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Epidemiólogos españoles hallan asociaciones entre el número de muertes por tumores de esófago y la abundancia de plomo; cánceres de pulmón y cobre; tumor cerebral y arsénico; y cáncer de vejiga y cadmio.

 
 
El riesgo de morir por cáncer no es el mismo en todas las regiones geográficas. Son muchos los factores que influyen, incluido el tipo de suelo, que puede albergar metales pesados y semimetales carcinógenos para los seres humanos. La exposición crónica de una población a estos elementos tóxicos, que entran en el organismo a través de la cadena trófica y los alimentos, podría aumentar la frecuencia de determinados tumores en algunos territorios.

 

Investigadores del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) han valorado la posible asociación estadística entre las concentraciones de metales pesados del suelo y la mortalidad por diferentes tipologías de cáncer. Los resultados se han publicado en las revistas de acceso abierto Environmental Geochemistry and Health y Environmental Science and Pollution Research International.

Los datos se han extraído del Atlas Geoquímico de España, publicado por el IGME en 2012, y de una base de datos con las 861.440 defunciones por 27 tipos de cáncer que ocurrieron en los casi 8.000 municipios españoles entre 1999 y 2008. Los datos se pueden extrapolar a la actualidad porque la composición geoquímica del suelo es estable y los patrones de mortalidad por esta enfermedad no suelen variar.

Los autores han cruzado la información del tipo de suelo y la distribución geográfica de los tumores, aplicando análisis estadísticos y teniendo en cuenta la presencia de focos contaminantes locales o variables de tipo sociodemográfico que pudieran interferir en los resultados. Así , han encontrado diversas asociaciones, como una mortalidad más elevada en ambos sexos por cáncer de esófago en zonas con mayores concentraciones de plomo, y por cáncerde pulmón en áreas donde había niveles altos de cobre.

“También hemos detectado que las mayores concentraciones en suelo de cadmio, plomo, zinc, manganeso y cobre se asocian estadísticamente con una mayor mortalidad por cánceres del sistema digestivo en hombres”, explica Pablo Fernández, investigador del ISCIII y coautor del trabajo, “y en caso de las mujeres, una mayor mortalidad por cáncer de encéfalo en aquellas zonas con más contenido en cadmio”.

Los resultados también muestran una relación entre suelos con más cadmio y mayor mortalidad por cáncer de vejiga; así como terrenos con concentraciones elevadas de arsénico y más casos de fallecimiento por tumores cerebrales.

“Esta investigación sugiere que la composición geoquímica del suelo, en especial sus metales, podrían estar influyendo en la distribución espacial y los patrones de mortalidad del cáncer en España, independientemente del contexto sociodemográfico”, apunta Fernández, quien destaca “la gran contribución de este trabajo a la epidemiología ambiental y la salud pública en general”.

Cautela en la interpretación de los resultados

“No obstante –añade–, aunque es plausible que los contenidos de elementos tóxicos del suelo, aunque sean unos niveles muy pequeños, puedan suponer un componente más en la etiología del cáncer, hay que interpretar los resultados con mucha cautela, ya que las relaciones encontradas no permiten concluir que exista una relación causa-efecto. Nuestro estudio no dispone de datos de exposición individuales ni información sobre otros factores muy importantes en el origen del cáncer, como es el caso del tabaco, el consumo de alcohol o la obesidad”.

Gonzalo López-Abente, otro de los coautores y también investigador del ISCIII, coincide: “Las conclusiones se mueven en el campo de las hipótesis y de las asociaciones estadísticas, que tendrán que ser confirmadas con futuros análisis para comprobar si la propia composición del suelo tiene su correlato en los marcadores biológicos de los humanos. En cualquier caso, los resultados son plausibles y podríamos estar frente a un componente más de la etiología del cáncer”.

Fuente: Jano On Line -España

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Un acelerador de partículas atómicas va a generar la materia radiactiva que se usa para observar el grado de avance de tumores.
 
En 16 meses estará lista la obra que permitirá tener el primer ciclotrón en Córdoba que producirá las sustancias radiactivas indispensables para hacer diagnóstico de tumores mediante un equipo PET, sigla que resulta de los términos en inglés positron emission tomography, es decir, tomografía por emisión de positrones.Actualmente, esos radiofármacos llegan a las 15 desde Buenos Aires y, a partir de esa hora, comienza la atención de pacientes en el Departamento de Imágenes Moleculares del Instituto Oulton, donde funciona el único PET de la provincia.

 

“Cuando tengamos el ciclotrón, nosotros y cualquiera que quiera hacer PET en Córdoba vamos a tener una gran disponibilidad de material todos los días y vamos a tener muchas moléculas que no se pueden enviar a 500 kilómetros, pero sí a unas cuadras. Esto permitirá a los pacientes tener acceso a mucha mejor calidad de atención en patologías oncológicas”, remarca Marcelo Clariá, especialista en diagnóstico por imágenes y uno de los responsables de que el Instituto Oulton haya lanzado la primera piedra para producir localmente sustancias radiactivas con fines terapéuticos.

Los estudios con PET se utilizan, principalmente, en oncología, y van aumentando las indicaciones para problemas neurológicos como alzhéimer, párkinson y epilepsia. “Recién está arrancando el PET cardíaco en la Argentina, porque las moléculas que necesitamos no están disponibles, y en este caso también el tener un ciclotrón aquí nos va a permitir brindar servicios a los pacientes que hoy no podemos ofrecer”, apunta el especialista en medicina nuclear.

Un ciclotrón es un acelerador de partículas atómicas, con forma de tanque cilíndrico, en el cual se generan las condiciones para que del núcleo de los átomos resulten elementos radiactivos que emitan positrones. Luego, se desarrolla la radiofarmacia, que consiste en hacer que esas sustancias se adosen a otro compuesto (generalmente un tipo de azúcar) que funciona como transporte dentro del organismo. Ambas se administran al paciente, generalmente, en forma inyectable.

A diferencia del diagnóstico por imágenes convencional, donde equipos como ecógrafos o tomógrafos emiten radiación sobre el cuerpo para obtener imágenes, en medicina nuclear es el organismo el que dispara señales radiactivas que son captadas por un escáner PET.

Las imágenes del PET se complementan con las de una tomografía computada, ya que uno proporciona información sobre el funcionamiento de las células, y la otra, sobre la estructura.

“Si bien la información de la tomografía es invalorable, a veces importa más conocer el metabolismo de un tumor que su tamaño”, señala Clariá.

Además, en muchas oportunidades, el PET permite detectar tumores que la tomografía no puede hallar.

“En la mayoría de los casos, uno de los puntos fuertes del PET es volver a evaluar una enfermedad oncológica cuando hay duda de si reapareció o para saber si el tratamiento tuvo éxito. En muchas otras situaciones, antes de empezar el tratamiento, se hace un PET –por ejemplo, en linfoma– y esto permite estadificar el tumor y saber rápidamente si el paciente va a responder o no a una quimioterapia y ajustar la terapéutica”, precisa Clariá.

“Por eso, un PET bien pedido ahorra tiempo al paciente, le evita complicaciones innecesarias y le ahorra dinero al sistema de salud”, agrega.

De que el estudio esté “bien pedido” se ocupan actualmente en el Servicio de Medicina Nuclear: la secretaria recibe las solicitudes de turnos, y los otorga una vez que los médicos especialistas revisan la información que justifica (o no) la realización de un PET.

Recientemente, la directora del hospital Oncológico de la provincia, María Rosa di Noto, confirmó que “el ministerio compró un equipo PET” y descartó que vayan a adquirir un ciclotrón. “Esto no quiere decir que no se vaya a usar el equipo; evaluaremos en su momento dónde vamos a adquirir los radiofármacos”, aclaró.

Cómo se realiza el estudio

El procedimiento incluye la relajación del paciente.

En la primera parte, el paciente se sienta en un sillón, donde hace reposo una hora antes del estudio; lo ideal es que no hable. Esto es así porque, como los músculos consumen mucha azúcar, es necesario que las personas se relajen.

Se le coloca un suero para hidratarlo y, al cabo de una hora, se le inyecta el material radiotrazador. Se espera una hora más para que esa sustancia se metabolice.

Finalmente, el paciente pasa a realizarse el PET.

Fuente:

La Voz del Interior 
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El trabajo es llevado a cabo en el Laboratorio de Letalidad Sintética de la Universidad Nacional de Córdoba, el único centro del país con capacidad para realizar screenings de alto rendimiento.

La plataforma desarrollada tiene la capacidad de emular las diferencias entre las células normales y tumorales para encontrar compuestos activos con toxicidad selectiva.

“Se pueden analizar miles de compuestos por semana, buscamos los que tengan actividad para que después se puedan transformar en drogas”
Gastón Soria, investigador de la UNC y del Conicet, señaló en diálogo con Télam, que la plataforma es una “herramienta de búsqueda de drogas oncológicas y la particularidad que tiene es que se buscan drogas que sean lo más tóxicas posibles para la células tumorales y lo menos tóxica posible para las células normales del paciente”.

Actualmente, esta tecnología está siendo utilizada por el grupo de científicos en la búsqueda de fármacos selectivos para combatir el cáncer de mama —el de mayor incidencia en mujeres en el mundo— y el de ovario.

Añadió que con esta herramienta que es “de alto rendimiento con la que se pueden analizar miles de compuestos por semana, buscamos los que tengan actividad para que después se puedan transformar en drogas”.

Específicamente, cocultivan células tumorales con alteraciones en dos genes (BRCA1 y BRCA2), cuya mutación está directamente asociada a la aparición de tumores malignos.

“La particularidad que tiene es que se buscan drogas que sean lo más tóxicas posibles para la células tumorales y lo menos tóxica posible para las células normales del paciente”
No obstante aclaró que si bien el formato que tiene ahora la plataforma es “para ciertos tipos de cáncer de mama y de ovario, la idea es que se puede adaptar a otros tipos de tumores”.

La plataforma lleva operativa un año y, hasta el momento, hallaron 23 compuestos con un muy elevado nivel de citotoxicidad. De ellos, tres provienen de plantas nativas de Córdoba y los 20 restantes de la farmacéutica británica GlaxoSmithKline (GSK), que mediante un convenio forma parte del proyecto.

Esos activos fueron identificados luego de procesar 25.000 muestras en el Laboratorio de Letalidad Sintética que dirige Soria.

El científico destacó que “es la primera vez que una farmacéutica internacional como GSK comparte su propia biblioteca de compuestos con una institución académica”.

Soria precisó que de los compuestos que son analizados en la plataforma, “una parte importante son las plantas, para buscar en ellas si hay actividad antitumoral y para ello también trabajamos con otros grupos de la UNC y de la Universidad Católica de Córdoba, que nos proveen de extractos de plantas y nosotros identificamos si tienen actividad antitumoral”.

Fuente: Telam

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En el marco del informe anual de la Agencia europea de Medicamentos (EMA, según sus siglas en inglés), se informó que de los nuevos tratamientos aprobados en el viejo continente el año pasado el 26 por ciento del conjunto de las 92 opiniones positivas correspondieron a tratamientos contra el cáncer, porcentaje que asciende hasta el 31 por ciento en el caso de los 35 fármacos que incluyen nuevas moléculas. En total, 24 antitumorales recibieron la opinión positiva, de los que 11 son tratamientos que incluyen un principio activo completamente nuevo. Estas opiniones positivas de la EMA se convierten, en un trámite posterior, en decisiones de autorización por parte de la Comisión Europea. Así, en el caso de los 35 fármacos que incluyen nuevas moléculas, un total de 30 ya han sido autorizados, y de ellos el 33% son tratamientos oncológicos.

Los nuevos antitumorales aprobados en Europa se destinan a diversos tipos de tumores, como los cánceres de pulmón, riñón, mama y próstata, el carcinoma de células de Merkel, la leucemia linfoblástica aguda, los tumores neuroendocrinos y la leucemia mieloide aguda, entre otros.

Los datos europeos son coincidentes, en general, con los norteamericanos. Así, el 28 por ciento de los nuevos fármacos aprobados por la FDA estadounidense son tratamientos contra diferentes tipos de cáncer, hasta el punto de que la propia agencia reguladora ha considerado, en su informe anual, que 2017 ha sido "otro año fuerte para la puesta a disposición de los pacientes de nuevos antitumorales". La agencia destaca, además, que 2017 ha sido el año en el que se ha aprobado la primera terapia génica contra un tipo de cáncer, en este caso una forma de leucemia linfoblástica aguda.

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Viernes, 02 Febrero 2018 16:40

Día Mundial contra el cáncer

El próximo 4 de febrero se conmemora el Día Mundial Contra el Cáncer, una iniciativa de la Unión Internacional Contra el Cáncer (UICC) que bajo el lema “Nosotros podemos, yo puedo” tiene el objetivo de visibilizar la problemática de las enfermedades oncológicas, los desafíos de su atención y las mejores formas de prevenirlas y tratarlas.

En Argentina, según la Agencia Internacional de Investigaciones en Cáncer (IARC), para 2035 aumentarán 50% la incidencia de la enfermedad y 55,7% las muertes por esta causa. Si bien el descubrimiento de tratamientos innovadores puede ayudar a resolver y mejorar este escenario, los avances en la medicina sólo adquieren sentido si pueden llegar a los pacientes. Así, a través del trabajo en cuatro pilares clave: “concientización”, “diagnóstico”, “equipo capacitado” y “financiación”, Roche buscar acelerar el proceso de acceso de los pacientes a los tratamientos para el cáncer.

Mientras que la concientización sobre la enfermedad y sus síntomas resulta esencial para la detección temprana, el diagnóstico es vital para asegurar que los pacientes reciban el tratamiento adecuado de acuerdo a sus necesidades concretas. Además del desarrollo de tratamientos innovadores es necesario contar con un equipo capacitado, con profesionales entrenados y con el equipamiento adecuado; así como con la financiación para el reembolso de medicamentos y tests diagnósticos para que los pacientes puedan ser protegidos de la carga financiera que implica la enfermedad.

Según la UICC facilitar el acceso a todos los pacientes es fundamental para maximizar los resultados del tratamiento y la calidad de vida de las personas que padecen la enfermedad. La problemática del acceso es compleja, multidimensional y requiere trabajar en conjunto. Sumar esfuerzos para forjar alianzas innovadoras y multisectoriales que movilicen a la sociedad civil, a los gobiernos y a todos los sectores vinculados con la atención del cáncer.

 

 

 

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nyectar cantidades diminutas de dos agentes inmunoestimulantes directamente en tumores sólidos en ratones puede eliminar todos los rastros de cáncer en los animales, incluidas las metástasis distantes y no tratadas, según un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California, EEUU. El enfoque funciona para muchos tipos diferentes de cánceres, incluidos los que surgen espontáneamente, según el estudio.

Los científicos creen que la aplicación local de cantidades muy pequeñas de los agentes podría servir como una terapia contra el cáncer rápida y relativamente barata que es poco probable que cause los efectos secundarios adversos que a menudo se observan con la estimulación inmune en todo el cuerpo.

“Cuando usamos estos dos agentes juntos, vemos la eliminación de tumores en todo el cuerpo -explica Ronald Levy, profesor de Oncología-. Este enfoque evita la necesidad de identificar objetivos inmunes específicos del tumor y no requiere la activación al por mayor del sistema inmune o la personalización de las células inmunes de un paciente”.

Un agente ya está aprobado para su uso en humanos; el otro ha sido probado para emplearse en humano en varios ensayos clínicos no relacionados. En enero se lanzó un ensayo clínico para evaluar el efecto del tratamiento en pacientes con linfoma. Levy, catedrático de la Facultad de Medicina, es el autor principal del estudio, que se publica este miércoles en Science Translational Medicine. La profesora de Medicina Idit Sagiv-Barfi es la autora principal.

Efectos en todo el cuerpo

Levy es pionera en el campo de la inmunoterapia contra el cáncer, en la que los científicos tratan de aprovechar el sistema inmunitario para combatir el cáncer. La investigación en su laboratorio condujo al desarrollo de rituximab, uno de los primeros anticuerpos monoclonales aprobados para su uso como tratamiento anticancerígeno en humanos.

Algunos enfoques de inmunoterapia dependen de la estimulación del sistema inmune en todo el cuerpo; otros se dirigen a puntos de control naturales que limitan la actividad anticancerígena de las células inmunes. Aún otros, como la terapia de células T CAR recientemente aprobada para tratar algunos tipos de leucemia y linfomas, necesitan que las células inmunológicas de un paciente se eliminen del cuerpo y se modifiquen genéticamente para atacar las células tumorales.

Muchos de estos enfoques han sido exitosos, pero tienen desventajas, desde efectos secundarios difíciles de manejar hasta tiempos de preparación o tratamiento de alto costo. “Todos estos avances en inmunoterapia están cambiando la práctica médica -señala Levy-. Nuestro enfoque utiliza una sola aplicación de cantidades muy pequeñas de dos agentes para estimular las células inmunes solo dentro del tumor. En los ratones, vimos efectos sorprendentes en todo el cuerpo, incluida la eliminación de tumores en todo el animal”.

Los cánceres a menudo existen en un extraño tipo de limbo con respecto al sistema inmune y las células inmunes como las células T reconocen las proteínas anormales que a menudo están presentes en las células cancerosas y se infiltran para atacar el tumor. Sin embargo, a medida que el tumor crece, suele diseñar formas de suprimir la actividad de las células T.

El método de Levy funciona para reactivar las células T específicas para el cáncer inyectando cantidades de microgramos de dos agentes directamente en el sitio del tumor. Un microgramo es una millonésima de gramo. Uno de ellos, un tramo corto de ADN llamado oligonucleótido CpG, funciona con otras células inmunes cercanas para amplificar la expresión de un receptor activador llamado OX40 en la superficie de las células T.

El otro, un anticuerpo que se une a OX40, dispara las células T para dirigir la carga contra las células cancerosas. Debido a que los dos agentes se inyectan directamente en el tumor, solo se activan las células T que se han infiltrado en él. Estas células T son “preseleccionadas” por el cuerpo para reconocer solo proteínas específicas del cáncer.

Algunas de estas células T activadas por tumores dejan el tumor original para encontrar y destruir otros tumores idénticos en todo el cuerpo. El enfoque funcionó sorprendentemente bien en ratones de laboratorio con tumores de linfoma de ratón trasplantados en dos sitios en sus cuerpos. Inyectar en un sitio del tumor los dos agentes causó la regresión no solo del tumor tratado, sino también del segundo tumor no tratado. De esta manera, se curó el cáncer en 87 de 90 ratones.

Aunque el cáncer recidivó en tres de los ratones, los tumores retrocedieron nuevamente después de un segundo tratamiento. Los investigadores observaron resultados similares en roedores con tumores de mama, colon y melanoma.

Los animales genéticamente modificados para desarrollar espontáneamente cánceres de mama en las diez almohadillas mamarias también respondieron al tratamiento. El tratamiento del primer tumor que surgió a menudo evitó la aparición de futuros tumores y elevó significativamente la esperanza de vida de los animales, hallaron los investigadores.

Finalmente, Sagiv-Barfi exploró la especificidad de las células T trasplantando dos tipos de tumores a los ratones. Trasplantó las mismas células cancerosas de linfoma en dos lugares y una línea celular de cáncer de colon en un tercer lugar. El tratamiento de uno de los sitios de linfoma causó la regresión de ambos tumores de linfoma, pero no afectó al crecimiento de las células de cáncer de colon.

Fuente: El Economista (España)

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La prevalencia pacientes ingresados por cáncer que presentan interacciones farmacológicas clínicamente relevantes es del 26,1 por ciento. Así lo describe un estudio publicado en la revista Farmacia Hospitalaria (la publicación oficial de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, SEFH) que analiza las interacciones detectadas en el Virgen de la Arrixaca (Murcia) durante un mes.

Fueron 1.850 las interacciones detectadas, en 218 tratamientos. La prevalencia de tratamientos con interacción de nivel C (que aconseja un seguimiento) fue del 94,1 por ciento. La presencia de interacciones que aconsejaban una modificación del tratamiento o estaban claramente contraindicadas (niveles D y X) fue del 26,1 por ciento.

Los hospitales tienen especial cuidado con los pacientes oncohematológicos pues reciben antineoplásicos asociados con tratamientos de soporte, así como otros fármacos para tratar síndromes relacionados con el tratamiento. Además, los medicamentos que reciben suelen tener un estrecho margen terapéutico.

El trabajo, liderado por la farmacéutica María Sacramento Díaz Carrasco, indica que la mayoría de interacciones detectadas se produjeron entre fármacos de soporte y los destinados al tratamiento de comorbilidades, principalmente hipertensión arterial y diabetes.

Los antineoplásicos no son los protagonistas 

Los fármacos más involucrados en interacciones son los analgésicos opioides, seguidos por antipsicóticos (butirofenonas), benzodiacepinas, pirazolonas, glucocorticoides y heparinas. Las interacciones con antineoplásicos fueron mínimas, principalmente con paclitaxel o del metamizol con varios medicamentos.

Las interacciones más frecuentes del nivel X, que aconsejan evitar esa mezcla, fueron las de haloperidol con bromuro de tiotropio y domperidona, ipratropio asociado a butilescopolamina o dexclorfeniramina o linezolida asociado a morfina. La interacción más frecuente de todas fue, sin embargo, la de enoxaparina con metamizol magnésico, perteneciente al nivel C.

“Los resultados del estudio ahondan en la dificultad para valorar las interacciones farmacéuticas en la práctica clínica, en cuanto a gravedad potencial y repercusión en la terapia, así como en la necesidad de usar y comparar distintas bases de datos para la toma de decisiones”, concluye el trabajo.

Fuente: Redacción Médica (España)

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Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una prueba de sangre no invasiva que podría permitir la detección temprana de ocho tipos comunes de cáncer, según publica un artículo de la revista Science.

La descripción de esta prueba, basada en un análisis combinado de ADN y proteínas, es el resultado del trabajo de un equipo liderado por Joshua Cohen, del Centro Ludwig de Investigación del Cáncer, en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, Baltimore (EE.UU.).

El diagnóstico del cáncer antes de que se produzca metástasises una de las claves para reducir las muertes por estas enfermedades en el futuro, asegura Science.

Este nuevo método de diagnóstico está en principio diseñado para tratar de detectar el cáncer de ovario, hígado, estómago, páncreas, esófago, colorrectal, pulmón y mama.

En concreto, CancerSEEK, como se ha denominado a esta prueba, analiza mutaciones en 16 genes que están vinculadas a distintos tumores, así como 10 biomarcadores de proteínas circulantes en sangre.

Los investigadores estudiaron un total de 1.005 pacientes que habían sido diagnosticados con ocho tipos comunes de cáncer pre-metastásico -estos fueron diagnosticados en base a los síntomas de la enfermedad-.

En el trabajo también se incluyó el estudio a 850 individuos sanos.

Así, los científicos lograron que este test detectara cáncer con una sensibilidad de entre 69 y 98 por ciento -dependiendo del tipo de tumor- en estos más de mil pacientes.

Además, constataron que la probabilidad de que una persona sana reciba un resultado falso positivo “es muy baja”.

Para los responsables de este trabajo, el objetivo final de CancerSEEK es detectar el cáncer aún antes de que la enfermedad sea sintomática.

Los científicos estiman que el costo de este examen de sangre único podría ser inferior a los 500 dólares (408 euros), lo que supone una cuantía comparable o menor que algunas de las pruebas de revisión actuales, como la colonoscopia para el cáncer de colon.

Fuente: EFE

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Las inmunoterapias, esto es, los tratamientos diseñados para potenciar la actividad del sistema inmunitario, constituyen una de las opciones terapéuticas más novedosas y prometedoras en la lucha contra el cáncer. De hecho, a día de hoy ya se han aprobados distintos fármacos inmunoterápicos que, caso muy especialmente de los inhibidores de la ‘proteína de muerte celular programada 1’ (PD-1), resultan muy eficaces en el tratamiento de distintos tipos de tumores. El problema es que estos fármacos solo funcionan en una cuarta parte de los pacientes. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que las inmunoterapias, tal y como ocurre con todos los tratamientos, no están exentas de efectos secundarios. Entonces, ¿cómo saber si un paciente responderá o no a la inmunoterapia? Pues investigadores de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (EE.UU.) podrían haber hallado la forma de averiguarlo.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Journal of Clinical Investigation», muestra que la respuesta –o no– a la inmunoterapia parece estar condicionada por la cantidad de células presentadoras de antígeno que expresan la proteína ‘PD-L1’ y que se encuentran en torno al tumor.

Como explica Weiping Zou, director de la investigación, «las células presentadoras de antígeno son la verdadera guía. La expresión de ‘PD-L1’ en estas células es la responsable de la respuesta al tratamiento. Un hallazgo que cambia nuestra comprensión de las terapias para la inhibición de los puntos de control y de los biomarcadores que pueden predecir la eficacia clínica».

No es la PD-L1 tumoral

Las células tumorales cuentan con diversos mecanismos para evitar ser destruidas por el sistema inmune. Es el caso de la expresión de una proteína de superficie que, denominada ‘ligando 1 de muerte programada’ (PD-L1), se une específicamente a la PD-1 que se encuentra en la superficie de los linfocitos T y que actúa como ‘punto de control’ –o ‘checkpoint’– inmunológico. Y es que lo que hace esta PD-1 es suprimir la actividad de estos linfocitos T y, así, ‘apagar’ o bloquear la respuesta inmune, lo que da como resultado es que el tumor tenga vía libre para crecer y expandirse por el organismo.

Pero, ¿no hay nada que se pueda hacer? Pues sí. Se trata, simple y llanamente, de inhibir la PD-L1 o la PD-1 para que el organismo siga contando con un sistema inmunitario para combatir el tumor. La buena noticia es que el arsenal terapéutico ya cuenta con fármacos aprobados para bloquear la PD-L1 o la PD-1, siendo el requisito para su administración que losa células tumorales del paciente expresen la PD-L1. Sin embargo, estos fármacos no siempre funcionan en todos los pacientes cuyos tumores expresan esta PD-L1. Y por el contrario, sí han resultado eficaces en otros pacientes cuyas células cancerígenas no llegan a expresarla. Por tanto, parece que la clave no está en la presencia –o ausencia– de PD-L1.

Las células presentadoras de antígeno son la verdadera guía, pues su expresión de PD-L1 es la responsable de la respuesta al tratamiento
Como indica Weiping Zou, «la pregunta es: ¿por qué funciona en unos pacientes y en otros no? La verdad es que no entendemos muy bien el mecanismo por el que funciona. Y claramente, PD-L1 no es un marcador viable».

En el estudio, los autores utilizaron modelos animales –ratones– de cáncer colorrectal, de ovario, de pulmón y melanoma con el objetivo de analizar cómo influye la presencia de la proteína PD-L1 en la respuesta a la inmunoterapia. Y lo que vieron que la respuesta estaba condicionada no por la expresión de esta proteína, sino por la presencia en el microambiente tumoral de células presentadoras de antígeno –esto es, las células, muy especialmente las células dendríticas, que se encuentran cerca de los ganglios linfáticos y que son responsables de mostrar al resto del sistema inmune quién es el enemigo para que desencadene una respuesta ‘orquestada’ frente al mismo.

¿También en humanos?

En el año 2003, los propios autores ya publicaron un estudio en el que se vio que las células dendríticas expresan PD-L1 y que el bloqueo de esta PD-L1 en estas células presentadoras de antígeno conllevaba una regresión del tumor. Un hallazgo, por tanto, que podría interpretarse como un primer indicio de que las células dendríticas podrían ser un marcador de la eficacia de las inmunoterapias –pero en 2003 las inmunoterapias estaban en aún dando sus primero pasos y no había ningún fármaco inmunoterápico aprobado, por lo que no había manera de saber si el resultado tenía ninguna relevancia en este sentido.

Pero, más allá de los estudios con ratones, ¿la cantidad de células dendríticas puede ser un marcador de eficacia de las inmunoterapias también en los seres humanos? Pues sí. Los autores también analizaron muestras de tejido de melanoma y de cáncer de ovario tomadas a pacientes tratados con inmunoterapia. Y lo que vieron es que, una vez más, había una clara asociación entre el porcentaje de células presentadoras de antígeno que expresaban PD-L1 y la respuesta clínica al tratamiento.

Fuente: ABC España ( España )

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Una nueva prueba de biomarcadores desarrollada por investigadores del Centro Integral del Cáncer de Georgetown, en Estados Unidos, y sus colegas puede ayudar a predecir, con una certeza de hasta 90 por ciento, qué compuestos químicos pueden causar daño en el ADN que podría provocar cáncer, según se informa en un artículo publicado este lunes en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

Las pruebas de laboratorio actuales que evalúan la posible toxicidad en humanos debido a la exposición a compuestos químicos a menudo resultan en un alto número de resultados falsos positivos de agentes que pueden inducir daño en el ADN. Muchos de estos resultados positivos pueden reflejar toxicidad celular a altas dosis químicas en lugar de la genotoxicidad real (daño al ADN o a los genes), de forma que estos resultados falsos positivos a menudo conducen a pruebas de seguimiento costosas y que requieren mucho tiempo.

La falta de una prueba precisa, rápida y de alto rendimiento que evalúe la genotoxicidad ha sido un cuello de botella importante en el desarrollo de nuevos fármacos, así como en los ensayos sobre sustancias por parte de compañías químicas, cosméticas y agrícolas, dice uno de los investigadores de este trabajo, Albert J. Fornace Jr., profesor en los departamentos de Bioquímica y Biología Molecular y Celular, Oncología y Medicina Radiológica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown, y miembro del Centro Integral Lombardi sobre Cáncer de Georgetown, en Estados Unidos.

Esta necesidad se ve agravada por el hecho de que miles de productos químicos ya en uso han tenido poca evaluación toxicológica, si es que han tenido alguna, agrega. “Además, existe un mandato creciente para reducir las pruebas en animales”, dice Fornace, señalando que, en la Unión Europea, ya están prohibidas las pruebas con animales para ingredientes en productos cosméticos.

DETECCIÓN DE ALTO RENDIMIENTO

La nueva prueba, un panel de biomarcadores denominado TGx-DDI, se basa en genes que se transcriben o expresan activamente en una célula. Estos genes reflejan vías particulares que responden a varios tipos de estrés y pueden proporcionar más información sobre cómo las células responden a un tipo particular de lesión, en particular daño al ADN.

Aunque ha habido muchos estudios que han utilizado la expresión génica para medir las respuestas a las lesiones, una característica clave del enfoque actual es el desarrollo de un panel de biomarcadores de genes que puedan identificar el estrés debido al daño en el ADN.

Después de haber desarrollado el sólido panel de biomarcadores, un consorcio de investigadores académicos, gubernamentales y de la industria, organizado por el Instituto de Ciencias de la Salud y el Medio Ambiente, una organización sin fines de lucro a nivel mundial, seleccionó muchos productos químicos y medicamentos que representan distintas clases de sustancias tóxicas.

Los productos químicos incluían agentes conocidos que dañan el ADN, productos químicos que se sabe que son negativos para la genotoxicidad y no causan cáncer, y productos químicos que se conoce que no causan cáncer, pero que dieron resultados positivos en ensayos de genotoxicidad de laboratorio más antiguos.

Todos los agentes que dañan el ADN dieron positivo con la nueva prueba. Todos los productos químicos que se sabe que son negativos para la genotoxicidad y que no causaron cáncer dieron resultados negativos. Es importante destacar que nueve de cada diez resultados fueron negativos para los productos químicos que se sabe que no desatan cáncer, pero que mostraron un resultado positivo en las pruebas de genotoxicidad de laboratorio convencionales.

“En comparación con las pruebas más antiguas, nuestro enfoque permite una detección muy precisa y de alto rendimiento de los compuestos químicos que causan daño en el ADN y, potencialmente, cáncer en los humanos”, concluye Fornace.

Fuente: El Economista – España

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