Hoy en Revista Dosis

Un equipo de investigación del Broad Institute of MIT y el Harvard, Massachusetts General Hospital (MGH) y Harvard Medical School en Estados Unidos ha desarrollado un nuevo tipo de análisis del genoma que podría identificar grandes grupos de la población que tienen un riesgo mucho mayor de desarrollar enfermedades comunes graves, como el cáncer de mama o la diabetes tipo 2.

Estas pruebas, que utilizan información de millones de lugares en el genoma para determinar el riesgo de cinco enfermedades, pueden indicar una mayor probabilidad de desarrollar condiciones potencialmente fatales mucho antes de que aparezcan los síntomas. Si bien el estudio se realizó con datos del Reino Unido, sugiere que hasta 25 millones de personas en EE.UU. pueden tener más del triple del riesgo normal de enfermedad arterial coronaria, y millones más pueden tener un riesgo elevado similar para las otras afecciones, basado solo en la variación genética.

La información genómica podría permitirles a los médicos enfocar la atención sanitaria en estos individuos, quizás permitiendo intervenciones tempranas para prevenir las enfermedades más comunes.

La investigación, que aparece en ‘Nature Genetics’, plantea preguntas importantes sobre cómo este método, llamado puntuación de riesgo poligénico, debe desarrollarse y utilizarse en el sistema médico. Además, los autores señalan que las pruebas genéticas se basan principalmente en información de individuos de ascendencia europea, y los resultados subrayan la necesidad de estudios más amplios de otros grupos étnicos para garantizar la equidad.

 “Sabemos desde hace mucho tiempo que hay personas que corren un alto riesgo de contraer enfermedades basándose únicamente en su variación genética general”, ha señalado el autor principal Sekar Kathiresan, miembro del instituto y director de la Iniciativa de Enfermedades Cardiovasculares en el Broad Institute, como así como director del Centro de Medicina Genómica en MGH y profesor de medicina en la Escuela de Medicina de Harvard.   “Ahora podemos medir ese riesgo usando datos genómicos de una manera significativa. Desde una perspectiva de salud pública, necesitamos identificar a estos segmentos de mayor riesgo de la población para que podamos brindar la atención adecuada”, ha señalado Kathiresan, quien dirigió el trabajo con los primeros autores Amit V. Khera, un cardiólogo de MGH y miembro de la facultad junior en el laboratorio de Kathiresan, y Mark Chaffin, un biólogo computacional también en el laboratorio de Kathiresan.

 

Para desarrollar los algoritmos para puntuar el riesgo de enfermedad, los investigadores primero reunieron datos de estudios de asociación de genoma a gran escala para identificar variantes genéticas asociadas con enfermedad arterial coronaria, fibrilación auricular, diabetes tipo 2, enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer de mama. Para cada enfermedad, aplicaron un algoritmo computacional para combinar la información de todas las variantes, la mayoría de las cuales tienen un impacto extremadamente pequeño sobre el riesgo, en un solo número o puntaje de riesgo poligénico. Este número podría usarse para predecir las probabilidades de que una persona contraiga estas enfermedades según su genoma.

Investigación sobre más de 400.000 individuos

El equipo probó y validó los algoritmos de puntuación de riesgo poligénico en datos de más de 400.000 individuos en el Reino Unido. Los datos se extrajeron del Biobank, una extensa base de datos genómicos e información médica de participantes de ascendencia británica.

Es importante destacar que, según Khera, las personas con altas puntuaciones de riesgo poligénicas para la enfermedad de la arteria coronaria no necesariamente exhiben otras señales de advertencia de riesgo de enfermedad (como la hipertensión o el colesterol alto).

“Estas personas, que tienen un riesgo mayor de tener un ataque al corazón por los efectos acumulativos de muchas variaciones, en su mayoría están volando por debajo del radar. Si entraran en mi práctica clínica, no sería capaz de distinguirlos como de alto riesgo con nuestras métricas estándar. Hay una necesidad real de identificar estos casos para que podamos enfocarnos en la detección y los tratamientos de manera más efectiva, y este enfoque nos brinda un posible camino a seguir”, ha añadido.

El algoritmo estudió más de 6,6 millones de localizaciones en el genoma para estimar el riesgo de una persona de desarrollar la enfermedad arterial, una de las principales causas de muerte en adultos en los Estados Unidos. De los individuos en el conjunto de datos de Biobancos del Reino Unido, el 8 por ciento tenían más del triple de probabilidades de desarrollarla en comparación con los demás, en función de su variación genética. En términos absolutos, solo el 0,8 por ciento de los individuos con los puntajes de riesgo poligénico más bajos tenían enfermedad arterial coronaria, en comparación con el 11 por ciento de las personas con los puntajes más altos.

Para el cáncer de mama, una de las principales causas de muerte relacionada con la malignidad en las mujeres, el predictor poligénico encontró que el 1,5 por ciento de la población del Biobanco del Reino Unido tenía más del triple del riesgo de tener la enfermedad en comparación con los demás. Aquellos con los puntajes de riesgo poligénico más altos tenían cinco veces el riesgo, lo que significa, en términos absolutos, que el 19 por ciento de las personas con las puntuaciones más altas tenían cáncer de mama, en comparación con el 4 por ciento de las personas restantes.

Los investigadores aplicaron un enfoque similar al puntaje de riesgo poligénico para la diabetes tipo 2, la fibrilación auricular y la enfermedad inflamatoria intestinal.

Para desarrollar pruebas de puntuación de riesgo poligénicas para otras enfermedades comunes, el equipo señala que será necesaria una investigación adicional para recopilar los datos de asociación del genoma y validar los puntajes con los biobancos de referencia. Además, los actuales cálculos de riesgos poligénicos se derivan en gran medida de estudios genéticos realizados en personas de ascendencia europea, por lo que se necesitan más estudios para optimizar los algoritmos para otros grupos étnicos.

Sin embargo, los investigadores proponen que es hora de que la comunidad biomédica considere incluir este enfoque en la atención clínica. Para hacer esto, se deben considerar una serie de factores, como: si la enfermedad tiene un componente genético; si la enfermedad es lo suficientemente prevalente en la población general para que la detección valga la pena incorporarla a la atención clínica de rutina; y si conocer el riesgo genético de una enfermedad sería útil para guiar el cuidado para compensar este riesgo heredado.

“En última instancia, este es un nuevo tipo de factor de riesgo genético. Visualizamos puntajes de riesgo poligénicos como una forma de identificar a las personas con un riesgo alto o bajo de una enfermedad, quizás desde el nacimiento, y luego usamos esa información para dirigir las intervenciones, ya sea modificaciones al estilo de vida o tratamientos, para prevenir la enfermedad. ataque, preveo que cada paciente tendrá la oportunidad de conocer su número de riesgo poligénico en el futuro cercano, similar a la forma en que puede conocer su número de colesterol en este momento”, ha concluido.

Fuente: Europa Press /COFA

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Las pruebas para el consumo de drogas y de detección de enfermedades en humanos pronto podrían ser mucho más simples, a partir de una nueva investigación sueca. Aunque las pruebas de drogas actualmente se basan en muestras de sangre u orina, investigadores de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, han identificado un método de detección de drogas mediante el análisis de varios compuestos en el aliento exhalado.

En un artículo sobre su trabajo que se publica en ‘Journal of Breath Research’, estos investigadores demuestran cómo la recolección y el análisis de compuestos producidos externamente en el fluido de revestimiento de las vías respiratorias permite realizar pruebas y monitorizaciones no invasivos.

El autor principal, Göran Ljungkvist, explica: “El aliento exhalado contiene partículas que transportan sustancias no volátiles. Los principales componentes, lípidos y proteínas, se derivan del líquido del revestimiento del tracto respiratorio. El procedimiento de recolección no es invasivo y puede repetirse en poco tiempo. Sin embargo, la pequeña masa muestreada es un desafío analítico. No obstante, las partículas exhaladas son una nueva y prometedora matriz para el análisis de biomarcadores”.

“Tomamos muestras de aliento de 13 sujetos que estaban en tratamiento con metadona, para explorar si las huellas de la droga podían detectarse a través de la respiración, en lugar de utilizar técnicas invasivas que alteran la integridad del sujeto. También queríamos descubrir el mejor método para recoger partículas de metadona en el aliento exhalado, por lo que nuestro estudio comparó dos métodos de muestreo diferentes: filtración con electreto e impactación”.

El método de filtración con electreto potencialmente recogió partículas exhaladas de todos los tamaños, mientras que el basado en impactación recolectó partículas en el rango de tamaño de 0,5 a 7 micrómetros, conocidas por reflejar el fluido del revestimiento del tracto respiratorio de las vías respiratoriaspequeñas. Los investigadores utilizaron cromatografía líquida-espectrometría de masas para analizar las muestras recopiladas, así como para investigar el impacto de diferentes patrones de respiración.

Sus resultados mostraron que la metadona estaba presente en todas las muestras con ambos métodos, pero cuando se utilizó el método basado en la impactación, la concentración de metadona en el aliento exhalado fue menor al 1 por ciento de la concentración recogida por el método basado en la filtración.

“La diferencia en las cantidades recolectadas de metadona entre los dos métodos fue enorme. Eso planteó preguntas secundarias sobre el origen de las partículas recogidas, posible contaminación del fluido oral, el patrón de respiración y finalmente el diseño del dispositivo de recolección”, apunta Ljungkvist.

“El diseño del dispositivo es crucial en muchos sentidos y es probable que la enorme diferencia en las cantidades recogidas se explique mediante el muestreo de diferentes distribuciones de tamaños de partículas. El dispositivo basado en la filtración también recoge partículas más grandes no recopiladas por el método basado en la impactación. El diseño también influye en el riesgo de contaminación del fluido oral y las pérdidas de partículas en su camino hacia el medio de recolección real”, agrega.

Y continúa: “Sin embargo, creemos que la gran cantidad de metadona recogida por el método de filtración probablemente se deba a una contribución considerable de la metadona de las vías aéreas centrales o del tracto orofaríngeo. Nuestros resultados y métodos podrían tener implicaciones para el análisis de compuestos endógenos y exógenos en el aliento exhalado como biomarcadores de enfermedades sistémicas y pulmonares, así como en el desarrollo de nuevos enfoques para estudiar la exposición humana a la contaminación del aire”.

Fuente: El Economista – España

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Supera a Uruguay, Brasil y Chile. Pese a que por ley deben ser prescriptos, son los medicamentos más vendidos en el país sin receta. La OMS recomienda evitar su uso excesivo.

 

Llegó el invierno y las enfermedades respiratorias están a la orden del día. El nene empieza con fiebre, mocos y tos. La mamá decide no esperar y va a la farmacia a comprar un antibiótico para combatir la enfermedad hasta que el chico se sienta mejor y en unos días ya vuelva a la escuela. Escenas como esta se repiten a diario y dejan en evidencia una combinación de problemas que existen en la Argentina. Por un lado, ocupa el podio de países con mayor consumo per cápita de medicamentos de la región, detrás de Brasil y Uruguay, según datos de la consultora Quintiles IMS a los que accedió Clarín. Pero, al analizar el consumo per cápita de los cinco antibióticos más vendidos en farmacias en estos cuatro países, Argentina ocupa el primer puesto, seguido por Uruguay, Brasil y Chile. Por otro lado, en nuestro país, los antibióticos encabezan la lista de los medicamentos que se compran sin receta, según surge de una encuesta realizada por la consultora D’Alessio Irol.

Además, según este último relevamiento, el 99% de los argentinos se automedica, lo que sería lógico si sólo consumieran remedios de venta libre. Pero no es así: muchos desconocen qué medicamentos necesitan receta, en especial si se vinculan con dolencias cotidianas. Los antibióticos (46%) y los antigripales compuestos (45%) son los dos medicamentos que encabezan la lista de remedios que las personas consultados admitieron comprar sin receta.

“El tema de los antibióticos es particular. Hay una legislación vigente, de 1969, que establece que tanto los psicotrópicos como los antibióticos deben venderse bajo receta archivada (esto es doble receta, una copia para el reintegro de la obra social y otra que queda archivada en la farmacia) y su incumplimiento está penado con hasta tres años de prisión. Con los psicotrópicos esto se hizo efectivo: a nadie se le ocurre ir a comprar uno sin receta. Pero con los antibióticos esto no pasó y muchas veces se venden sin receta”, explica Alejandra Corso, jefa del Servicio de Antimicrobianos del Laboratorio Nacional de Referencia en Resistencia a los Antimicrobianos del ANLIS-Malbrán. “Tenemos muy arraigada una cuestión cultural de pensar que son inocuos, que no son tóxicos”, agrega.

“Uno de los problemas es que los antibióticos se deben vender bajo receta archivada, pero muchos médicos omiten hacer el duplicado. El profesional hace la receta para que el farmacéutico reciba el reintegro y al paciente se le haga el descuento, pero no la copia que debería quedar archivada en la farmacia”, explica Laura Raccagni, coordinadora del Observatorio de Salud y Medicamentos de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).

“Otro inconveniente es que muchas farmacias no exigen la receta para dispensar. Y hay otra cosa: el paciente que va al médico demanda que la consulta termine con la prescripción de un medicamento”, añade. “Esto se exacerba en los casos de papás que llevan a los chicos al pediatra: si le indica sólo vapor e ibuprofeno, el padre desespera”, ejemplifica.

“No hay controles. Se pide la receta para la obra social, pero nada más. Si no te importa el descuento, vas a cualquier farmacia y te lo venden, a pesar de que lo que establece la legislación. Es una ley que no se aplica”, explica Lautaro De Vedia, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología. Pero también hay otros factores: “Los médicos, a veces, recetamos en más casos de los que lo merecen. El 80% de las faringitis en adultos son virales y por lo general les damos antibióticos”. Y explica que la tercera variable es la población: muchas personas compran sin receta.

El mal uso de antibióticos es un tema que genera preocupación a nivel mundial y es uno de los potenciales flancos débiles en cuanto a salud pública. La OMS alerta desde hace tiempo por la resistencia de algunas bacterias a los antibióticos y establece protocolos de uso de los diferentes grupos de medicamentos. Y también procura concientizar sobre su buen uso para evitar que de acá a algunos años, no queden antibióticos para dolencias que ahora parecen menores. Días atrás, el organismo emitió un alerta por la propagación de un tipo de gonorrea resistente a los antibióticos.

“Las bacterias ganaron la batalla. El gran auge de esperanza que nos dieron los antibióticos y que permitió un importante avance de la medicina generó un concepto cultural de que son inocuos e inagotables. Pero son un recurso no renovable y las bacterias buscan mecanismos para adquirir la defensa contra los antibióticos, mecanismos de resistencia”, sentencia Corso. “En Argentina la azitromicina ya generó 25% de resistencia. Esto es, uno de cada cuatro tratamientos no va a ser efectivo. El antibiótico tiene impacto en la comunidad: necesitamos tener conciencia de eso”, explica Raccagni.

“Es complejo: ya hay tasas de resistencia de antibióticos para infección urinaria, en algunos casos de infecciones de piel, en los que las bacterias cambiaron los perfiles de resistencia. Debería adoptarse esto como una política de Estado y tomar cartas en el asunto”, enfatiza De Vedia.

Desde el Estado es paradójico que en 2009 se sancionara una ley para evitar el mal uso de los medicamentos de venta libre, que son de bajo riesgo para la salud, sacándolos de las góndolas de acceso al público para que sólo puedan ser dispensados por un farmacéutico. Sin embargo, nada se hizo aún para que se cumpla la ley que rige para los antibióticos y controlar su venta.

Fuente: Clarín

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