Hoy en Revista Dosis

En 2010, la FDA alertó acerca de un ensayo clínico que sugería un posible aumento del riesgo de cáncer de próstata con el uso medicamentos que contienen entacapona para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. Ahora, una revisión de la FDA con datos adicionales no encontró un mayor riesgo de cáncer de próstata con el uso de esos fármacos.

La agencia emitió un comunicado en el que informa: “Se ha demostrado que los medicamentos que contienen entacapona con carbidopa y levodopa tratan eficazmente los síntomas de la enfermedad de Parkinson, como rigidez muscular, temblores, espasmos y un control muscular deficiente".

Estos medicamentos han sido aprobados y están en el mercado por casi 20 años. Se ha demostrado que la combinación de entacapona con carbidopa y levodopa en Stalevo reduce el fenómeno de “desgaste” en pacientes con enfermedad de Parkinson en mayor grado que con entacapona sola o con la combinación de dos medicamentos de carbidopa y levodopa.

Los profesionales de la salud deben seguir las recomendaciones estándar de detección de cáncer de próstata para los pacientes, que deben seguir tomando su medicación según lo prescrito”.

 

Nota Original: https://www.fda.gov/drugs/drug-safety-and-availability/fda-review-finds-no-increased-risk-prostate-cancer-parkinsons-disease-medicines-containing

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Investigadores de la Universidad de East Anglia y el Hospital de la Universidad de Norfolk y Norwich (Gran Bretaña) han desarrollado una prueba de orina para diagnosticar el cáncer de próstata agresivo y predecir si los pacientes necesitarán tratamiento hasta cinco años antes que los métodos clínicos estándar.

La nueva prueba experimental llamada ‘PUR’ (Riesgo de orina de próstata) también identifica a los hombres que tienen hasta ocho veces menos probabilidades de necesitar tratamiento dentro de los cinco años posteriores al diagnóstico. Se espera que el avance podría ayudar a un gran número de hombres a evitar una biopsia inicial innecesaria y repetidos seguimientos invasivos para pacientes de ‘bajo riesgo’ en vigilancia activa.

El cáncer de próstata es el cáncer más común en los hombres. Por lo general, se desarrolla lentamente y la mayoría de los cánceres no requerirán tratamiento. Sin embargo, resulta complicado predecir qué tumores se volverán agresivos, lo que hace difícil decidir el tratamiento para muchos pacientes. Actualmente, las pruebas que se usan con más frecuencia incluyen exámenes de sangre, un examen físico conocido como examen rectal digital, una resonancia magnética o una biopsia.

Desafortunadamente, carecemos de la capacidad de saber quién necesitará un tratamiento radical y quien no, señala la autora principal, Shea Connell, de la Facultad de Medicina de Norwich de la UEA. «La práctica actual evalúa la enfermedad de un paciente mediante un análisis de PSA en sangre, una biopsia de próstata y una resonancia magnética. Pero hasta el 75% de los hombres con un aumento del nivel de PSA son negativos para el cáncer de próstata en la biopsia. Mientras tanto, el 15% de los pacientes que no tienen elevado el PSA, sí tienen cáncer de próstata, y el 15 por ciento de éstos son agresivos».

Para combatir esta incertidumbre, señala, «e aplica una política de ‘vigilancia activa’, pero requiere seguimientos invasivos y la sensación constante de que un paciente tiene un cáncer con una historia natural incierta». Esto hace, añade, que «hasta el 50 por ciento de los hombres que se someten a una vigilancia activa elijan ellos mismos recibir tratamiento, lo necesiten o no. Está claro que hay una necesidad importante de pruebas adicionales y más precisas.

Los investigadores, coordinados por Colin CooperDaniel Brewer y Jeremy Clark, desarrollaron la prueba de riesgo de orina de próstata utilizando el aprendizaje automático para observar la expresión de genes en la orina a partir de muestras obtenidas de 537 hombres. Al examinar la expresión libre de células de 167 genes en muestras de orina, encontraron una combinación matemática de 35 genes diferentes que podrían usarse para producir las firmas de riesgo PUR. A diferencia de los test previos, que solo incluían una única firma genética, la nueva prueba utiliza cuatro firmas para proporcionar una evaluación simultánea de tejidos no cancerosos y grupos de riesgo (bajo, intermedio y alto riesgo) para mostrar la agresividad del cáncer.

Esta investigación muestra que el test podría usarse no solo para diagnosticar el cáncer de próstata sin la necesidad de una biopsia invasiva, sino también para identificar el nivel de riesgo de un paciente. Esto significa que se puede predecir si los pacientes con cáncer de próstata ya en vigilancia activa requerirán tratamiento.

En su opinión, «lo realmente emocionante es que la prueba predijo la progresión de la enfermedad hasta cinco años antes de que fuera detectada por métodos clínicos estándar y que, además, permitió identificar a los hombres que tenían hasta ocho veces menos probabilidades de necesitar tratamiento dentro de los cinco años posteriores al diagnóstico».

Los investigadores creen que, si esta prueba se usara en la clínica, se podría evitar una biopsia inicial innecesaria un gran número de hombres y reducirse drásticamente el seguimiento invasivo y repetitivo de hombres con enfermedad de bajo riesgo.

En la actualidad, las pruebas de diagnóstico para el cáncer de próstata son demasiado inespecíficas para diferenciar a las personas sin cáncer de próstata, aquellas con enfermedad de bajo riesgo que probablemente no tengan importancia clínica y aquellos con enfermedades que deberían tratarse. Este test tiene el potencial de mejorar la toma de decisiones clínicas al ayudar a diferenciar estos tres grupos, señala Robert Mills, cirujano del Hospital de la Universidad de Norfolk y Norwich.

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La Food and Drug Administration de Estados Unidos (FDA) aprobó la enzalutamida (Xtandi, Astellas / Pfizer) para el tratamiento de hombres con cáncer de próstata resistente a la castración (CRPC). La aprobación amplía la indicación para la terapia oral, que fue aprobada previamente para hombres con CRPC metastásico.

La enzalutamida se convierte en la segunda terapia dirigida a los receptores de andrógenos aprobada para su uso en este entorno. Apalutamida (Erleada, Janssen) fue aprobada en febrero.

“Con la aprobación de hoy, hay una nueva opción para los hombres con CRPC no metastásico, que se encuentran entre el fracaso de la terapia de privación de andrógenos que resulta en CRPC y la aparición de enfermedad metastásica”, dijo Jonathan Simons, MD, presidente de la Prostate Cancer Foundation.

La indicación extendida se basa en los resultados del ensayo PROSPER, en el que se comparó enzalutamida más  la terapia de privación de andrógenos (ADT) con ADT más placebo.

En el ensayo de 1401 pacientes, la enzalutamida disminuyó el riesgo de metástasis a distancia o muerte en un 71% (cociente de riesgos instantáneos: 0,29; intervalo de confianza del 95%: 0,24-0,35; p <0,0001), con una media de supervivencia libre de metástasis de 36,6 frente a 14.7 meses en el grupo placebo (una mejora de 21.9 meses).

Las reacciones adversas más frecuentes (≥ 10%) que se produjeron con mayor frecuencia en la rama de enzalutamida en comparación con la rama placebo fueron condiciones asténicas (40% frente a 20%), sofoco (13% frente a 7,7%), hipertensión (12% frente a 5.2 %), mareos (12% frente a 5,2%), náuseas (11% frente a 8,6%) y caídas (11% frente a 4,1%).

En general, los eventos adversos fueron más altos en la rama de enzalutamida que en la rama de placebo (cualquier grado: 87% frente a 77%, grados ≥ 3: 31% frente a 23%).

El 3,4% de los pacientes en la rama de enzalutamida y el 0,6% en la rama tratada solo con ADT fallecieron por eventos adversos. Las interrupciones con un evento adverso como causa principal se informaron para el 9,4% de los pacientes en el grupo de enzalutamida frente al 6% en el grupo de placebo.

 

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Los individuos expuestos a niveles más altos de esta luz durante la noche tienen entre 1,5 y 2 veces más riesgo de padecer estas enfermedades

 
 
Un estudio realizado por un equipo internacional liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación Bancaria La Caixa, ha observado una asociación entre niveles elevados de exposición a luz azul durante la noche y un mayor riesgo de padecer cáncer de mama y de próstata. La luz de espectro azul es aquella que emiten la mayoría de luces LED de tipo blanco y muchas pantallas de tabletas y teléfonos móviles.

 

«La Agencia Internacional de Investigación en Cáncer de la OMS (IARC) ha clasificado el trabajo en turno de noche como probable cancerígeno en humanos. Existen evidencias que apuntan a una relación entre el trabajo nocturno expuesto a la luz artificial, que implica disrupción del ritmo circadiano, y los cánceres de mama y de próstata. En este estudio queríamos averiguar si la exposición a la luz durante la noche en las ciudades puede tener alguna influencia en la aparición de estos dos tipos de cáncer», declara Manolis Kogevinas, investigador de ISGlobal y coordinador del estudio, publicado en la revista «Environmental Health Perspectives». «Sabemos que en función de su intensidad y longitud de onda, la luz nocturna, y en especial la luz de espectro azul, puede disminuir la producción y secreción de melatonina», afirma Martin Aubé, profesor de física en el CÉGEP de Sherbrooke (Canadá) y coautor del estudio.

La investigación se ha realizado en el marco del proyecto MCC-Spain, cofinanciado por el Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiologíay Salud Pública (CIBERESP), y ha contado con datos médicos y epidemiológicos de más de 4.000 personas de entre 20 y 85 años de once comunidades autónomas españolas. La información sobre la exposición nocturna a la luz artificial en el interior se recopiló mediante entrevistas personales, mientras que los niveles de luz exterior solo se evaluaron en Madrid y Barcelona, las únicas ciudades de las que se pudo obtener imágenes nocturnas tomadas por los astronautas de la Estación Espacial Internacional.

En los resultados obtenidos en ambas ciudades se observó que los participantes expuestos a niveles más altos de luz azul tuvieron entre 1,5 y 2 veces más riesgo de sufrir cáncer de mama y de próstata, respectivamente, comparado con la población menos expuesta.

«Un asunto de salud pública»
«Dada la ubicuidad de la luz artificial nocturna, determinar si incrementa o no el riesgo de cáncer es un asunto de salud pública. Llegados a este punto, es necesario realizar estudios adicionales que puedan disponer de más datos individuales utilizando por ejemplo sensores de luz, para medir los niveles de luz en espacios interiores. Sería también importante llevar a cabo esta investigación en personas jóvenes que utilicen extensamente pantallas que emiten luz de espectro azul», afirma Ariadna García, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio.

«Actualmente las imágenes tomadas por los astronautas de la Estación Espacial son nuestra única manera de conocer a gran escala el color del alumbrado exterior y el avance en la aplicación de los LED blancos que emiten luz en el espectro azul en nuestras ciudades», comenta Alejandro Sánchez de Miguel, científico del Instituto de Astrofísica de Andalucía-CSIC y la Universidad de Exeter.

Fuente: ABC – España

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Demuestran que los fármacos para tumores prostáticos metastásicos son igual de útiles en la población anciana que en los más jóvenes.

La Unidad de Urología Oncológica del Hospital Universitario Virgen del Rocío, de Sevilla, ha realizado un estudio para valorar la eficacia y seguridad del tratamiento con acetato de abiraterona o enzalutamida, últimos tratamientos surgidos en el ámbito del cáncer de próstata metastásico, en un entorno real en pacientes ancianos que no habían sido sometidos a quimioterapia previa, todos ellos mayores de 75 años.

El escenario metastásico del cáncer de próstata resistente al tratamiento convencional ha cambiado recientemente debido a la aprobación de estas dos familias de fármacos. “Todo esto tiene una mayor relevancia si se tiene en cuenta que, en un futuro próximo, el número de pacientes de edad avanzada aumentará significativamente como resultado del aumento global de la esperanza de vida y de las nuevas terapias que la prolongan”, ha asegurado Rafael Antonio Medina López, Jefe de Servicio de Urología del Hospital.

El objetivo era evidenciar que estos nuevos fármacos aportan beneficios a una población de varones cada vez más numerosa. “Las diferentes líneas de tratamiento existentes en la actualidad para el cáncer de próstata, desde sus fases más iniciales, logran una mejoría de la supervivencia, que en los casos más favorables supera el 90 por ciento a los diez años”, explica Medina. De esta forma, “era importante valorar si los beneficios que se esperan a este nivel de la enfermedad se consiguen también en la población mayor de 75 años, sin merma de su calidad de vida”.

En la práctica clínica diaria, los pacientes de edad avanzada deben ser tratados según los resultados de una cuidadosa evaluación geriátrica y de sus comorbilidades, y no deben excluirse de los nuevos tratamientos simplemente por su edad cronológica.

Este trabajo -premiado en el IX Congreso Europeo Multidisciplinario sobre Cáncer Urológico- se realizó entre enero de 2013 y diciembre de 2016 con la participación de 134 pacientes, 64 con menos de 75 años y 70 con edad superior, diagnosticados y tratados por un cáncer de próstata metastásico. “En los pacientes mayores de 75 años -comenta Medina- se valoraron minuciosamente sus comorbilidades, mediantes test validados para tal fin”. Asimismo, se analizaron los parámetros clínicos, analíticos y cuestionarios de calidad de vida en todas las visitas protocolizadas de seguimiento. Por último, se recogieron todos los efectos adversos aparecidos.

Resultados
Este equipo ha demostrado que la utilización de estos dos fármacos resulta igualmente segura y eficaz en hombres mayores de 75 años que en la población más joven. “No se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos (mayores y menores de 75 años) en relación a la supervivencia libre de progresión de la enfermedad, ni supervivencia global, ni incidencias de efectos secundarios. Esto apoya el beneficio que estos fármacos aportan a la población mayor de 75 años en cuanto su seguridad y eficacia”, ha indicado.

El siguiente paso es seguir profundizando en cómo los nuevos tratamientos, que llegarán en los próximos meses y años para el cáncer de próstata avanzado, actúan en este grupo poblacional, ya que será importante discriminar qué tratamiento les aporta beneficios, sin disminuir su calidad de vida.

Fuente: Diario Médico – España

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La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino que está ubicada por debajo y a la salida de la vejiga urinaria.  Contiene células que producen parte del líquido seminal que protege y nutre a los espermatozoides.  La hiperplasia prostática benigna (HPB) es un agrandamiento del tamaño de la glándula que comienza alrededor de los 50 años que, si bien no se relaciona con el cáncer de próstata, en algunos casos puede coexistir. 

 

Altera la calidad de vida de la persona

Los síntomas de la HPB generalmente son levantarse a la noche a orinar, disminución del calibre del chorro miccional, dificultad para iniciar la micción, aumento de la frecuencia miccional, sensación apremiante de ir al baño ante el deseo miccional y sensación de vejiga ocupada luego de orinar.  La HPB altera la calidad de vida del individuo pero además, con el tiempo, puede generar un deterioro del músculo de la vejiga, alterar la función de los riñones y llevar a la insuficiencia renal.

 

Opciones de estudios y tratamientos

Los estudios para hacer el diagnóstico de HPB son la ecografía para evaluar tamaño y repercusión sobre el músculo de la vejiga midiendo el grado de retención de orina, flujometría y/o estudio urodinámico (son estudios funcionales del árbol urinario bajo), tacto rectal y antígeno prostático específico (PSA) para descarta un cáncer asociado a la HPB.

 

Alternativas quirúrgicas y no quirúrgicas

Los tratamientos disponibles se dividen en dos grandes grupos: médicos y quirúrgicos. Dentro de los tratamientos médicos, hay recomendaciones en la dieta que pueden ayudar y diversos grupos de fármacos que mejoran los síntomas.

 

Por otro lado, en cuanto a los tratamientos quirúrgicos existen opciones de cirugía mínimamente invasiva sin incisiones y rápida recuperación, y cirugías convencionales. La cirugía con Láser Verde representa el tratamiento quirúrgico más moderno que ofrece una rápida recuperación del paciente y es adecuada para personas de alto riesgo para las otras alternativas quirúrgicas, como pueden ser edad avanzada o trastornos de la coagulación. Es importante resaltar que los tratamientos con medicamentos tienen sus limitaciones y es necesario un control estricto de la evolución de la enfermedad para evitar que se llegue tarde a un tratamiento quirúrgico por tener solapados los síntomas por los medicamentos.

 

El cáncer de próstata (CAP) es un tumor frecuente en el hombre y actualmente, gracias al diagnóstico temprano, se permitió una detección del tumor en estadios iniciales en los que la gran mayoría de ellos son curables.

 

A medida de cada paciente

La detección temprana se realiza mediante un control urológico el cual será a medida de cada paciente, teniendo en cuenta su edad y la presencia o no de factores predisponentes. El examen digital rectal y el antígeno prostático específico (PSA) son los pilares del diagnóstico temprano. En el PSA no hay un valor solo de referencia sino que el resultado del mismo hay que adecuarlo a cada paciente donde influyen la edad, tamaño de la próstata, patología prostática asociada, tratamiento con medicamentos que modifiquen los valores del PSA.

 

Existen opciones terapéuticas para todos los casos del CAP. No obstante, no todos los casos requieren un tratamiento activo y muchos pacientes con diagnóstico de CAP serán solamente observados.  El cáncer de próstata es una enfermedad polifacética que requiere de un enfoque específico para cada individuo.  El desarrollo de nuevas tecnologías como la radioterapia de intensidad modulada, la braquiterapia y la cirugía de mínima invasión han permitido tratar esta malignidad en estadios tempranos con mínimas consecuencias para la calidad de vida del paciente.

 

Las recomendaciones para el control preventivo de esta enfermedad son a partir de los 50 años y pacientes con antecedentes familiares, como padre o hermano a partir de los 45 años.

 

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