacientes con osteosarcoma".
La especialista destacó la importancia de trabajar en conjunto en la difusión para la detección temprana de esta enfermedad, ya que "en el cáncer infantil no hay esquemas de prevención ya que no hay factores ambientales que generen tumores y que puedan evitarse".
Lombardi afirmó que "lo más importante es no medicar a los niños sin consulta con el pediatra o médico de cabecera. En caso de presentar dolores óseos persistentes que no ceden con analgésicos comunes, la consulta con el pediatra o (médico de cabecera en los adultos jóvenes), va a direccionar los estudios para un diagnóstico precoz".
El diagnóstico en tiempo y forma permite detectar la enfermedad en estadios precoces y aumentar las chances de curación en este grupo etario.
 
 
Fuente: Infobae
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La agencia reguladora Anmat aprobó ayer un nuevo medicamento que reduce hasta un 80 por ciento el tamaño de los tumores de útero más frecuentes, llamados “miomas” y conocidos como “fibromas”, lo que permite “realizar una cirugía más sencilla o directamente evitarla”, afirmó el ginecólogo Silvio Tatti, quien agregó que dos millones de argentinas lo padecen.
Se trata del “ulipristal”, un medicamento que “representa un avance muy importante con respecto a las terapias disponibles, ya que desde hacía 22 años no había novedades contra los miomas”, dijoTatti, quien es además jefe del Servicio de Ginecología del Hospital de Clínicas.
“Hoy es un día bisagra en la Argentina, ya que el nuevo fármaco estará disponible la semana próxima en farmacias y mejorará la calidad de vida de millones de mujeres, además de disminuir en un 50 por ciento el índice de cirugías por miomas, lo que tendrá un impacto enorme en el sistema de salud”, dijo.
Los fibromas pueden ser asintomáticos o producir síntomas que en algunos casos son tan severos que comprometen la calidad de vida, como sangrado menstrual abundante -que puede generar anemia-, síntomas por compresión de vejiga o intestinal, como deseos de orinar frecuentemente, molestias intestinales y dolor al mantener relaciones sexuales, así como problemas de fertilidad.
 
 
Fuente: El Día – La Plata
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