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Nuevo enfoque en la búsqueda de una vacuna contra el virus sincitial respiratorio

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Científicos han intentado desarrollar una vacuna contra el virus sincitial respiratorio (VSR) durante más de 50 años, sin éxito. Sin embargo, nuevos hallazgos de investigadores de la Universidad de California (UC) Santa Cruz, en Estados Unidos, apuntan a una ruta prometedora para diseñar una vacunaefectiva.

Para la mayoría de las personas, una infección por VSR es solo un resfriado fuerte, pero para bebés y adultos mayores puede causar neumonía grave o inflamación bronquial. En la década de 1960, se descubrió que una vacuna tradicional basada en el virus inactivado empeoraba la enfermedad. Más recientemente, los ensayos clínicos de dos vacunas diferentes basadas en una de las proteínas de la superficie viral (la glicoproteína F del VSR) también han fallado.

El nuevo estudio, publicado este viernes en ‘Science Immunology’, se centró en la otra proteína importante de la superficie viral, la glicoproteína G de RSV. Aprovechando el trabajo de colaboradores de Trellis Bioscience que tienen anticuerpos humanos protectores aislados dirigidos a la glicoproteína G, los científicos de la UCSC determinaron la estructura atómica de G de VSR e identificaron dos sitios que están dirigidos por anticuerpos protectores efectivos contra una amplia gama de cepas del VSR.

La autora Rebecca DuBois, profesora asistente de Ingeniería Biomolecular en la UC Santa Cruz, apunta que los investigadores de vacunas habían pasado por alto la G del VSR porque los estudios iniciales descubrieron que eliminar el gen no impedía que el virus se replicara en cultivos celulares. Sin embargo, los estudios en modelos animales mostraron que el virus que carece de la glicoproteína G se debilita significativamente.

INTERRUPCIÓN DE LA RESPUESTA INMUNE POR UNA GLIOCOPROTEÍNA DEL VIRUS

“La glicoproteína G es realmente muy importante –destaca DuBois–. Es la proteína de unión lo que permite que el virus se adhiera a las células del pulmón, mientras que la glicoproteína F promueve la entrada a la célula. Una vez que el virus infecta una célula y comienza a replicarse, genera una forma secretada de glicoproteína G que se apaga y comienza a cambiar la activación de nuestras células inmunitarias, distorsionando nuestra respuesta inmune”.

Esta interrupción de la respuesta inmune por G de VSR puede explicar por qué las vacunas basadas en F de VSR han fallado, plantea. “Se necesita una respuesta protectora de anticuerpos que bloquee la actividad de G del VRS, pero no sabíamos cómo los anticuerpos se dirigen a la G de VRS a nivel molecular”.

En el nuevo estudio, DuBois demostró que estos anticuerpos protectores se dirigen a una sección de la proteína llamada dominio central conservado que es el mismo en todas las cepas del virus. Los investigadores determinaron las estructuras atómicas tridimensionales de los sitios de unión precisos de dos anticuerpos Trellis, información crucial para diseñar una vacuna que pueda inducir al sistema inmunitario a producir dichos anticuerpos protectores.

“Estamos realmente entusiasmados con la posibilidad de finalmente poder conquistar este virus, que es uno de los virus infantiles más importantes para el que no tenemos una vacuna“, señala DuBois. Sin embargo, en el desarrollo de una vacuna basada en la G del VRS, los investigadores deberían asegurarse de que la vacuna carezca de la capacidad de la proteína viral para alterar el sistema inmunitario.

“Ha habido una gran preocupación sobre la fabricación de una vacuna con la glicoproteína G. Necesitamos diseñarla de modo que no pueda subvertir el sistema inmunitario, manteniendo su capacidad de provocar una respuesta de anticuerpos efectiva”, afirma DuBois.

Mientras tanto, Trellis Bioscience está investigando el uso terapéutico de los propios anticuerpos para tratar a los bebés con infección por el VRS y congestión pulmonar severa, y se espera que los ensayos clínicos comiencen a principios de 2019. Si se demuestra su eficacia, se intensificará la demanda de una vacuna que genere anticuerpos protectores dirigidos a la glucoproteína G, particularmente para uso global, concluye DuBois.

Fuente: El Economista – España

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