Hoy en Revista Dosis

Científicos del Laboratorio de Nanobiomateriales del Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI), perteneciente al CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), trabajan en la fabricación y bioimpresión 3D de apósitos para el tratamiento de úlceras de pie diabético. Buscan desarrollar un método sencillo, económico y más efectivo que los que existen actualmente. El objetivo final es que esté disponible en centros de salud, en particular, para pacientes de hospitales públicos.

La impresión 3D consiste en la fabricación de una estructura tridimensional, a partir de un diseño realizado previamente por computadora. A medida que el proceso de impresión avanza, el objeto va tomando forma a través de la unión y superposición de una capa del material elegido sobre otra. A veces, se requiere también una fase de pos-procesamiento. La bioimpresion 3D, en tanto, funciona de la misma manera pero utiliza como tinta material de origen biológico.
“El proyecto consiste en fabricar apósitos tridimensionales a medida, que sigan la forma de la úlcera. Por ahora, los parches que existen en el mercado son bidimensionales, es decir, un cuadrado liso que no sigue la forma y profundidad de la úlcera. El problema es que si entra en contacto con la piel sana, al ser tan sensible, puede verse afectada e incluso generar otra úlcera. Además, queremos colocarle ciertos aditivos como factores de crecimiento o antibióticos, que ayuden a la regeneración de la piel y el control de infecciones” –explica a TSS la bioingeniera Verónica Passamai, a cargo del desarrollo–.“Los beneficios son muy importantes: evitar amputaciones, salvar vidas y reducir los costos de la salud pública”, agrega.

El equipo se completa con los investigadores Guillermo Castro, director del Laboratorio de Nanomateriales; Vera Álvarez, codirectora del proyecto; y Sergio Katz, quien fabricó la bioimpresora 3D. Passamai comenzó a trabajar en impresión 3D vinculada al área de salud en 2013, cuando trabajaba para la empresa cordobesa Raomed en la fabricación de prótesis craneales. “Una gran ventaja de aplicar la tecnología 3D en salud es que los dispositivos siempre son diseñados a medida del paciente”, señala. Posteriormente, trabajó en el Centro de Tecnología de la Información Renato Archer en Campinas, Brasil, donde se dedicó a realizar modelados computacionales sobre la interacción entre biomateriales (llamados andamios o scaffolds) y células. El objetivo era simular el proceso de fabricación de órganos a partir de una bioimpresora 3D. Esta línea de investigación se encuentra en estado incipiente a nivel mundial porque el mayor problema que enfrentan los investigadores es cómo lograr la irrigación necesaria para obtener un órgano funcional.

La impresión 3D consiste en la fabricación de una estructura tridimensional, a partir de un diseño realizado previamente por computadora. A medida que el proceso de impresión avanza, el objeto va tomando forma a través de la unión y superposición de una capa del material elegido sobre otra. A veces, se requiere también una fase de pos-procesamiento. La bioimpresion 3D, en tanto, funciona de la misma manera pero utiliza como tinta material de origen biológico.

En el caso de los apósitos para pie diabético, los investigadores trabajan con biopolímeros de origen vegetal, como pectinas, celulosa y alginato. Con esos materiales, elaboran la biotinta que se coloca en jeringas para utilizar en la bioimpresora 3D. “Por ahora, estamos trabajando en la base de los parches, pero la idea es hacer pruebas a partir de la colocación de aditivos que faciliten la regeneración de la piel, como medicamentos, factores de crecimiento e incluso nanopartículas de plata, que tienen acción bactericida”, afirma Passamai.

El tratamiento funcionaría así: primero se realiza un escaneo 3D de la úlcera del paciente, para obtener la forma y profundidad de la misma. Luego, se envía el diseño a la impresora y se coloca la biotinta previamente preparada. Si bien el tamaño de las úlceras varía, en general los parches serán estructuras pequeñas, de unos dos centímetros de altura aproximadamente, por lo que se estima que en unos diez minutos el apósito ya esté impreso y listo para pasar a la fase de pos-procesamiento, que podría llevar uno o dos días. “La idea es que en los hospitales pueda estar instalada la bioimpresora y que el personal se capacite para utilizarla y fabricar los apósitos ellos mismos”, indica la investigadora.

En este sentido, Passamai destaca que para que las personas que necesitan de este desarrollo efectivamente puedan acceder al mismo “es indispensable el apoyo del Estado a las áreas de ciencia y salud, tanto para el desarrollo del tratamiento como para su posterior aplicación en hospitales y centros de salud. En el CINDEFI hace tiempo que se siente la crisis y siempre tratamos de economizar al máximo los recursos que tenemos, porque no sabemos cuándo van a llegar los nuevos”.

Los próximos pasos tienen que ver con la realización de estudios físico-quimicos para luego ir agregando los diferentes aditivos, analizar la acción farmacológica en las células y la citotoxicidad del material. Passamai aclara que quedan varios años de desarrollo por delante antes de pasar a pruebas clínicas. También apunta que las regulaciones para hacer este tipo de ensayos son muy estrictas e implican mucha burocracia de por medio. “Todavía no sabemos con qué institución vamos a hacer las pruebas porque es muy pronto, pero queremos empezar a establecer vínculos. Para que este tipo de tratamientos sea eficaz es muy importante el trabajo interdisciplinario junto con médicos de diversas especialidades y que los pacientes puedan acceder a un tratamiento preventivo de forma temprana y adecuada”, concluye.

Fuente Agencia TSS / COFA

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Recibieron un premio en el marco de una jornada científica de la entidad por un trabajo en el área de la nanotecnología con fines terapéuticos.

Un equipo de científicos platenses, la mayoría miembros del CONICET La Plata, fue galardonado por la Academia Nacional de Bioquímica y Farmacia (ANFyB) en el marco de una jornada científica que tuvo lugar en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) sobre el uso racional de antibióticos. El reconocimiento fue para un trabajo en colaboración que llevaron adelante investigadores y becarios del CONICET en el Laboratorio de Nanobiomateriales del Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI, CONICET-UNLP) y el Laboratorio de Investigación y Desarrollo de Bioactivos (LIDeB) de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (FCE, UNLP).

La iniciativa, galardonada con el Premio Jornada Científica ANFyB-Sección Ciencias Farmacéuticas 2017, lleva como título “Estrategias basadas en micro y nanopartículas híbridas para aumentar la biodisponibilidad de antibióticos en infecciones pulmonares de difícil erradicación” y se enmarca en el área de la nanotecnología. “La idea general del proyecto es encapsular las drogas utilizadas para el tratamiento de la fibrosis quística con la finalidad de mejorar su biodisponibilidad en el pulmón, esto es que se localicen preferentemente en ese órgano, que es donde ejercerían su efecto terapéutico”, explicó Alan Talevi, investigador del CONICET en la FCE y uno de los autores del trabajo premiado.

Además de Talevi, son autores del proyecto los investigadores del CONICET en el CINDEFI Germán Islán y Guillermo Castro; la investigadora del CONICET en la FCE María Esperanza Ruiz; el becario del CONICET en la FCE Juan Francisco Morales; y los profesionales de la UNLP María Laura Sbaraglini, Luis Bruno-Blanch, Sebastián Scioli Montoto y Nelson Durán.

Fuente: CONICET /COFA

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La herramienta informática de los investigadores del Instituto Leloir y del CONICET es de libre acceso y permite obtener información sobre regiones de esas moléculas que cumplen un rol relevante en cáncer, infecciones virales y múltiples procesos biológicos.
 
 
Un nuevo software desarrollado por bioinformáticos de la Fundación Instituto Leloir (FIL), bautizado MISTIC2, permite generar información relevante sobre la estructura y la función de familias de proteínas asociadas con enfermedades y otros procesos biológicos.“Nuestra herramienta facilitará el estudio de proteínas, algunas de ellas asociadas a diferentes tipos de tumores, infecciones virales y otras patologías”, indicó a la Agencia CyTA-Leloir la líder del proyecto, la doctora Cristina Marino-Buslje, jefa del Laboratorio de Bioinformática Estructural de la FIL e investigadora del CONICET.MISTIC2 es una versión actualizada de MISTIC, una herramienta web también desarrollada por el equipo y que, desde 2013, ha procesado 18.000 trabajos de todo el mundo y ha sido citado en 68 trabajos científicos.

 

La actual versión (accesible en mistic2.leloir.org.ar) – cuyo desarrollo contó con el apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica que depende de la cartera de ciencia- incorpora nuevas tecnologías, es interactiva y mejora el rendimiento, la compatibilidad y la experiencia de los investigadores que decidan emplearla en su campo de estudio, puntualizó Marino-Buslje.

“Los científicos pueden cargar en nuestro software los datos que arrojan sus experimentos para poder acceder a diferentes cálculos y posibilidades. Por ejemplo, la visualización en 3D de las proteínas, su secuencia de aminoácidos, otras proteínas que podrían tener funciones similares, la importancia de ciertas regiones, y otros datos”, señaló Marino.

El flamante software, descrito en la revista “Nucleic Acids Research”, es simple y puede ser empleado por un amplio espectro de científicos que no son del campo de la bioinformática. “La herramienta es esencial para explorar la evolución de familias de proteínas y puede ser útil en la generación de hipótesis biológicas y guiar el diseño racional de experimentos para lograr resultados con menos costo y en menor tiempo.”, destacó Marino-Buslje, cuyo laboratorio participa de un consorcio internacional de científicos que recibió el subsidio más grande de la Unión Europea para investigaciones básicas.

Para crear MISTIC2, el equipo de trabajo integrado por el magister Eloy Colell y los doctores Javier Iserte y Franco Simonetti han tenido que desarrollar una serie de algoritmos.

“En nuestro laboratorio nos planteamos y apasionamos con preguntas biológicas e intentamos resolverlas con las técnicas y software que existen”, contó Marino-Busjle. Y agregó: “Si no están, las creamos”.

Fuente:

Agencia CyTA Instituto Leloir 
/ COFA
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Hicieron los ensayos con residuos del mate y comprobaron la inhibición del crecimiento de dos bacterias perjudiciales para la salud humana

 
 
Economizar procesos sin generar contaminación, a la vez que reducir, eliminar o reutilizar los residuos del ambiente. Ese es el sentido de la denominada química sustentable o “verde”, orientada a buscar nuevas formas de síntesis de materiales cuidando la ecología y la salud de los seres vivos. En esa búsqueda traza sus líneas de investigación un grupo de científicos del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencias Aplicadas “Dr. Jorge J. Ronco” (CINDECA, CONICET-UNLP-CICPBA), cuyo último trabajo versa sobre la obtención de una sustancia antimicrobiana a partir de la yerba. La novedad acaba de publicarse en Waste and Biomass Valorization.

 

Como la idea no era utilizar el alimento, se empleó para esta investigación el residuo del mate, es decir, la yerba usada o “lavada”, como comúnmente se la llama. Para tener todos los parámetros bajo control, se simuló en el laboratorio una cebada completa de la popular infusión. Lo primero fue moler el producto para reducir su tamaño. “Dejamos 10 gramos en un recipiente con 100 mililitros de agua a 70 grados centígrados durante 30 minutos, el tiempo estimado de una ronda”, cuenta Romina Arreche, becaria posdoctoral del CONICET y primera autora del trabajo.

De ese tratamiento se separó un extracto líquido verdoso filtrado rico en las sustancias bioactivas de la yerba –que consiste en lo que se bebe del mate– y, por otro lado, el residuo sólido equivalente al que se tira a la basura luego de tomar, que fue utilizado para realizar una segunda extracción en las mismas condiciones. “Luego de este otro procedimiento, se obtuvo una solución de color verde más clara pero que aún así conservaba los compuestos del producto que nos interesaban, como vitaminas, minerales y antioxidantes”, agrega Arreche.

A su vez, esa sustancia fue puesta en contacto con un elemento químico que se llama sal de plata, derivado del metal que lleva en su nombre, y que posee conocidas propiedades antimicrobianas, es decir que inhibe el desarrollo de virus, bacterias y hongos. Durante 24 horas, Arreche monitoreó lo que iba sucediendo en esa interacción: la formación de nanopartículas de plata. Al cabo de un día, el proceso se estabilizó y la solución resultante fue almacenada en refrigeración para luego estudiar sus atributos. Cabe aclarar que las nanopartículas obtenidas midieron entre 10 y 80 nanómetros, unidad de medida que equivale a la mil millonésima parte de un metro, y tenían diferentes formas aunque la mayoría eran esféricas.

Paso siguiente, la solución obtenida fue utilizada como medio de cultivo para dos bacterias que pueden ser muy perjudiciales: Escherichia coli, que normalmente habita el intestino del humano y algunos animales pero que posee algunas cepas nocivas para la salud; y Staphylococcus aureus, en general responsable de causar infecciones en la piel. Lo que sucedió fue que ninguna de las dos pudo reproducirse normalmente. Más aún: la inhibición de los microorganismos patógenos se logró con una concentración bajísima de nanopartículas.

“Las propiedades antimicrobianas de la plata se conocen desde hace mucho tiempo, y de hecho hay numerosas investigaciones que prueban la obtención de sus nanopartículas a partir de extractos, pero ninguna lo había hecho con yerba”, relata Patricia Vázquez, investigadora principal del CONICET y referente del grupo de química verde del CINDECA, y continúa: “La idea fue precisamente acudir a un producto de altísimo consumo y cuyo residuo se tira de a toneladas, es decir que es muy fácil de conseguir sin costo alguno”.

Según el Instituto Nacional de Yerba Mate, en el país se producen unas 250 mil toneladas por año, y el consumo ronda los 6 kilos por habitante en el mismo período. Para este trabajo, se experimentó con dos marcas comerciales muy conocidas en la región, y en ambos casos los resultados fueron exitosos. Cabe mencionar que los mismos se llevaron adelante en el Laboratorio Nacional de Nanotecnología del Centro Nacional de Alta Tecnología (LANOTEC, CENAT), en Costa Rica, durante una estadía de Arreche en ese país.

Las científicas aventuran posibles aplicaciones del producto antimicrobiano en telas y pinturas, para lo cual será necesario avanzar en las investigaciones con científicos de otras áreas disciplinares, y lo mismo con un eventual uso en productos relacionados con la salud humana. “De repente se puede pensar, por ejemplo, en la utilidad que tendría incluir estas nanopartículas en la confección de camisones o sábanas de hospitales, o en revestimientos para las paredes de un jardín de infantes”, concluyen.

Fuente: CONICET / COFA

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Como resultado de un trabajo interdisciplinario, científicos del CONICET Mar del Plata y de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), en conjunto con investigadores del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos de la Universidad de Castilla (IREC) de España, desarrollaron una primera versión de un software para medir la movilidad de los espermatozoides. Este trabajo fue publicado, recientemente, en la reconocida revista internacional “Reproduction”.

El equipo conformado por ingenieros, matemáticos, biólogos, biotecnólogos y veterinarios desarrolló el “Sperm Motility Tracker”, un software de código abierto que permite analizar la motilidad de los espermatozoides, a partir de videos adquiridos mediante un microscopio con contraste de fase.

Los espermatozoides de la mayoría de las especies son células que requieren de un movimiento para alcanzar al ovocito y fecundarlo, y así, dar lugar a la formación de un nuevo individuo. En la medicina reproductiva como en la agroindustria, el análisis de la movilidad de los espermatozoides es uno de los parámetros más importantes para medir la fertilidad masculina y la calidad seminal, así como también, para preservar animales de alto valor genético.

El “Sperm Motility Tracker”, es capaz de detectar numerosas células en movimiento de manera simultánea, siguiendo la trayectoria del movimiento individual de 120 células aun cuando se entrecrucen o solapen. Como resultado del proceso se obtiene un análisis completo de la movilidad espermática.

En la actualidad, este análisis se realiza a través de una evaluación subjetiva o mediante sistemas comerciales de análisis computarizado (Computer Assisted Semen Analysis – CASA). “Los sistemas CASA son costosos de adquirir en nuestro país y en la región, sumado a que requieren una actualización constante. Este nuevo software permitirá que muchos laboratorios e institutos puedan disponer de una herramienta con las mismas prestaciones, de libre distribución y sin costo”, indica Andreina Cesari, investigadora independiente del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB, CONICET – UNMDP).

Para el desarrollo del sistema, científicos del Laboratorio de Procesamiento de Imágenes del Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas en Electrónica (ICYTE, CONICET – UNMDP), han realizado un trabajo de oclusión que permite captar el movimiento de estas células móviles, como así también, la posibilidad de adaptarse a diferentes tipos de organismos como las bacterias. Por su parte, miembros del IIB fueron los responsables de validar, manualmente, la calidad de detección del movimiento para luego, contrastarlo con un sistema CASA Comercial en el IREC de España.

“Al tratarse de un software parametrizable, el sistema podrá adaptarse a situaciones particulares. Se podrá aplicar la herramienta al esperma humano, de ganado y a una amplia variedad de especies como peces de cultivos, zánganos, toros, caballos, entre otros”, explica Cesari y agrega “no sólo se podrá detectar su impacto en la reproducción sino como potencial biosensor de la toxicidad ambiental. El espermatozoide es un tipo celular susceptible a los cambios del ambiente”.

Los científicos que participaron en el desarrollo de este software son Andreina Cesari y Lucía Salazar, becaria posdoctoral del IIB, junto a Micaela Greco, becaria doctoral de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCYT), con lugar de trabajo en el Instituto. También, formaron parte Juan Pastore, investigador adjunto, y Francisco Buchelly Imbachi, becario doctoral, ambos pertenecientes al ICYTE, y Virginia Ballarin, directora del Laboratorio de Procesamiento de Imágenes. Por parte de la IREC, participaron María Iniesta Cuerda, Julián Garde y Josefa Soler.

Fuente: CONICET

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Científicos del CONICET detectaron en sangre de pacientes con histiocitosis de células de Langerhans la presencia de un tipo celular que podría usarse para diagnosticar y pronosticar esta enfermedad principalmente pediátrica que afecta anualmente a entre 40 y 60 pacientes en la Argentina, y que mundialmente tiene una prevalencia de 1/100 mil nacidos vivos.

Los investigadores observaron que los pacientes con esta enfermedad activa, tenían muy aumentada en la sangre una fracción de células mieloides –monocitos, células dendríticas y macrófagos- y detectaron, también, la expresión de marcadores CD207 y CD1a que no es habitual que se encuentren en sangre circulante, por lo que podría corresponder a precursores de las células de Langerhans malfuncionantes que se ven en la enfermedad.

“La distribución de células que observamos es muy diferente en un paciente con enfermedad activa que en un paciente en remisión y cuando hay un fenotipo tan marcado, te da la pauta de que ahí hay mucho para estudiar”, explica Andrea Errasti, investigadora adjunta del CONICET en el Instituto de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. La directora del trabajo, publicado en la revista Blood, de la Asociación Américana de Hematología, confía en que “podría postularse a la presencia de estas células en sangre como un posible marcador específico de la actividad de esta enfermedad”.

De protectores a invasores

La histiocitosis de células de Langerhans es una enfermedad rara, principalmente pediátrica, que afecta a células inmunológicas de la piel, -las células de Langerhans-. Las células anómalas atacan e invaden a otros órganos o tejidos del paciente. El origen de esa invasión anómala por células del sistema inmunológico no está claro, “algunos investigadores proponen que ocurre una transformación maligna de estas células que hace que ‘viajen’ desde la dermis a otros sitios. Otros proponen que son originados en la médula ósea y en el camino se “pierden” con ciertos estímulos y en lugar de ir a la piel ‘viajan’ a otros lugares”.

Hasta el momento para confirmar el diagnóstico de la enfermedad se realiza una biopsia de los órganos afectados, y mediante el análisis inmunohistoquímico se detecta la presencia de los marcadores CD1a y langerina (CD-207), producidos por las células de Langerhans de la piel. En este trabajo que presentaron los científicos, la búsqueda fue mediante anticuerpos contra esas proteínas y se analizaron todas los compartimientos inmunes de la sangre – células mieloides y células linfoide, en los pacientes de Diego Rosso, médico pediatra del Hospital de Niños Pedro de Elizalde y Hospital de Clínicas José de San Martín, referente en esta patología e investigador adjunto del CONICET.

Si se pudiera lograr una detección de los precursores celulares CD1a/CD207 por análisis de sangre se facilitaría la tarea, ya que con el sobrante de los análisis de rutina que se le practican a estos pacientes, es suficiente y podría ser usado como marcador diagnóstico, para observar su evolución durante el tratamiento, o para anticiparse a las reactivaciones de la enfermedad.

“Este trabajo es una foto de lo que estaba ocurriendo en un momento determinado de cada uno de los 22 pacientes. Sin embargo, nuestro próximo paso es hacer un trabajo exhaustivo sobre qué pasa con estas células CD1a/CD207 en circulación durante la evolución de cada paciente, además como se modifican o responden a los tratamientos disponibles en la actualidad.”

Sobre investigación:

Eugenio Antonio Carrera Silva. Investigador adjunto. Instituto de Medicina Experimental (IMEX, CONICET-ANM-BA)

Wanda Nowak. Instituto de Farmacología (FMed-UBA).

Licina Tessone. Instituto de Farmacología (FMed-UBA).

Cinthia Mariel Olexen. Becaria doctoral ANPCYT (IMEX, CONICET-ANM-BA).

Juan Manuel Ortiz Wilczyñski. Becario doctoral. (IMEX, CONICET-ANM-BA)

Ivana Gisele Estecho. Instituto de Farmacología (FMed-UBA).

Graciela Elena. Hospital de Niños Pedro de Elizalde. Buenos Aires.

Andrea Emilse Errasti. Investigadora adjunta. Instituto de Farmacología (FMed- UBA).

Diego Alfredo Rosso, investigador adjunto. Instituto de Farmacología (FMed UBA). Hospital de Niños Pedro de Elizalde y Hospital de Clínicas José de San Martín.

Fuente: CONICET

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El año pasado, esos docentes investigadores con formación doctoral habían quedado seleccionados pero no habían sido incorporados a la carrera de investigador del organismo.

La cantidad de investigadores seleccionados pero no incorporados a las carreras del Conicet asciende a 390. De ese total, 340 serán incorporados a 42 universidades públicas nacionales como docentes investigadores con dedicación exclusiva, mientras que los 50 restantes “aún no acordaron su ingreso a ninguna universidad”, informó el ministerio de Educación.

El año pasado, esos docentes investigadores con formación doctoral habían sido seleccionados y, su selección, aprobada y recomendada por el Conicet, pero no habían sido incorporados a la carrera de investigador del organismo.

El Ministerio precisó que a través de la Secretaría de Políticas Universitarias “aportará el financiamiento para la creación de cargos o el incremento de las dedicaciones necesarias para la incorporación a las universidades de esos doctores”.

El 33 % de los investigadores fueron incorporados a universidades de la región metropolitana, el 28% a la bonaerense, el 18% a la región centro del país, el 8% a Nuevo Cuyo, el 6% al NOA, el 4% al sur y el 3% al NEA.

En tanto, de los 340 investigadores que se incorporarán a las universidades, el 25% corresponden al área de las Ciencias Naturales y Exactas, el 23 a las Ciencias Sociales, el 20 a las Agrícolas y Ambientales, el 17 a las Humanas, el 11 a las Ingenierías y Tecnologías y el 5 a las Ciencias Médicas y de la Salud.

El conflicto se inició a fines del año pasado cuando el Conicet decidió que la mitad de los investigadores que habían sido aprobados para ingresar a la carrera de doctorado dentro de ese organismo no lo iban a hacer por una cuestión presupuestaria.

En medio de las disputas a lo largo de este año, el Ministerio de Ciencia y Técnica y el de Educación acordaron que ingresen a las universidades, aunque los gremios pedían que se mantenga la estabilidad laboral y la equivalencia salarial con el Conicet.

Los becarios mantenían la inquietud a raíz que esas becas vencían en diciembre y aún no habían formado los contratos con las universidades y corría riesgo de no percibir becas ni contratos entre enero y abril.

Fuente: Agencia Télam

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Utilizará la quimioterapia habitual y sumará el uso de dos drogas, una de las cuales se encuentra en proceso de aprobación por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), y el otro es utilizado para tratar afecciones cardíacas.

 

“Estas dos drogas se administran por vía oral y prácticamente no tienen toxicidad, incluso si el paciente no responde al tratamiento tradicional podrá seguir recibiendo las dos drogas”, indicó Graciela Scharovsky, investigadora principal del Conicet y directora del equipo.

Viviana Rozados, también integrante del equipo investigador, señaló que “si bien no es un número de casos muy elevado, de acuerdo a los resultados que obtengamos podemos plantear nuevos proyectos que permitan aumentar el número de personas tratadas”.

En este proyecto, el equipo de la Facultad de Ciencias Médicas trabajará en colaboración con investigadores de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas y con oncólogos del Hospital Provincial del Centenario, conformando un grupo interdisciplinario y multiinstitucional.

El nuevo protocolo que aplicarán forma parte de una línea de investigación sobre quimioterapia metronómica y reposicionamiento de fármacos que el equipo de Scharovsky viene desarrollando desde hace más de quince años.

La quimioterapia metronómica consiste en la administración de drogas de uso común en el tratamiento del cáncer, a intervalos regulares, en forma crónica y sin períodos prolongados de descanso, pero en dosis mucho más bajas que las indicadas normalmente.

Este tipo de quimioterapia tiene el doble beneficio de no causar efectos secundarios debido a la baja toxicidad de las dosis y, por otro lado, de impedir que las células malignas proliferen por ser administrada crónicamente.

Fuente: Presidencia de la Nación

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Miércoles, 20 Septiembre 2017 14:31

Encuentran mensajes subliminales en los genes

El descubrimiento de los genes, seguido del estudio de su estructura y funcionamiento fueron hitos científicos que dieron paso a la posibilidad de manipular organismos vivos, ni más ni menos que el origen de la biotecnología moderna, de la década de 1980 en adelante. Lejos de alcanzar un techo, la investigación en este campo se profundiza todo el tiempo y cada hallazgo redunda en un nuevo aporte para combatir enfermedades, mejorar cultivos, generar fármacos, y más. Precisamente éste es el caso de dos artículos publicados en marzo pasado en las revistas PeerJ y BMC Genomics bajo la autoría de científicos del CONICET La Plata en el Centro Regional de Estudios Genómicos (CREG, UNLP).

 

La novedad da cuenta de un nivel mayor de complejidad en un conjunto de procesos encadenados ya de por sí muy preciso. Los genes guardan en unidades llamadas codones la información de la secuencia de aminoácidos necesaria para que cada organismo sintetice -es decir fabrique- las proteínas, los elementos que ejecutan las tareas dentro de las células. Los encargados de leer esos datos son los ribosomas, que a través de un proceso denominado traducción, interpretan cada uno de los codones como un aminoácido que van colocando de a uno en la punta de la proteína que se está construyendo, como si fueran cuentas de un collar.

Durante la traducción, además, la proteína se va plegando en una estructura tridimensional que determinará su función en la célula, y en este sentido la velocidad con que los aminoácidos son agregados por el ribosoma resulta crucial. Es aquí donde entran en juego los mensajes subliminales de los que tratan los artículos, descubiertos dentro de la información secuencial de aminoácidos, y que servirían para indicarle al ribosoma cuán rápido o despacio debe ir sintetizando la proteína. “El ritmo con que lo haga repercutirá directamente en la estructura tridimensional y consecuentemente en la función que desempeñe”, cuenta Luis Diambra, investigador independiente del CONICET y responsable de ambos trabajos.

El primer estudio se llevó adelante con los genomas de nueve organismos diferentes, entre ellos bacterias, mamíferos, insectos y plantas. “Observamos cómo se da la traducción en proteínas muy abundantes, que podrían tener como requisito un tránsito rápido del ribosoma, y en otras de menor presencia, que no precisarían esa velocidad”, señala Diambra. La conclusión obtenida también tiene que ver con la forma en que es codificado ese ritmo, que no sería a través de un solo codón sino de a pares.

“Al ser estos mensajes determinantes para las funciones de las proteínas, podría suceder que algunas se plegaran mal debido a errores en el ritmo de síntesis”, explica el científico dando pie al segundo trabajo publicado, esta vez en coautoría con Cristina Mc Carthy y Alejandra Carrea, investigadora adjunta y becaria posdoctoral (al momento de la publicación) del CONICET en el CREG. Si por una mutación genética se alterara la velocidad de lectura del ribosoma y lo hiciera rápido cuando tiene que ser lento o viceversa, la proteína formada arrastraría una disfunción que a su vez podría predisponer al organismo a desarrollar alguna patología. “Desde este punto de vista, incluso las mutaciones llamadas silenciosas, en las que no cambia el aminoácido, tendrían un rol importante en las enfermedades genéticas”, apunta Diambra.

Cabe resaltar que entre los motivos que pueden llevar a una mutación a provocar una enfermedad figura, precisamente, un cambio en el ritmo de los ribosomas. Entonces, de una extensa lista de condiciones clínicas disponible en un banco de datos genómicos, el equipo buscó aquellas en los que la velocidad de lectura estaba alterada. Si el desajuste era muy grande, le atribuían la causa del desarrollo de la enfermedad.

Esquizofrenia, celiaquía, osteoporosis, cáncer de colon y de cuello de útero, asma, Alzheimer, e incluso otras cuestiones como longevidad y resistencia a ciertos medicamentos fueron algunas de las condiciones clínicas asociadas a mutaciones silenciosas que los expertos analizaron minuciosamente y podrían ser causadas por cambios en el ritmo de síntesis. “Nuestra investigación acerca una hipótesis interesante de por qué estas mutaciones serían responsables de rasgos patológicos. Pero además, este conocimiento permitirá perfeccionar las técnicas actuales para codificar proteínas recombinantes, que son aquellas que se expresan en un organismo o especie diferente al que pertenece originalmente”, concluye Diambra.

Fuente:

CONICET 
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Un grupo de científicos rosarinos liderado por Sara Feldman, investigadora independiente del CONICET, participó en un trabajo multidisciplinario de ingeniería de tejidos, en el que se desarrolló y aplicó en un modelo in vivo – es decir en seres vivos – un gel biodegradable que promueve la reconstrucción de tejido óseo y que podría reemplazar a las prótesis tradicionales en algunos tipos de lesiones.Los resultados de este trabajo realizado en colaboración con investigadores del Instituto Bioforge de la Universidad de Valladolid, España, de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI) dependiente del CONICET, y de la Facultad de Odontología de la Universidad de Ribeirão Preto, Brasil, fueron publicados en la revista Tissue Engineering.
 
El equipo aplicó el gel biodegradable en un modelo de lesión experimental en conejos. Luego de 90 días se demostró que este material había promovido la formación de un tejido de constitución y apariencia muy similar a la estructura ósea original en el lugar de la lesión.
El gel fue sintetizado mediante técnicas de biología molecular y entre sus componentes tiene derivados de la elastina natural, secuencias para proteínas de adhesión celular y de una proteína llamada BMP-2 que promueve el desarrollo óseo.
Una de las características llamativas de este gel es que, a la inversa de las gelatinas más conocidas, se encuentra en estado líquido a bajas temperaturas y gelifica cuando sobrepasa los cuatro grados centígrados. Esta particularidad hizo que el equipo del Laboratorio de Biología Osteoarticular, Ingeniería Tisular y Terapias Emergentes (Laboatem) tuviera que desarrollar técnicas quirúrgicas especiales para poder aplicarlo.
“Además de las condiciones de esterilidad necesarias para cualquier cirugía, tuvimos que trabajar todo en frío, incluso el instrumental, para que la matriz permaneciera en estado líquido hasta que la colocáramos en la lesión y comenzara a gelificar con la temperatura del cuerpo”, describió la investigadora, quien dirige el Laboatem de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.
Los científicos testearon el material biodegradable en un tipo de lesión femoral donde si no se coloca un implante se genera un tejido fibrosado estructural y funcionalmente muy diferente del original. Con la aplicación del gel a los pocos días de la cirugía los conejos ya tenían una marcha semejante a la habitual lo que significa que no había procesos inflamatorios ni rechazos. Los estudios se complementaron con análisis bioquímicos a lo largo de todo el periodo de estudio y en ningún momento se observó algún parámetro alterado.
“Hicimos los estudios tomográficos con reconstrucción tridimensional de los huesos y observamos que las lesiones estaban reparadas, con una superficie cortical casi regenerada, y nos costaba discriminar a simple vista el lugar del implante. Además, a través de los estudios histológicos encontramos zonas de calcificación y osteoblastos, características del tejido óseo”, detalla Feldman.
Una vez que el material se inserta en la lesión comienza a promover la proliferación de las células que lo rodean, éstas colonizan el tejido y forman una matriz extracelular semejante al hueso. A medida que el material va cumpliendo su función se degrada y desaparece al final del proceso.
Según explicó Feldman este tipo de geles son matrices de tercera generación. Las de primera generación son los implantes de huesos; las de segunda generación son las prótesis metálicas que reciben diversos tipos de tratamiento para evitar que el cuerpo las rechace, y las matrices derivadas de productos naturales. Se denomina de tercera generación a aquellas matrices que son temporales, biodegradables, no son tóxicas para las células y pretenden generar el tejido en condiciones lo más similares al tejido original faltante.
“Con las pruebas que hicimos pudimos realmente analizar la viabilidad de esta matriz de tercera generación en un modelo in vivo que es distinto a estudiarlo in vitro – en células en cultivo – porque permite observar si hay efectos secundarios indeseables, si se adapta al tejido circundante y si genera algún tipo de rechazo inmunológico”, señala Feldman y concluye “estudios como estos muestran que la ingeniería de tejidos ya no es una utopía, sino que se pueden brindar respuestas para reparaciones in vivo”.
 
 
Fuente: CONICET
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