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Investigaciones anteriores han demostrado que la vacuna del bacilo Calmette-Guerin (BCG), utilizada para prevenir la tuberculosis, puede reducir los niveles de azúcar en la sangre en personas con diabetes tipo 1 avanzada a largo plazo. La nueva investigación que se presenta en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD, por sus siglas en inglés), que se celebra en Berlín, Alemania, revela el mecanismo a través del cual la vacuna puede hacer cambios beneficiosos y duraderos en el sistema inmunológico y disminuir los niveles de azúcar en la sangre.

Los nuevos hallazgos sugieren que el desequilibrio inmune-metabólico en la diabetes tipo 1 podría deberse a muy pocas exposiciones microbianas (es decir, gérmenes) que se han eliminado en los entornos más estériles de hoy, y que la reintroducción de una bacteria (BCG) podría restablecer las funciones metabólicas anormales e impulsar el sistema inmunológico para consumir azúcar y reducir los niveles de glucosa en la sangre con el tiempo.

“Durante mucho tiempo se ha creído que el movimiento hacia entornos más limpios y más urbanos está involucrado no solo en cómo se desarrolla la diabetes tipo 1, sino en el incremento de la incidencia de la enfermedad”, explica el director del estudio, el doctor Faustman, director del Laboratorio de Inmunobiología del Hospital General de Massachusetts.

“En particular, la exposición reducida a ciertos microbios, la consecuencia de un mejor saneamiento, un mayor uso de antibióticos, familias más pequeñas, casas más limpias, menos exposiciones diarias al suelo y una menor exposición a animales domesticados, parece haber cambiado la función metabólica moderna”, señala.

La vacuna BCG, basada en una cepa inofensiva de bacterias relacionada con la que causa la tuberculosis, parece tener el efecto de imitar con seguridad las exposiciones microbianas que las sociedades modernas han perdido. En un ensayo aleatorizado de fase 1 anterior, dos inyecciones de la vacuna BCG con dos semanas de diferencia redujeron el nivel promedio de azúcar en la sangre a niveles casi normales en tres años en personas con diabetes tipo 1 avanzada, una mejora que se mantuvo durante cinco años más.

Cambios en la forma de consumo de glucosa por el cuerpo

Faustman y sus colegas del Hospital General de Massachusetts en Estados Unidos también identificaron que la vacuna BCG utiliza un mecanismo novedoso para cambiar la forma en que el cuerpo consume la glucosa, desde la fosforilación oxidativa (la vía más común por la cual las células convierten la glucosa en energía) a la glucólisis aeróbica, un estado que acelera el ritmo en que las células convierten la glucosa en energía, lo que lleva a reducir los niveles de azúcar en la sangre con el tiempo.

Estos nuevos hallazgos muestran que los diabéticos tipo 1 tienen un metabolismo consistente con menos exposición microbiana. Como resultado, los pacientes diabéticos tipo 1 tienen glóbulos blancos que utilizan un nivel mínimo de azúcar en la sangre en comparación con los sujetos control que no son diabéticos. La exposición de los pacientes a los microbios en la vacuna BCG parece dar lugar a que los glóbulos blancos utilicen más azúcar en la sangre al aumentar la glucólisis aeróbica.

“BCG es un organismo que necesita muchas fuentes de energía. Vive dentro de los glóbulos blancos y eleva la utilización del azúcar”, explica Faustman. Los hallazgos apoyan la hipótesis de higiene que sugiere que la exposición temprana a microbios que promueven la glucólisis aeróbica es realmente beneficiosa para el desarrollo del sistema inmunológico y es un importante factor determinante de la sensibilidad a enfermedades autoinmunes como la diabetes tipo 1.

“Las vacunas de BGC, como la tuberculosis en sí, convierten un sistema linfático deprimido deficiente en la utilización del azúcar en un proceso altamente eficiente, una restauración similar a la de los sujetos normales sin diabetes”, subraya Faustman.

“Nuestro descubrimiento de que los pacientes diabéticos tipo 1 tienen muy poca utilización de azúcar linfoide abre la puerta a más ensayos clínicos con la vacuna BCG, incluso en la diabetes tipo 1 avanzada, para reducir permanentemente el azúcar en la sangre con el potencial de disminuir la enfermedad y la mortalidad asociadas con esta enfermedad”, concluye.

Los autores señalan algunas limitaciones, incluido el hecho de que es un estudio pequeño y temprano, y que está en marcha un gran ensayo de cinco años de fase 2 con 150 sujetos diabéticos tipo 1 aprobado por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos para evaluar si la vacuna BCG de repetición puede mejorar clínicamente la diabetes tipo 1 en adultos con enfermedad existente.

Fuente: Europa Press / COFA

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La industria del azúcar ha ocultado durante alrededor de 50 años estudios que sugerían los efectos negativos que la sacarosa tiene en la salud mediante pruebas con animales, según una investigación desvelada por la publicación especializada PLOS Biology.
El trabajo desarrollado por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) revisó documentos internos del sector y descubrió que la Sugar Research Foundation (SRF) había financiado estudios con animales para evaluar los efectos de la sacarosa que fueron cancelados ante los indicios que la relacionaban con el cáncer de vejiga.
En documentos analizados previamente, el grupo de investigadores averiguó que la SRF había sufragado un artículo en 1967 que reducía la importancia de las pruebas que vinculaban el consumo del azúcar con las enfermedades de la arteria coronaria.
Esa pieza, subvencionada por la industria, apostaba por los microbios intestinales para explicar por qué las ratas que consumían azúcar tenían niveles de colesterol superiores a las que tomaban almidón, pero rechazaba que fuese extrapolable a los humanos.
La entonces SRF cambió su nombre a ISRF (International Sugar Research Foundation) en 1968, año en el que iniciaron un proyecto de estudio con ratas para comparar los efectos nutricionales del consumo de azúcar con los del almidón, según un comunicado publicado en la revista PLOS Biology.
La investigación, también financiada por ISRF, la desarrolló un equipo de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) que señaló los efectos cardiovasculares adversos del azúcar, así como indicios de un incremento de los riesgos de cáncer de vejiga para concluir que el almidón y la sacarosa tienen efectos diferentes.
ISRF reconoció que era una de las primeras demostraciones de que tenían consecuencias biológicas distintas en ratas, pero poco antes de que el estudio finalizase optó por cancelarlo y no publicar sus resultados, la misma metodología empleada en el caso que ahora se hace público.
“Esto sugería que el azúcar podía tener un rol en el cáncer de vejiga”, afirmó Cristin Kearns, uno de los autores del trabajo de la Universidad de California en San Francisco.
En los años 60, recordaron desde la publicación, los científicos se debatían entre si el azúcar podía elevar más el nivel de triglicéridos que el almidón, una discusión en la que los resultados del llamado “Proyecto 259” habrían sido un argumento de refuerzo, según los autores.
En el comunicado, también aseguraron que es una prueba de los primeros esfuerzos de SRF para minusvalorar el papel del azúcar en la enfermedad cardiovascular y de que el debate de los últimos 60 años puede estar basado en la manipulación de la ciencia por parte de la industria.
El coautor del trabajo Stanton Glantz comparó las prácticas “de manipulación” de la industria azucarera con las realizadas por la tabaquera y afirmó que la investigación contribuye a documentar estos métodos en el sector.
PLOS Biology mencionó que el año pasado la Asociación del Azúcar criticó un estudio de ratones por vincular el consumo de sacarosa con el crecimiento de tumores y metástasis indicando que no se ha establecido ningún “nexo creíble”.
El análisis sugiere que la industria sabía de la investigación sobre animales y que frenó la financiación para proteger sus intereses comerciales hace 50 años“, comentó en el escrito.

Fuente: EFE Salud

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