Hoy en Revista Dosis

El Día Mundial de la Diabetes, instituido por iniciativa de la Federación Internacional de la Diabetes y la OMS, se celebra el 14 de noviembre para conmemorar el aniversario del nacimiento de Frederick Banting, quien, junto con Charles Best, tuvo un papel determinante en el descubrimiento en 1922 de la insulina, hormona que permite tratar a los diabéticos y hacer su vida saludable.

Un factor común que sucede en todas partes del mundo es alto índice de pacientes con diabetes que no logra cumplir con los objetivos que propone el profesional que los atiende. Esto se debe a varios factores pero fundamentalmente a dos.

Por un lado, desde el punto de vista del tratamiento médico, por lo general es muy poco el tiempo que se dispone para una consulta médica y esto dificulta una mirada integral del tratamiento y de los resultados obtenidos. Más tiempo dedicado al paciente es mayor conocimiento del paciente lo que permitiría ajustar y personalizar el tratamiento hacia la necesidad y requerimiento de cada persona en cada momento.

Por otro lado, existe un factor sociocultural, debido a que existen muchas presiones externas al paciente, del contexto social, que aumentan la resistencia al cambio de hábitos de las personas con diabetes hacia una vida más sana, menos sedentaria y con una alimentación balanceada. Constantemente hay una invasión de alimentos y costumbres que fomentan un alto consumo de productos azucarados y una pulsión hacia el estilo de vida sedentaria.

Se estima que del 70 al 80% de las personas con diabetes bajo tratamiento no logra alcanzar los objetivos planteados por el profesional. En los últimos Congresos mundiales se ha instalado el concepto de realizar una atención médica mediante un método integral para los pacientes con diabetes que incluya una mirada nutricional, psicológica, sociológica y deportiva. La integración de las diversas ramas médicas, aporta y detecta de qué manera el paciente se desenvuelve a diario, realiza tareas, cómo se comporta con su organismo para poder reducir el impacto negativo del medio ambiente sobre la enfermedad.

Del mismo modo, ese nuevo tratamiento integral debe realizar un balance equilibrado que permita optimizar el tratamiento farmacológico e incorporar los adelantos tecnológicos que ya están disponibles e ir preparando el terreno para los próximos que ya vendrán.

Según la OMS, actualmente hay en el mundo 422 millones de personas con diabetes. En Argentina, la diabetes afecta a 1 de cada 10 personas mayores a 18 años. Para mejorar la calidad de vida de los pacientes con diabetes y evitar que estas cifras sigan una tendencia creciente es de suma relevancia que el tratamiento este acompañado por un cuerpo médico integrado y que a su vez, el paciente lleve adelante hábitos saludables.

  • Actualmente hay 442 millones de personas que padecen diabetes

  • Es la causa del 5% del total de las muertes del mundo.

  • Más del 80% de las muertes por diabetes se registran en países de ingresos bajos y medios

  • La mitad de las muertes corresponden a personas de menos de 70 años y un 55% a mujeres.

  • 80% de los pacientes tiene diabetes tipo 2. Se monitorea menos en lo global.

  • La diabetes no se cura, se mejora el medio ambiente hostil donde se desarrolla.

  • En Argentina la Diabetes afecta a 1 de cada 10 argentinos mayores de 18 años

  • 45% de subdiagnóstico. Personas que portan la enfermedad y no lo saben.

  • Un paciente con diabetes tipo 1 recibe 10 mini agresiones hacia el cuerpo por día (monitoreo + pinchazo)

 

Publicado en Noticias
Miércoles, 01 Noviembre 2017 17:09

Ejercicio y vejez

Científicos del Instituto Leloir y de la UBA lo probaron en ratones; el trabajo se publicó en la tapa de la revista Cell Reports

 
 
Mostraron que durante el envejecimiento la actividad física no solo acelera la generación de nuevas neuronas, sino que promueve su conexión con los circuitos del hipocampo (un área vinculada con la memoria y el aprendizaje).

 

“Hasta ahora se sabían dos cosas -explica Alejandro Schinder, que lideró el equipo formado por Silvio Temprana, Jessica Sulkes-Cuevas, Karina Büttner y Cristina Monzón (del Instituto Leloir), y Paula Fontanet, Fernanda Ledda y Gustavo Paratcha (del Instituto de Biología Celular y Neurociencias, dependiente del Conicet y la UBA)-. Una es que con el envejecimiento disminuye la cantidad de neuronas que se generan en el hipocampo. La otra es que con el ejercicio aumenta la cantidad de neuronas en esa región del cerebro. Nosotros nos preguntamos si la calidad de esas nuevas células nerviosas es parecida a la del cerebro joven.”

Trabajando con roedores, los científicos registraron la curva de crecimiento de las células que se generaban en el cerebro de los ratones. “Lo primero que encontramos es que, durante el envejecimiento, las neuronas crecen mucho más lentamente y se mantienen desconectadas del circuito durante más tiempo. Estarían como «dormidas». Esto podría reflejar una incapacidad de las neuronas del cerebro envejecido para crecer y conectarse adecuadamente”, afirma en un comunicado del Instituto Leloir la primera autora del estudio, Mariela Trinchero.

“Vimos que tardan mucho más tiempo en desarrollarse que las de un animal joven -coincide Schinder-. Eso puede ocurrir porque son distintas o porque las características del cerebro están muy alteradas por la edad. El envejecimiento es el mayor factor de riesgo para las enfermedades neurodegenerativas y lo que se observa es que, si se crean nuevas neuronas, no se conectan eficientemente.”

En un segundo paso, los científicos se preguntaron si esto es modificable. Descubrieron que cuando ponían a los ratones a correr, las nuevas neuronas de animales sedentarios eran absolutamente diferentes de las de los individuos activos.

Al colocar rueditas en las jaulas, los ratones viejos llegaron a correr entre 10 y 20 km por día. Luego de tres semanas, las neuronas nuevas de ratones corredores se veían similares a las de ratones jóvenes, mientras que las neuronas de ratones viejos “sedentarios” estaban atrofiadas.

“Las de los inactivos tenían prolongaciones cortitas -subraya Schinder-. Pero las de los «corredores» eran iguales a las de un animal joven.” La foto de tapa de la revista Cell Reports, que acaba de publicar el trabajo, muestra una dendrita de un animal sedentario, casi sin conexiones, y la de uno activo, poblada de prolongaciones. La diferencia entre ambas fue absolutamente infrecuente, de un 400%.

Ya muchos trabajos sugerían que la actividad física tiene un efecto muy rápido, muy contundente y muy beneficioso en la plasticidad del cerebro envejecido. Para los investigadores, parte de esos efectos pueden atribuirse a factores neurotróficos (al medio ambiente) que decrecen con la edad.

“Si activamos las señales de factores neurotróficos sin actividad física, se registran cambios positivos -dice Schinder-. Si los ponemos a correr, pero les bloqueamos los factores neurotróficos, los efectos tampoco son los mismos.” Los investigadores también mostraron que si se coloca a los ratones en un ambiente enriquecido, en el que pueden explorar y mantenerse estimulados, no se obtienen efectos tan contundentes como con el ejercicio físico.

De acuerdo con el científico, el estudio es alentador porque muestra que incluso en la vejez existe una capacidad latente para el remodelado de circuitos neuronales.

“Estos resultados obtenidos en animales de laboratorio generan perspectivas sumamente interesantes en el mundo clínico -subraya-. Y se plantea una serie de preguntas. ¿Puede el ejercicio físico mejorar nuestra plasticidad cerebral y capacidad de aprendizaje durante el envejecimiento? ¿Puede el ejercicio demorar el inicio de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson, o mejorar la capacidad de reparar el daño que producen?”.

Y concluye: “Cuando hace dos mil años los romanos decían mens sana in corpore sano, evidentemente sabían muy bien de lo que estaban hablando”.

Fuente: La Nación

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