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Un estudio publicado en la revista Gastroenterology prueba que el tratamiento con simvastatina disminuye las complicaciones de la insuficiencia hepática aguda crónica.

 
 
Investigadores españoles publican un estudio en la revista Gastroenterology que demuestra, en un modelo preclínico, que las estatinas mejoran la supervivencia y los síntomas característicos de la fase más avanzada de la cirrosis, la insuficiencia hepática aguda sobre crónica. El artículo, además, describe y valida el primer modelo animal para esta enfermedad, que ha permitido llevar a cabo los estudios de eficacia con el tratamiento. El trabajo lo han coordinado Jordi Gracia-Sancho, jefe del grupo Biología Vascular Hepática del IDIBAPS e investigador del CIBEREHD, y Jaume Bosch, investigador emérito del mismo grupo y del CIBEREHD. Los primeros autores son Dinesh Tripathi y Marina Vilaseca, investigadores del equipo.

 

La cirrosis y sus consecuencias clínicas se pueden agravar a causa de infecciones bacterianas, que pueden provocar la aparición de la insuficiencia hepática aguda crónica (Acute-on-Chronic Liver Failure, ACLF). Esta fase de la enfermedad se caracteriza por una descompensación aguda y un fallo en la función de múltiples órganos (corazón, riñón, pulmones, cerebro, etc), además del fallo hepático, por lo que es causa de una elevada mortalidad. “Poco se conoce sobre los mecanismos celulares y moleculares del ACLF con lo que no hay opciones terapéuticas disponibles. Hasta ahora, el único tratamiento definitivo era el trasplante de hígado”, explica Jordi Gracia-Sancho. “La investigación y el desarrollo de nuevas estrategias de diagnóstico y tratamiento para la ACLF resulta fundamental”, añade.

Diferentes estudios han demostrado la eficacia de las estatinas, fármacos inicialmente diseñados para controlar niveles elevados de colesterol, en la mejora de la hipertensión portal y sus complicaciones en las fases tempranas de la cirrosis. Para el estudio en Gastroenterology, los investigadores se han centrado en determinar si este tratamiento puede ser también eficaz en las fases más avanzadas.

Así, han desarrollado un modelo animal de ACLF a partir de la inducción de una infección bacteriana en ratas con enfermedad hepática crónica avanzada. Los investigadores han visto que el modelo animal mimetiza el que se observa en los pacientes con esta enfermedad, con lo que es válido para desarrollar estudios de eficacia con fármacos.

Después de esta observación, el siguiente paso ha sido probar si el tratamiento con simvastatina es eficaz en la disminución de las complicaciones del ACLF en el modelo. “Hemos observado que mejoran los síntomas asociados a la enfermedad, así como la supervivencia. Esto se debe a que disminuyen tanto la inflamación sistémica como la del hígado, lo que conlleva una mejora en la microcirculación hepática y una disminución de la hipertensión portal”, explica Marina Vilaseca.

“Esta terapia cubre una necesidad para un rango de la enfermedad hepática crónica para el que no había tratamiento. Hasta ahora habíamos demostrado la eficacia de las estatinas en diferentes fases de la cirrosis, y los mecanismos moleculares responsables, pero no en esta fase tan avanzada”, señala Jordi Gracia-Sancho. “El siguiente paso es llevar a cabo un ensayo clínico bien diseñado para evaluar los buenos resultados observados en el modelo preclínico”, concluye Jaume Bosch.

Fuente: Jano On Line /COFA

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Cada año, más de 17 millones de personas de todo el mundo y cerca de 120.000 españoles padecen un ictus o accidente cerebrovascular, esto es, una disminución u obstrucción del flujo sanguíneo cerebral –ictus isquémico, otrora denominado ‘infarto cerebral’– o una hemorragia por la rotura de un vaso sanguíneo en el cerebro –ictus hemorrágico, anteriormente conocido como ‘derrame cerebral’–. Un episodio cerebrovascular que a día de hoy se corresponde con una de las primeras causas de mortalidad y discapacidad en todo el planeta y que, tal y como han constatado infinidad de estudios, se encuentra fuertemente asociado con la hipertensión arterial y con el colesterol elevado. Entonces, ¿puede esperarse que la combinación de fármacos para bajar las cifras de presión sanguínea y de colesterol disminuya el riesgo de sufrir un ictus? Pues sí. De hecho, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad McMaster en Toronto (Canadá) muestra que las personas que toman antihipertensivos y estatinas tienen una probabilidad hasta un 44% inferior de padecer un primer ictus.

Como explica Jackie Bosch, directora de esta investigación presentada en el marco de la Conferencia Internacional sobre Ictus 2018 de la Asociación Americana del Corazón (AHA) celebrada este fin de semana en Los Ángeles (EE.UU.), «nuestros resultados muestran que para prevenir el ictus en las personas en riesgo moderado, deben reducirse las cifras de presión arterial y de colesterol en aquellas con hipertensión, así como reducir los niveles de colesterol en toda la población. Y para ello, ya contamos con fármacos que son muy bien tolerados, que presentan unos perfiles de seguridad muy buenos, y que facilitan una buena adherencia por parte de los pacientes».

La unión hace la fuerza

Cada año, los ictus son responsables de más de 6 millones de decesos en todo el mundo y de que hasta 5 millones de supervivientes padezcan una discapacidad permanente. Y es que el 30% de las personas que sufre un accidente cerebrovascular fallece a consecuencia del mismo y un 40% adquiere una discapacidad grave. De ahí la importancia, capital, de tomar medidas para reducir el riesgo de estos episodios, lo que se consigue con la toma de fármacos para reducir la presión arterial. Y asimismo, con los fármacos para bajar el colesterol. Pero, ¿qué pasa cuando se toman ambos fármacos a la vez?

Para responder a esta pregunta, los autores siguieron durante un periodo promedio de 5,6 años la evolución de 12.705 adultos de 21 países que, con una media de edad de 66 años y en su mayoría varones (54%), tomaban distintos tratamientos para reducir sus cifras de presión arterial y/o colesterol.

El siguiente paso será desarrollar una única píldora que logre reducir tanto las cifras de presión sanguínea como de colesterol
Concluidos los 5,6 años de seguimiento, se registraron un total de 166 ictus. Y de acuerdo con los resultados, los participantes que tomaban a diario un antihipertensivo –16 mg de un inhibidor de la enzima convertidora de la angiotensina II (IECA) denominado ‘candesartán’– y un diurético –12,5 mg de hidroclorotiazida– para disminuir su presión sanguínea elevada –143,5 mmHg o más de presión arterial sistólica (PAS), cuando los valores considerados normales son de 120 mmHg– experimentaron, frente a aquellos en su misma situación no tomaban nada, una reducción de su riesgo de ictus del 42%.

Por su parte, los participantes que tomaban todos los días una estatina –10 mg de ‘rosuvastatina’– para reducir su colesterol experimentaron, en comparación con los que tomaron placebo–, una disminución del 30% de su probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular.

Y llegados a este punto, ¿qué pasó en el caso de aquellos que tomaban a diario los dos antihipertensivos –IECA y diurético– y la estatina? Pues que se beneficiaron de la mayor reducción en el riesgo de ictus: un 44%. La unión hace la fuerza.

Objetivo: una única pastilla

En definitiva, tomar antihipertensivos y estatinas ayuda a reducir el riesgo de sufrir un primer ictus. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que hasta un 75% de los accidentes cerebrovasculares se producen en personas que nunca los habían padecido –o lo que es lo mismo, eran su ‘primer ictus’.

Así, y con objeto de facilitar el tratamiento, el siguiente paso será combinar ambos tipos de fármacos en una sola pastilla. Como concluye Jackie Bosch, «dados los resultados, estamos tratando de desarrollar una única píldora que produzca los mismos efectos que se logran con la toma de múltiples fármacos para bajar la presión sanguínea y el colesterol».

Fuente: ABC España (España)

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