Hoy en Revista Dosis

Zafar del dolor de espalda es casi una misión imposible: las estadísticas indican que 8 de cada 10 personas lo padecen en algún momento de su vida. Las causas que pueden originarlo son múltiples, pero identificarlas en cada caso es clave, sobre todo si el dolor persiste en el tiempo y se presenta en personas jóvenes, advierten desde la Sociedad Argentina de Reumatología (SAR).

Es que cuando el dolor se presenta en menores de 45 años y se prolonga durante más de tres meses, podría deberse a una enfermedad crónica de origen inflamatorio llamada espondiloartritis axial (EA), que en Argentina afectaría a unas 320.000 personas, aunque los especialistas sostienen que muchos no lo saben porque suelen confundir sus síntomas por los originados por malas posturas, esfuerzos o movimientos bruscos.

La EA se caracteriza por provocar lumbalgia, es decir, un dolor recurrente en la espalda baja. Es importante diferenciar en forma precoz esta enfermedad de otros tipos de dolor de espalda, ya que el tratamiento varía si el origen del dolor es mecánico (el más frecuente) o  inflamatorio.

“El síntoma más frecuente es el dolor lumbar. Éste se caracteriza por aparecer de noche, incluso suele despertar al paciente con la necesidad, en algunos casos, de levantarse y caminar para que este dolor ceda. Se acompaña de rigidez de columna por la mañana al levantarse y mejora cuando el paciente comienza a movilizarse. Algunos pacientes suelen tener inflamación de las articulaciones, más comúnmente de miembros inferiores como rodillas, caderas y tobillos”, explica Alejandra Babini, ex presidenta de la SAR y actual vocera.

La demora en el diagnóstico es uno de los obstáculos a los que se enfrentan los pacientes que sufren esta enfermedad. “Si bien ha mejorado en los últimos años, el diagnóstico correcto puede demorar años. Muchos consultan a médicos clínicos o traumatólogos, o inclusive se automedican con antiinflamatorios. Los reumatólogos somos aquellos que estamos capacitados para detectar esta enfermedad, realizar el tratamiento correspondiente y evitar así, la evolución de la enfermedad y la discapacidad que podría generar”, afirma.

Con el objetivo de mejorar el acceso a un diagnóstico temprano, especialistas en reumatología pertenecientes a diferentes centros públicos y privados de Buenos Aires, Bariloche, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, La Plata, Mendoza, Rosario, Salta, San Juan, Santa Fe y Tucumán, otorgarán turnos gratuitos para aquellos que presenten síntomas de la enfermedad, o tengan dudas acerca de su tratamiento. Para acceder a un turno hay que llamar del 20 al 24 de agosto al 0800 220 0082, de 9 a 14. También se puede solicitar a través de la web: http://www.pedirturno.com.ar/turnos

Desde la SAR advierten que el principal riesgo asociado al diagnóstico tardío es no acceder a un tratamiento adecuado. En la actualidad, existen varias alternativas terapéuticas para controlar la espondiloartritis: analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos, los basados en fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, la fisioterapia y las terapias biológicas.

Los especialistas estiman que un dolor puede ser inflamatorio si persiste por más de 3 meses o si al menos 4 de las siguientes 5 preguntas se responden de forma afirmativa:

✔️¿Comenzó a tener dolor de espalda antes de cumplir los 40 años?

✔️¿El dolor de espalda se ha ido incrementando gradualmente?

✔️¿Mejora su dolor de espalda con actividad física/movimiento?

✔️¿Le parece que el dolor de espalda no mejora cuando descansa?

✔️¿Su dolor de espalda lo/a despierta por la noche y lo/a obliga a levantarse?

 

Fuente: Clarín Salud

 

 

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Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, han encontrado una nueva forma de bloquear la causa raíz del dolor: la clave es una proteína de origen natural llamada proteína de unión a apolipoproteína A-I (AIBP). AIBP se une al receptor tipo 4 (TLR4), una proteína que se encuentra en la superficie de las células como una antena, buscando signos de infección o daño tisular.

Los investigadores descubrieron que tratar a los ratones con una única inyección espinal de AIBP y, por lo tanto, desconectar TLR4, previene e invierte la inflamación y los eventos celulares asociados con el procesamiento del dolor, según se informa en un artículo publicado este martes en ‘Cell Reports’. El tratamiento alivió el dolor de la quimioterapia en los roedores durante dos meses sin efectos secundarios.

“Los opiáceos y la mayoría de los demás analgésicos simplemente amortiguan la percepción de dolor de una persona. Pero la fuente del dolor sigue presente”, afirma el coautor principal Tony Yaksh, profesor y vicepresidente de investigación en el Departamento de Anestesiología de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego.

“Al mismo tiempo, los opiáceos también transmiten una sensación de placer, lo que lleva a su uso indebido y adicción. Lo que es tan especial acerca de nuestro nuevo enfoque, inhibir el receptor TLR4 con AIBP, es que realmente modifica los sistemas de procesamiento del dolor. Si piensas en el dolor neuropático como una enfermedad, entonces vemos esto como una verdadera modificación de la enfermedad. Estamos bloqueando el mecanismo subyacente que causa el dolor, no solo enmascarando los síntomas“, explica.

Históricamente, dice Yaksh, los investigadores pensaban que la inflamación y la lesión nerviosa eran eventos separados. Pero hace unos años, él, la coautora Maripat Corr y colaboradores descubrieron que a veces la inflamación puede pasar al dolor crónico con todas las características de una lesión nerviosa, un evento celular que involucra a TLR4. Este último avance comenzó hace tres años cuando Yaksh asistió a un simposio donde Yury Miller, profesor del Departamento de Medicina, y ahora coautor principal del estudio, hablaba sobre su trabajo acerca del metabolismo de los lípidos y la aterosclerosis.

Yaksh, cuyo laboratorio estudia el dolor, se dio cuenta de que ambos estaban mirando TLR4, pero por diferentes razones. Fuera de esa interacción casual, los dos comenzaron a trabajar juntos. “Mi especialidad es la aterosclerosis, la causa subyacente de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular, y hemos estado estudiando AIBP como un medio para tratar esa afección –dice Miller–. Y funcionó; el estudio ahora se publica en ‘Journal of Lipid Research’. Pero también nos sorprendió descubrir que, al mismo tiempo, AIBP previno y revirtió los estados de dolor crónico. 

Cuando Tony vio esos resultados, me dijo que era notable lo efectivo que era”.

En pruebas de laboratorio, los investigadores descubrieron que AIBP inhibía TLR4 al eliminar el colesterol de las balsas de lípidos: áreas ricas en colesterol de la membrana celular que ayudan a controlar cómo las células se comunican entre ellas y sus entornos. En ratones, las inyecciones espinales (intratecales) de AIBP redujeron las balsas lipídicas en las células inmunitarias del sistema nervioso central llamadas microglia. Las inyecciones también disminuyeron la activación de TLR4, la activación microglial y la inflamación en la médula espinal.

Después de la quimioterapia, los humanos y los animales a menudo desarrollan estados persistentes de dolor en respuesta al contacto más leve. En este estudio, los ratones que recibieron quimioterapia reaccionaron al tacto más leve. Pero una sola inyección intratecal de AIBP revirtió completamente el estado de dolor inducido por la quimioterapia y los ratones pudieron soportar niveles normales de estimulación mecánica. Este efecto analgésico duró dos meses y la inyección AIBP no afectó a las funciones motoras.

“Estamos trabajando en formas de administrar AIBP sistémicamente, pero si se trata de elegir entre vivir con dolor crónico o recibir una inyección espinal una vez cada pocos meses, creemos que la mayoría de la gente tomaría la inyección –subraya Miller–. Tal como está ahora, AIBP podría desarrollarse como terapia para el dolor intenso e incesante que solo responde a altas dosis de morfina. La AIBP eliminaría la necesidad de opioides y reduciría el potencial de abuso de drogas”.

Según Yaksh, de los 1,7 millones de pacientes que reciben un diagnóstico de cáncer cada año, se estima que al menos el 39 por ciento experimenta dolor en el curso del cáncer y después del tratamiento. Si cada uno de esos pacientes toma un promedio de 100 miligramos de morfina o su equivalente por día durante un año, la carga estimada de morfina sería de aproximadamente 24.000 kilogramos por año, y eso es solo para pacientes con cáncer.

“No estamos diciendo que no deberíamos usar opiáceos para tratar el dolor crónico o, en particular, el dolor por cáncer; eso sería una tragedia –afirma Yaksh–. Pero también sería una gran tragedia si no apoyáramos el trabajo para encontrar un sustituto para los opiáceos sistémicos”.

Fuente: Europa Press

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Investigadores de la Universidad de Granada lideran un estudio en ratones que ha demostrado que los fármacos bloqueantes del receptor sigma-1, logran que los leucocitos alivien el dolor que se siente cuando un tejido está inflamado.

 

Según ha informado hoy la Universidad de Granada, las células del sistema inmune, los leucocitos o glóbulos blancos, se acumulan en los tejidos del cuerpo humano cuando por ejemplo se produce un traumatismo o una herida, y su función principal es la reparación del tejido dañado.

Pero además de la función de reparación, estas células producen ciertas sustancias que promueven el dolor (denominadas algógenos), por lo que juegan un papel clave en el dolor que se siente cuando el tejido está inflamado.

Esto es también aplicable a ciertas patologías crónicas que cursan con inflamación y dolor, como en el caso de las artritis.

Según la Universidad, paradójicamente estos leucocitos, además de liberar algógenos, son capaces de producir péptidos opioides endógenos (como las endorfinas).

Estas sustancias tienen la misma actividad que los analgésicos opioides (fármacos para tratar el dolor intenso, como la morfina), que se usan desde hace milenios para tratar el dolor.

Sin embargo, el balance entre la actividad de los leucocitos a favor y en contra del dolor durante la inflamación favorece claramente al dolor, de hecho, la inflamación produce dolor.

El receptor sigma-1 es una proteína muy pequeña presente en las neuronas, capaz de modular la acción de los receptores opioides.

Este estudio ha descubierto que los bloqueantes del receptor sigma-1 son capaces de incrementar el efecto de estos péptidos opioides endógenos que producen los leucocitos, de manera que estas células del sistema inmune cuando están en el tejido inflamado alivien el dolor en lugar de producirlo.

Según el director del trabajo, el investigador de Farmacología e Instituto de Neurociencias de la Universidad de Granada Enrique Cobos, se trata de un mecanismo de alivio del dolor “totalmente novedoso, basado en maximizar el potencial analgésico de las células del sistema inmune, y que podría tener importantes aplicaciones terapéuticas en pacientes con dolor de origen inflamatorio”.

El estudio ha sido liderado por científicos de la Universidad de Granada junto a la empresa farmacéutica Esteve, el Instituto Teófilo Hernando de I+D del Medicamento y el Instituto de Biotecnología Molecular de Austria.

Fuente: EFE

 

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