Hoy en Revista Dosis

Investigadores de la Universidad Stanford, en California, Estados Unidos, demostraron que las bacterias involucradas en las infecciones del tracto urinario (ITU) dependen de una nueva forma química de la molécula de la celulosa para adherirse a las células de la vejiga. El hallazgo, publicado en la revista de las ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, podría conducir a nuevas formas de tratar las IU y otras infecciones sin antibióticos.

El uso excesivo de antibióticos puede provocar resistencia e impactos en las bacterias naturales que comparten nuestros cuerpos, llamado microbioma, dice la codirectora del estudio Lynette Cegelski, profesora asociada de Química en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Stanford. “Hay muchas maneras de atacar la enfermedad y si solo te centras en las estrategias de virulencia de una bacteria específica, igual puedes prevenir la infección y también eliminar el ataque total a tu microbioma”, agrega.

Producida por plantas, algas y algunas bacterias, la celulosa es el polímero orgánico más abundante en la Tierra. También es uno de los mejor estudiados, ya que se usa para producir todo, desde papel hasta combustible de etanol. Por lo tanto, fue sorprendente cuando el equipo de Cegelski anunció a principios de este año que habían descubierto una forma químicamente única de celulosa, llamada pEtN (grupo químico fosfoetanolamina), en la bacteria ‘E. coli’.

Ese hallazgo, que fue publicado en ‘Science’, mostró que la celulosa pEtN es un componente crucial en la biopelícula de las bacterias, una secreción viscosa que las bacterias usan para compartir nutrientes y para protegerse contra los antibióticos y los ataques del sistema inmune de sus huéspedes. En el nuevo estudio, el grupo de Cegelski demostró que pEtN también juega un papel importante en las infecciones urinarias.

 La ITU es una de las enfermedades infecciosas más comunes en todo el mundo y ‘E. coli’ es uno de los principales culpables. “Nuestros experimentos aquí revelan una función específica para la celulosa en la que cumple un papel de mortero para mejorar la fuerza de adhesión de las bacterias con las células epiteliales de la vejiga”, explica el colíder del estudio Gerald Fuller, profesor en la Escuela de Ingeniería.
 
Ayuda de una fuente inesperada
El descubrimiento fue el resultado de un encuentro casual en un evento en Stanford, donde Fuller se enteró de que el grupo de Cegelski estaba buscando una manera de medir cómo de fuerte se adhiere la capa de bacteria ‘E. coli’ a una capa de células vesicales aisladas. Unos años antes, Fuller había desarrollado un instrumento, llamado ‘Live-Cell Monolayer Rheometer’ (LCMR), para investigar la adhesión de las lentes de contacto a las células de la córnea. “Queríamos saber si las células del ojo se adhieren a la parte inferior de las lentes de contacto cuando se quitan, y descubrimos que es así”, dice Fuller.
El LCMR fue diseñado para poner una placa de vidrio en contacto con una sola capa delgada de células vivas y luego mantener una presión constante entre ellas. Un microscopio adjunto permite a los científicos controlar las células durante los experimentos, y una placa inferior calentada ayuda a mantener las células vivas.
Los científicos se dieron cuenta de que, con algunos ajustes, el instrumento de Fuller podría lograr lo que Cegelski tenía en mente. “Para estos experimentos, mejoramos la microscopía para visualizar mejor el contacto entre las bacterias y la capa de células de la vejiga durante las mediciones”, relata la primera autora del estudio, Emily Hollenbeck, exestudiante de posgrado conjunta en los grupos de Cegelski y Fuller. “Este fue un control importante para garantizar que siempre estuviéramos midiendo las fuerzas de adhesión entre estas capas muy delgadas”, añade.Hacer que las bacterias crezcan como una sola capa también resultó un desafío, y Hollenbeck tuvo que hacer varios intentos antes de que tuviera éxito. “La creación de capas uniformes de bacterias y células de vejiga fue muy importante para obtener mediciones de LCMR reproducibles –dice Hollenbeck–. Fue especialmente desafiante crear estas capas uniformes con materiales que crecen continuamente y se adaptan a su entorno”.

 

Romper el ciclo de infección

Estudios previos ya habían notado que la celulosa pEtN y las fibras de la superficie celular llamadas curli se trenzan juntas para crear biopelículas de ‘E. coli’. Y las fibras curli se han visto implicadas en infecciones renales y sepsis. “Mientras más severas sean las infecciones, más probable es que esas bacterias estén produciendo curli”, subraya Cegelski.

Lo que Cegelski quería entender era la contribución relativa de pEtN y curli a la adhesión de las bacterias a las células del huésped y cómo trabajaron juntas durante la infección. Para responder a estas preguntas, su grupo diseñó una serie de experimentos para probar la fuerza de adhesión del curli y la celulosa por separado y también juntas.

En un experimento, unieron ‘E. coli’ cuyos biofilms contenían celulosa y curli a la placa superior del LCMR y luego los pusieron en contacto con una placa inferior que contiene células de vejiga. Los científicos cortaron rápidamente la placa superior horizontalmente en una pequeña cantidad, y el nivel resultante de estrés adhesivo les dio una medida cuantitativa de la adherencia de las bacterias.

Repitieron el experimento con ‘E. coli’ genéticamente modificado cuyas biopelículas contenían solo celulosa, y nuevamente con una placa superior que poseía solo curli y ninguna bacteria. Lo que encontraron fue que las bacterias que producían tanto curli como celulosa exhibían la mayor fuerza de adhesión, seguidas por el curli solo y finalmente por la celulosa sola.

“Sin celulosa, las células separarse muy fácilmente de la bacteria –afirma Fuller–. La celulosa actúa como un pegamento para realmente ayudar a mantener todo junto”. El hallazgo sugiere que puede ser posible un enfoque para tratar las infecciones urinarias que no involucre antibióticos.

“Atacar la celulosa podría ser una gran alternativa a los antibióticos tradicionales, ya que la prevención de la adhesión bacteriana podría ayudar a romper el ciclo de infección –dice Hollenbeck–. Este tipo de tratamiento también evita la presión de ‘vida o muerte’ de los antibióticos tradicionales que conducen a mutaciones resistentes a los medicamentos”.

Fuente: Europa Press / COFA

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Existe una creciente necesidad de nuevos antibióticos para ayudar a combatir la amenaza inminente de resistencia antimicrobiana. Según un nuevo estudio realizado por investigadores del Centro para la Dinámica de las Enfermedades, la Economía y la Política (CDDEP, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, con colegas de la Universidad de Oslo, Noruega, y otras organizaciones, entre 1999 y 2014, solo 25 antibióticos nuevos que representan nueve clases diferentes de antibióticos ingresaron en el mercado mundial. La mayoría de los antibióticos lanzados en este periodo de tiempo provinieron de compañías japonesas (11 de 25) o estadounidenses (6 de 25) y se lanzaron en Japón (7) o en Estados Unidos (12).

De los 25 antibióticos, 18 estaban destinados a tratar infecciones del tracto respiratorio adquiridas en la comunidad, 14 para infecciones de la piel y la estructura de la piel y 12 para infecciones del tracto urinario. Además, el 52 por ciento de los nuevos antibióticos estaban indicados para tratar infecciones causadas por bacterias resistentes, mientras que ninguno se centró en las bacterias gramnegativas, que son la causa de la mayoría de las infecciones no tratables.

Disponibilidad de medicamentos, muy variable

Además de examinar el lanzamiento de nuevos antibióticos, los investigadores también rastrearon cómo se propagaron los medicamentos a través del análisis de las ventas mundiales de fármacos. Descubrieron que, dentro de los tres años posteriores a su introducción, los antibióticos podían llegar a 30 mercados nacionales y en 10 años a 70; pero la disponibilidad de medicamentos era muy variable y solo 12 de los 25 antibióticos habían registrado ventas en más de diez países.

Los antibióticos con la mayor disponibilidad geográfica en 2014 (ertapenem, linezolid, moxifloxacina y tigeciclina, que llegaron a más de 60 países) se originaron en compañías europeas o estadounidenses y se lanzaron en Europa y Estados Unidos. En general, los medicamentos lanzados en Japón presentaban menos probabilidades de estar disponibles en otros países, aunque los antibióticos destinados a tratar las infecciones causadas por bacterias resistentes a los medicamentos tienden a registrar una mayor distribución geográfica.

Este estudio, que se basó en revisiones de medicamentos nuevos y registrados de la Agencia Europea de Medicamentos, la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos, la Agencia de Productos Farmacéuticos y Médicos de Japón y la Organización de Control de Estándares de Medicamentos de India, analizó la distribución geográfica de los nuevos antibióticos, pero no evaluó la disponibilidad en términos de beneficio clínico.

Según Ramanan Laxminarayan, director del CDDEP, “antes de este estudio, se sabía poco acerca de la distribución geográfica y la disponibilidad de antibióticos tras su introducción en el mercado. Encontramos que muchos antibióticos nuevos no van más allá de unos pocos países y, por lo tanto, no están disponibles en muchos países. donde la necesidad es mayor”.

“Los hallazgos pueden aportar información importante para las intervenciones actuales y futuras (incentivos económicos específicos, extensión de patentes y asociaciones público-privadas) dirigidas a atraer a los fabricantes al mercado de desarrollo de antibióticos”, concluye este experto.

Fuente: Europa Press / COFA

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Las variaciones individuales en la composición genética y las bacterias intestinales pueden explicar los diferentes efectos de los antibióticos en la presión arterial, según sugiere un nuevo estudio en ratas publicado en la revista ‘Physiological Genomics’.

La microbiota intestinal es una mezcla de organismos que desempeñan un papel tanto en la salud como en el desarrollo de enfermedades, incluida la hipertensión. Así como los genes de los individuos varían, la microbiota intestinal de cada persona es diversa. Como los antibióticos matan bacterias dañinas para curar infecciones, también pueden eliminar bacterias útiles que mantienen una buena salud.

Debido a que la microbiota intestinal está relacionada con la presión arterial alta de un individuo, investigadores de la Universidad de Toledo (Estados Unidos) explican que “las respuestas hipertensivas individuales a los antibióticos pueden variar según la composición genética y su microbiota”.

El equipo de investigación estudió dos cepas de ratas con una microbiota intestinal diferente, pero con una tendencia genética a la hipertensión. Las ratas Dahl desarrollan hipertensión arterial en respuesta a una dieta rica en sal, mientras que las ratas espontáneamente hipertensas (ratas SHR) se consideran un modelo animal de hipertensión arterial no relacionada con la sal alimentaria.

 Los investigadores trataron ambas cepas con tres antibióticos comunes: la vancomicina, que trata la inflamación y la infección del colon (colitis); minociclina, para las infecciones del tracto urinario, el acné y ciertos tipos de infecciones de transmisión sexual; y neomicina, que se usa para prevenir el colesterol alto y es un ingrediente activo en muchas cremas, ungüentos y gotas para los ojos.El uso de antibióticos causó diferentes respuestas en las ratas Dahl y SHR, incluida la forma en que cada fármaco afectaba a su presión arterial. La presión arterial sistólica (la fuerza de la sangre que empuja las arterias mientras el corazón late) aumentó en las ratas Dahl cuando se trató con minociclina y neomicina, pero no cuando se administró vancomicina.

 

La minociclina también provocó que la presión arterial diastólica (la presión en las arterias mientras el corazón está en reposo) aumentara en las ratas Dahl. Las ratas SHR tratadas con cualquiera de los antibióticos experimentaron una caída en la presión arterial sistólica, o ningún cambio, como con la neomicina. De acuerdo con el criterio de los investigadores, estos hallazgos sugieren que la composición genética juega “un papel importante” en cómo la presión arterial se verá afectada por el tratamiento con antibióticos. “Esto resalta la importancia de nuevos estudios para determinar el mecanismo detrás de estos diferentes efectos, y también plantea la cuestión de la seguridad en el uso de antibióticos por parte de pacientes con dolencias como la hipertensión”, concluyen.

Fuente: Europa Press / COFA

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Ya se encuentra disponible en nuestro país un nuevo antibiótico para el tratamiento de pacientes adultos internados con infecciones graves provocadas por bacterias Gram-negativas aeróbicas multirresistentes. A partir de la combinación de las drogas ceftazidima y avibactam, esta terapia demostró una amplia eficacia para hacer frente a bacterias resistentes a las terapias disponibles. 

Dentro de las bacterias Gram-negativas, la Klebsiella pneumoniae resistente a Carbapenems (KPC) es uno de los patógenos que presenta mayor preocupación, ya que ha sido detectado en las 24 provincias del país, representando el 30,2% de los casos de Klebsiella pneumoniae confirmados. La KPC provoca infecciones asociadas con altas tasas de morbilidad y mortalidad, y es resistente a casi todos los antibióticos disponibles.

Como parte de su mecanismo de acción, avibactam (de la familia de los inhibidores de la enzima ‘betalactamasa’, producida por las bacterias para eludir el efecto de los antimicrobianos betalactámicos) permite restaurar el mecanismo de acción de la ceftazidima (una droga de la clase de las cefalosporinas, que forma parte del grupo de los betalactámicos) para luchar contra algunos de los agentes patógenos Gram-negativos más resistentes, que son motivo de preocupación sanitaria a nivel mundial.

Entre otras, la nueva combinación está indicada para infecciones intra-abdominales complicadas, infecciones complejas del tracto urinario y neumonías adquiridas en el ámbito hospitalario, como por ejemplo la neumonía asociada al uso de respiradores.

Además, la combinación de ceftazidima-avibactam está indicada para el tratamiento de infecciones graves por Gram-negativos en pacientes que han agotado las demás opciones terapéuticas. Es decir que representa un importante avance terapéutico, pues puede emplearse en diversos escenarios, especialmente cuando un tratamiento antibiótico fracasa producto de la resistencia bacteriana, poniendo en riesgo la vida del paciente.

Según los estudios clínicos realizados, la combinación de ceftazidima-avibactam demostró superioridad respecto de otros tratamientos para el manejo de infecciones provocadas por Klebsiella pneumoniae resistente a Carbapenems (KPC), ya que disminuye significativamente los índices de mortalidad y estadía hospitalaria. Por otra parte, también se observó que el empleo de este nuevo antibiótico aumenta la tasa de pacientes que son externados al domicilio, es decir, que disminuye la cantidad de aquellos que son derivados a centros de rehabilitación.

En este contexto, la eficacia de ceftazidima-avibactam en actividad in vitro contra Klebsiella pneumoniae resistente a Carbapenems (KPC) y otras enterobacterias, mostró resultados determinantes en comparación con Colistin, reduciendo un 30% de las muertes que pueden ocurrir entre un 50-90% de los pacientes que sufren este tipo de infecciones. 

A su vez, esta terapia innovadora permite una disminución en la cantidad de antibióticos administrados. Hoy, permite la biterapia para casos que, hasta ahora, requerían hasta 5 terapias con diferentes tipos de antimicrobianos para un mismo tratamiento, con la consecuente disminución en los costos hospitalarios.

“Estamos muy entusiasmados con el lanzamiento de esta nueva alternativa terapéutica en Argentina” dijo el Dr. Francisco Nacinovich, Jefe de Infectología en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) y Médico Infectólogo de Centros Médicos Dr. Stamboulian. “La combinación de ceftazidima y avibactam viene a cubrir una demanda muy esperada por la comunidad médica, ya que es una herramienta segura y efectiva contra un rango de gérmenes de difícil tratamiento y que representan un serio y creciente problema de salud en nuestro país”, agregó.

Un informe presentado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye, por primera vez, una lista de patógenos que son prioridad mundial para orientar los esfuerzos de la ciencia en materia de investigación y desarrollo, entre las que se incluyen las bacterias Gram-negativas que esta nueva combinación demostró combatir.

Actualmente, el mayor número de infecciones provocadas por estas bacterias se presenta en los pacientes que están hospitalizados en unidades de cuidados intensivos, que requieren procedimientos quirúrgicos, que son recién nacidos y/o se encuentran heridos por quemaduras.

Según una base de datos sobre la eficacia de tratamientos con antibióticos y nuevos patrones de resistencia realizada en más de 60 países, se ha registrado un incremento en la resistencia de algunas bacterias Gram-negativas en Latinoamérica de alrededor de un 14% en 2011 a 29% en 2016. En este contexto, Argentina no está ajena a esta realidad.

“En nuestro país, se observa una necesidad creciente de terapias para el tratamiento de bacterias multirresistentes, especialmente en el ámbito hospitalario. El rápido aumento y la gran proliferación de patógenos Gram-negativos es un desafío enorme para la ciencia” sostuvo el Dr. Fernando Pasteran, Especialista en Microbiología Clínica y Profesional Adjunto del Servicio de Antimicrobianos, Laboratorio Nacional de Referencia, Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, INEI-ANLIS Dr. Carlos G. Malbrán. “Necesitamos contar con nuevos antibióticos para luchar contra las infecciones hospitalarias causadas por gérmenes resistentes, ya que por el momento no disponemos de suficientes alternativas terapéuticas efectivas y tolerables para el paciente”, concluyó.

La combinación de ceftazidima-avibactam se administra por vía endovenosa y está indicada para tratar personas con infecciones bacterianas Gram-negativas confirmadas o sospechadas que requieren hospitalización.

Entre los principales efectos adversos reportados por el uso de la terapia combinada (n=2024 en siete estudios clínicos en fase II y III) en el 5% o más de los pacientes se observó la presencia de anticuerpos (prueba de Coombs) que precipitan la desaparición de los glóbulos rojos (anemia hemolítica), náuseas y diarrea. Los cuadros de diarrea y náuseas fueron, en general, en grado leve o moderado de intensidad. 

Acerca de la resistencia antimicrobiana (RAM)

Actualmente, la resistencia antimicrobiana es uno de los problemas de salud pública más preocupantes del mundo. Se la considera responsable cada año de cerca de 700 mil casos fatales mientras que, según las estimaciones proyectadas para el 2050, fallecerán anualmente por esta causa 10 millones de personas.

Sólo en Europa, la RAM es responsable de 25 mil muertes al año, donde dos tercios de los casos fatales registrados son provocados por bacterias Gram-negativas como la Escherichia coli.3 El impacto clínico de las infecciones multirresistentes tiene un costo estimado de 1.500 millones de euros por año.

Entre las recomendaciones para disminuir el impacto de la resistencia antimicrobiana, el Dr. Nacinovich recomendó “evitar el mal uso de antibióticos y promover un empleo responsable de los mismos, practicar siempre el lavado de manos, concretar el alta temprana de los pacientes que se encuentren estables y respetar las medidas para el control de las infecciones hospitalarias (llamadas actualmente “asociadas a los cuidados de la salud”) que se implementan en las instituciones. Además, la higiene periódica de las superficies y los elementos médicos son pilares fundamentales”.

 

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Investigadores de Córdoba desarrollaron nanopartículas de este metal que al iluminarse eliminan los patógenos. Una innovación para luchar contra un problema sanitario grave: el avance de las superbacterias.

La resistencia a los antibióticos de las bacterias ya es un problema sanitario global. Si no se encuentra una solución, en 2050 morirán más pacientes por esta causa que por cáncer o afecciones cardíacas, asegura una estimación realizada por un panel de expertos convocados por el Gobierno del Reino Unido. Los microorganismos superresistentes son aquellos que pueden eludir toda la lista de antibióticos desarrollados por el ser humano. Por lo general, infectan a pacientes internados que están inmunodeprimidos, pero cada año se registran más casos de resistencia no hospitalaria.

Varios investigadores del mundo están buscando estrategias para mantener a raya a estos patógenos. Científicos de Córdoba han desarrollado una muy particular porque involucra oro y luz.

Se trata del grupo liderado por Cecilia Becerra, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del Conicet.

Desde hace años, este equipo trabaja en la búsqueda de antimicrobianos. El gran salto se dio en 2012, cuando comenzó a trabajar con nanopartículas, moléculas que tienen menos de 100 nanómetros, es decir, 0,0001 milímetros.
Puntualmente, decidió trabajar con nanopartículas de oro de 50 nanómetros, esféricas y de color rojo. “Son tan pequeñas que incluso pueden ingresar en la bacteria”, apunta Cecilia.

Jazmín Silvero Compagnucci, integrante del equipo, explica que lograron sintetizar las moléculas de oro asociadas al antibiótico amoxicilina. “La amoxicilina no tiene ningún efecto, sino que sirve para estabilizar el oro y lo guía hasta la pared celular de la bacteria”, comenta Jazmín.

El oro es una sustancia inocua para los tejidos vivos. De hecho, joyas realizadas con este metal no generan alergias. Pero cuando se lo irradia con luz verde, las nanopartículas alcanzan los mil grados de temperatura.

“La molécula que está pegada a ella, la pared de la bacteria, se destruye completamente. Lo que ocurre es que se producen radicales libres que oxidan la membrana celular”, explica Jazmín.

Las investigadoras probaron el efecto bactericida de la nanopartícula en cultivos celulares y tejidos en vivo. También probaron la biocompatibilidad en modelos animales.

“Demostramos que se eliminan del organismo en cinco horas”, detalla la investigadora. Y también aclara que el calor no quemaría al paciente tratado.

Uno de los patógenos que lograron combatir son cepas resistentes de Staphylococcus aureus. “En realidad, obtuvimos buenos resultados para los dos grandes grupos de bacterias (Gram positiva y negativa). Sería un antimicrobiano de amplio espectro”, explica Cecilia.

Siguientes pasos 

Son los primeros pasos para lograr una formulación farmacéutica comercial. Las investigadoras imaginan una pomada para aplicar en infecciones en la piel. Sólo hace falta irradiarla con luces led comunes de color verde durante 15 minutos.

El método también podría aplicarse en infecciones internas, sólo que allí la irradiación con luz debería hacerse con una sonda.

Sin embargo, aún hace falta realizar análisis clínicos en pacientes para demostrar su efecto terapéutico y no tóxico. Estos ensayos requieren inversiones muy altas que deben hacerse con el apoyo de la industria farmacéutica o del Estado.

Pero el desarrollo tiene una ventaja que lo hace más factible de llegar al mercado. Años atrás, sintetizar nanopartículas de oro llevaba mucho tiempo y era muy caro.

La técnica de producción que desarrollaron las investigadoras de Córdoba requiere solamente 18 minutos y no hay que agregar reactivos tóxicos o muy caros. Tampoco se necesita un trabajo posterior de purificación. El proceso está camino a ser protegido con patente de propiedad intelectual.

Cecilia explica que la terapia fotodinámica está muy difundida en Argentina y en el mundo como campo de investigación. “Se están pensando tratamientos para erradicar tumores, por ejemplo”, detalla.

Efectivo contra el biofilm 

En el caso del desarrollo cordobés, también demostraron que sirve para eliminar el biofilm que producen las bacterias. Es un mecanismo de resistencia de las bacterias. Se agrupan y forman una película que las protege. No sólo provocan problemas en los pacientes, sino también en el material hospitalario, ya que tapan los catéteres y las sondas.

“Actualmente se requieren grandes concentraciones de antibióticos para eliminar el biofilm, lo cual puede ser tóxico. En el caso de estas nanopartículas, se utiliza la misma concentración con un poco más de tiempo de irradiación”, cuenta Diamela Rocca, otra integrante del grupo.

Otros investigadores que participaron del desarrollo son Emilce Artur de la Villarmois y Mariela Pérez, del Instituto de Farmacología Experimental Córdoba (Ifec).

El trabajo también fue realizado con el soporte de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC y es una colaboración con la Universidad de Ottawa, Canadá.

Los antibióticos mal usados, una clave 

Los antibióticos son medicamentos que combaten las infecciones bacterianas. Usados correctamente, pueden salvar vidas, pero hay un creciente problema de resistencia a antibióticos. Esto ocurre cuando las bacterias mutan (se transforman) y se vuelven capaces de resistir los efectos de un antibiótico. El mismo uso de antibióticos puede llevar a la resistencia. Cada vez que toman antibióticos, las bacterias sensibles mueren. Pero gérmenes resistentes pueden crecer y multiplicarse.

Fuente: La Voz del Interior -Córdoba /COFA

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Un nuevo estudio ha examinado las tendencias sobre el uso de antibióticos en 76 países entre 2000 y 2015. Los resultados revelan que las dosis diarias se incrementaron en un 65% y que la tasa de consumo aumentó un 39%, especialmente en los países de ingresos medianos y bajos.

 

 
 
La resistencia a los antibióticos es una gran amenaza para la salud pública mundial. Una nueva investigación liderada por el Centro para la Dinámica de Enfermedades, Economía y Política (CDDEP, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, ha analizado las tendencias mundiales en su uso entre 2000 y 2015.

 

Según los autores de este estudio, publicado hoy en la revista PNAS, “el conocimiento de los patrones de consumo de antibióticos podría orientar las políticas destinadas a minimizar su resistencia”.

Los científicos, de instituciones como la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, la Universidad de Baltimore o la Universidad de Amberes en Bélgica, utilizaron los datos de ventas farmacéuticas para estudiar el consumo de antibióticos en 76 países en esos 15 años.

Conocer los patrones de consumo de antibióticos puede orientar las políticas destinadas a minimizar su resistencia

La evaluación más completa de las cifras mundiales hasta la fecha revela que las dosis diarias definidas (DDD) –una medida estándar para el consumo de antibióticos– aumentaron en un 65%, de 21.100 millones a 34.800 millones de DDD. A su vez, la tasa de consumo de antibióticos se incrementó en un 39%, de 11,3 a 15,7 DDD por 1.000 habitantes y día.

Los expertos también proyectaron el consumo mundial total de antibióticos hasta 2030. Según los autores, con la continuación de las tendencias actuales, se prevé que su uso aumente entonces hasta en un 200%.

“Cuando la resistencia a los antibióticos emerge en un lugar, se propaga rápidamente a otras partes del mundo”, afirma a Sinc Ramanan Laxminarayan, director del CDDEP y autor principal del estudio. “De ahí que el informe incida en la necesidad de una vigilancia mundial coherente de la resistencia y las políticas para reducir su uso innecesario”.

Para los investigadores, aunque resulta crítico reducir el consumo de antibióticos, también es necesario promover e incrementar su acceso en países de bajos ingresos, ya que estos territorios padecen las tasas más altas de enfermedad y muerte causadas por enfermedades infecciosas.

El consumo por países
El aumento de antibióticos se asoció con el crecimiento del PIB per cápita en países de ingresos bajos y medianos, donde el consumo aumentó en 114%, de 11.400 millones a 24.500 millones de DDD, y la tasa de consumo aumentó en 77%, de 7,6 a 13,5 DDD por 1.000 habitantes por día (parte del aumento del uso total se debió al crecimiento económico y de la población).

Aunque resulta crítico reducir el consumo de antibióticos, también es necesario promover e incrementar su acceso en países de bajos ingresos

Algunos países de ingresos bajos y medianos tenían tasas de consumo que superaban las de los estados de altos ingresos. Así, en 2015 cuatro de los seis estados con las tasas de consumo más altas fueron los países de ingresos bajos y medianos: Turquía, Túnez, Argelia y Rumania.

Sin embargo, muchos todavía tienen tasas de consumo per cápita considerablemente más bajas que los países de altos ingresos, debido a problemas de acceso como el alto costo de los medicamentos y las protecciones de patentes.

Por su parte, en los países de altos ingresos si bien el empleo de antibióticos aumentó en un 6%, de 9.700 millones a 10.300 millones de DDD, la tasa de consumo disminuyó en un 4%, de 26,8 a 25,7 DDD por cada 1.000 habitantes al día.

La tasa de consumo de penicilinas de amplio espectro, la clase de antibióticos más comúnmente consumida, subió un 36% entre 2000 y 2015 en el mundo. El mayor aumento se produjo en los países de ingresos bajos y medios, donde la tasa de consumo de antibióticos aumentó un 56%, en comparación con el 15% en los países de altos ingresos.

El consumo de clases de antibióticos nuevos y de último recurso, como linezolid, carbapenémicos y colistina, aumentó significativamente en casi todos los países.

España: una alta tasa de uso per cápita
El consumo total de antibióticos en España se incrementó un 35% –de 0,5 a 0,7 mil millones de DDD– entre 2000 y 2015. Su tasa per cápita aumentó un 17% –de 34,3 DDD por 1.000 habitantes y día a 40,1 DDD por 1,000 habitantes y día–. “España posee la tasa de uso per cápita más alta de cualquier país de altos ingresos y la tercera más alta en general”, explica a Sinc Laxminarayan.

El consumo total de antibióticos en España aumentó un 35% entre 2000 y 2015. Su tasa per cápita aumentó un 17%

El año 2000 tuvo las cifras más altas de tasa de consumo de antibióticos junto a otros países de altos ingresos, como Francia, Nueva Zelanda, Hong Kong y Estados Unidos.

Además, por tipo de medicamento, en 2015 España mantuvo, al igual que Reino Unido e Irlanda, una de las tasas más altas de consumo de polimixina –utilizado para el tratamiento de las infecciones urinarias, septicemia o bacteremia, producidas por gérmenes sensibles cuando otros antibióticos son inefectivos o están contraindicados–.

“Debemos actuar de manera integral para preservar la efectividad de los antibióticos”, concluye Laxminarayan. “Eso incluye soluciones que reducen el consumo, como vacunas o mejoras de infraestructura, particularmente en países de ingresos bajos y medianos”.

Referencia bibliográfica:

Eili Klein et al.: ‘Global increase and geographic convergence in antibiotic consumption between 2000 and 2015’. PNAS 26 de marzo de 2018. http://www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1717295115

Fuente: Agencia SINC – España

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La estructura anatómica y fisiológica de los ojos constituye una barrera importante para la administración de fármacos. La cantidad de fármaco que atraviesa la córnea aplicando cremas o gotas es muy limitada y es necesario desarrollar otras fórmulas alternativas más eficaces de administración por vía ocular. Investigadores del Departamento de Farmacia de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UHC) han publicado en la revista internacional Drug Delivery and Translational Research el diseño de un nuevo inserto ocular bioadhesivo que se coloca en el interior del párpado y logra liberar de forma controlada mayor cantidad de fármaco a través de la córnea, disolviéndose tras el tratamiento.

“En ocasiones menos de un 5% del fármaco administrado con estas formulaciones logra penetrar en el ojo de forma efectiva”
En concreto, los investigadores lo han desarrollado para la administración ocular de un antibiótico, el moxifloxacino, indicado en casos de infecciones bacterianas en los ojos como la queratitis corneal o la endoftalmitis bacteriana. El grupo de investigación en Desarrollo de Nuevas Fórmulas Farmacéuticas de la CEU UCH, que lidera la decana de la Facultad de Ciencias de la Salud, Alicia López Castellano, es autor de esta investigación, resultado de la tesis doctoral de María Sebastián Morelló, y del que son también coautores los investigadores María Aracely Calatayud, Vicente Rodilla y Cristina Balaguer.

“Cuando aplicamos crema o gotas en los ojos, se activan los mecanismos de defensa del globo ocular, como las lágrimas, lo que diluye el fármaco aplicado. En ocasiones menos de un 5% del fármaco administrado con estas formulaciones logra penetrar en el ojo de forma efectiva. Por ello, la investigación farmacéuticatrabaja en el desarrollo de insertos oculares, que son discos o cilindros muy delgados, hechos con materiales poliméricos bioadhesivos, que se adaptan a la forma del ojo y van liberando de forma controlada el fármaco a administrar a través de la córnea”, han destacado desde el equipo.

“La liberación ocular de moxifloxacino con este inserto permitiría mejorar el tratamiento de algunas enfermedades oculares, como la endoftalmitis bacteriana”
La investigación ha desarrollado un inserto muy delgado, prácticamente transparente y de fácil adherencia a la mucosa ocular, que proporciona concentraciones oculares de moxifloxacino a través de la córnea superiores a otros formatos de administración que actualmente se comercializan, incluida la vía oral. Según apunta el equipo investigador, “la liberación ocular de moxifloxacino con este inserto permitiría mejorar el tratamiento de algunas enfermedades oculares, como la endoftalmitis bacteriana, una infección del globo ocular que puede aparecer tras una herida o como complicación de una cirugía intraocular. Y también para el tratamiento de la queratitis corneal, infección de la córnea que causa inflamación y que puede dejar leucoma o cicatriz en la córnea. En ambos tipos de infección, sin el tratamiento adecuado la visión puede llegar a verse severamente comprometida”.

El desarrollo de este inserto ocular para administrar moxifloxacino abre una nueva vía de tratamiento de las infecciones oculares con este antibiótico. Una línea que el equipo investigador seguirá desarrollando en fututas investigaciones con nuevos tipos de fármacos.

Fuente: ConSalud – España

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Un equipo científico del centro de investigación biomédica Navarrabiomed logró caracterizar el sistema sensorial que las bacterias utilizan entre otras cosas para multiplicarse en el cuerpo humano y causar infección. El avance permite comprender mejor cómo las bacterias se adaptan a las diferentes condiciones ambientales y posibilitará el desarrollo de antibióticos más específicos y eficaces.

 
 
En la actualidad, la aparición de bacterias farmacorresistentes, que no responden a tratamientos con antibióticos, constituye uno de los problemas sanitarios a escala mundial priorizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Las bacterias detectan, responden y se adaptan a los cambios en su entorno utilizando unos elementos sensoriales denominados sistemas de dos componentes. Este tipo de sistemas sensoriales están presentes en bacterias, hongos y plantas, pero no se encuentran en células animales. En el caso de las bacterias, regulan procesos celulares tan importantes como la virulencia o su propio crecimiento, lo que los convierte en dianas para el diseño de nuevas terapias antimicrobianas.

El objetivo del trabajo, publicado en Nature Communications, ha consistido en eliminar todos los sistemas de dos componentes, es decir el sistema sensorial completo, en Staphylococcus aureus, uno de los principales patógenos humanos según la OMS y, posteriormente, en la generación de una colección de bacterias cada una de las cuales contiene un único sistema de dos componentes.

Las bacterias han sido patentadas y el equipo analiza diversos compuestos marinos que puedan incorporarse en el tratamiento y control de infecciones

Esta estrategia ha permitido simplificar una compleja red sensorial en cada uno de sus elementos para comprender cuál es la función individual de cada uno de los sistemas y la relación existente entre ellos.

Hacia nuevos fármacos

“El hecho de que los sistemas de dos componentes estén presentes en todas las bacterias patógenas y no en las células de nuestro organismo nos puede permitir desarrollar fármacos que bloqueen estos sistemas, evitando así el desarrollo de la bacteria durante la infección, sin causar ningún efecto secundario sobre nuestras células”, dice Iñigo Lasa, director de Navarrabiomed (centro mixto del Gobierno de Navarra y la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e investigador responsable del grupo de Patogénesis Microbiana del centro.

En este sentido, las bacterias generadas en este estudio han sido patentadas y actualmente el equipo analiza diversos compuestos marinos que puedan incorporarse en el tratamiento y control de infecciones en la práctica clínica.

La investigación forma parte de la actividad científica del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA), agrupación público-privada para el fomento de la investigación biomédica en la Comunidad Foral y de la que son miembros Navarrabiomed y la UPNA.

En el trabajo han colaborado investigadores del Instituto de Agrobiotecnología (UPNA-CSIC-Gobierno de Navarra), del Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC) y del Institute of Infection, Immunity and Inflammation de la University of Glasgow.

Referencia bibliográfica:

Maite Villanueva et al. “Sensory deprivation in Staphylococcus aureus” Nature Communications 9, Article number: 523(2018) doi:10.1038/s41467-018-02949-y

Fuente: Agencia SINC- España

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió esta semana que existe un elevado índice de resistencia a los antibióticos de varias infecciones bacterianas. Este problema se da tanto en los países de ingresos altos como de ingresos bajos.

El organismo encontró una resistencia a los fármacos “extendida” al presentar los primeros resultados de un sistema de seguimiento global (GLASS, en inglés). En el proceso de estudio analizaron a medio millón de personas de 22 países.

Según indicó la investigación, las infecciones que muestran resistencia de forma más habitual son E. Coli, Klebsiella pneumoniae, Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae, y salmonella.

“El informe confirma la seria situación de la resistencia a los antibióticos en todo el mundo”, dijo el director del secretariado de Resistencia Antimicrobial de la OMS, Marc Sprenger.

Asimismo, Sprenger alertó que la resistencia incluye a algunas de las infecciones “más comunes y potencialmente más peligrosas”.

La OMS inició los trabajos del GLASS en octubre de 2015, basándose en el modelo de otros sistemas de detección de resistencia del parásito a los fármacos como los dedicados a la tuberculosis, el VIH o la malaria.

Estos programas -que están vigentes desde hace años- permitieron estimar la afectación de la enfermedad, planificar servicios de diagnóstico y tratamiento, y diseñar regímenes de tratamiento para prevenir una mayor resistencia, según señaló el comunicado.

La OMS prevé que GLASS incorpore información de otros sistemas de vigilancia de resistencia antimicrobial en humanos e implique a más países para desarrollar esta base de datos.

Debido a que este fenómeno no respeta fronteras, el experto llamó a todos los países a establecer sistemas de vigilancia para detectarla.

Fuente: El Observador (Uruguay)

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Médicos del Hospital Clínic de Barcelona han descubierto que una nueva combinación de antibióticos permite tratar el 60% de las neumonías hospitalarias con una eficacia similar al antibiótico estándar, pero superando los problemas de multirresistencia de las bacterias patógenas que causan este tipo de neumonías.
Según la investigación, que publica la revista “The Lancet Infectious Diseases”, el nuevo antibiótico está formado por ceftazimida y avibactam y es eficaz para tratar las neumonías intrahospitalarias, entre las que se encuentra la neumonía asociada a la ventilación mecánica.

Según el jefe de la Unidad de Vigilancia Intensiva Respiratoria (UVIR) del Clínic, Antoni Torres, que ha dirigido el estudio, el nuevo antibiótico tiene una eficacia similar a los más utilizados actualmente para tratar la infección, los carbapenemos, pero con la ventaja de superar problemas derivados de su administración, como la resistencia de ciertas bacterias.

La neumonía intrahospitalaria es la segunda infección nosocomial más común y la causa principal de muerte por este tipo de infecciones en pacientes críticos.

Su incidencia se encuentra entre 5 y 20 casos por cada 1.000 admisiones hospitalarias, con las tasas más altas en pacientes inmunodeprimidos, quirúrgicos o ancianos.

Aunque existe tratamiento para esta infección, que tiene una mortalidad asociada del 10%, cada vez hay más bacterias resistentes a los antibióticos tradicionales.

Además, los médicos ya han constatado que diversas bacterias Gram negativo, un subtipo de bacteria causante del 60% de las neumonías nosocomiales, son resistentes a los carbapenemos.

Para hacer el estudio, los investigadores llevaron a cabo un ensayo clínico para demostrar la equivalencia del nuevo antibiótico, la ceftazimida-avibactam, con el tratamiento estándar con carbapenem.

En el ensayo clínico, cuyo investigador principal fue Torres, participaron 879 pacientes de 136 centros de 23 países.

Según Torres, los resultados obtenidos demuestran que esta combinación de antibióticos es tan efectiva como el carbapenem y permite resolver los problemas de multirresistencia en varias bacterias patógenas causantes de las neumonías nosocomiales.

“En conjunto, este estudio abre la puerta a utilizar una nueva combinación de antibióticos para tratar neumonías intrahospitalarias, como la asociada a la ventilación mecánica, y permite reservar carbapenem para no crear multirresistencia”, ha concluido Antoni Torres, que es también catedrático de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona y coordinador del programa de Neumonía del CIBERES.

“La importancia del trabajo radica en que la ceftazimida-avibactam es el primer antibiótico nuevo que resuelve de forma eficaz estos problemas”, ha concluido Torres, que también es el responsable del equipo Investigación aplicada en enfermedades respiratorias infecciosas, enfermo crítico y cáncer de pulmón del IDIBAPS.

Muchos médicos y científicos están reclamando que se investigue más para sacar al mercado nuevos antibióticos ante la evidencia que muchas bacterias se están haciendo resistentes a los medicamentos que llevan años utilizándose.

Fuente: El Economista – España

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