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Las plaquetas sanguíneas que interactúan con las células hepáticas y las células inmunitarias desempeñan un papel importante en el desarrollo de la enfermedad del hígado graso, la inflamación del hígado graso no alcohólico y el cáncer de hígado, según demuestran científicos del Centro Alemán de Investigación del Cáncer (DKFZ, por sus siglas en inglés) en Heidelberg, en Alemania, y la Universidad de Zurich, en Suiza, y el hospital universitario ahora en una publicación. Los científicos también han desarrollado nuevos enfoques para el uso de fármacos para controlar el desarrollo de la enfermedad del hígado graso, lo que previene el cáncer de hígado a largo plazo.

La enfermedad del hígado graso no alcohólico se encuentra entre los trastornos hepáticos crónicos más comunes en los países industrializados occidentales y la tasa también está aumentando rápidamente en los países recientemente industrializados. Los expertos estiman que alrededor del 30 al 40 por ciento de la población mundial desarrolla esta afección hepática. En Estados Unidos, esta patología está en vías de convertirse en la indicación más frecuente para los trasplantes de hígado. Hasta la fecha, no existe un tratamiento médico efectivo para ello y las recomendaciones de tratamiento, por lo general, son un cambio de dieta y más ejercicio físico.

Los principales factores de riesgo para la enfermedad del hígado graso son la obesidad, particularmente relacionada con el exceso de grasa abdominal (visceral) y la diabetes mellitus tipo 2. Sin embargo, la dieta y la falta de actividad física son solo un aspecto en el proceso de la enfermedad, según ha descubierto un equipo dirigido por Mathias Heikenwälder, del Centro Alemán de Investigación del Cáncer (DKFZ), en Heidelberg, y de Achim Weber, del Hospital Universitario de Zurich.

Para que la patología del hígado graso progrese a inflamación del hígado, células inmunitarias específicas tienen que invadir el hígado. Pero ¿qué les atrae? “Ahora hemos demostrado, por primera vez, que las plaquetas desempeñan un papel clave en este proceso”, afirma Heikenwälder.

Hasta hace poco, solo se sabía que las plaquetas eran responsables de la coagulación de la sangre y la curación de heridas, pero los investigadores han encontrado cada vez más pruebas de que también están involucrados en numerosos procesos de patologías y en el desarrollo del cáncer. Heikenwälder y sus colegas ahora han demostrado que se encuentran niveles elevados de plaquetas en los hígados de roedores que se alimentan con una dieta rica en grasas. Hicieron observaciones similares en personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Cuando los roedores se trataron con fármacos anticoagulantes, ‘Aspirina’ y clopidogrel, que también influyen en las plaquetas, además de los alimentos ricos en grasa durante doce meses, disminuyeron la cantidad de plaquetas invasoras y la cantidad de células inmunitarias inflamatorias en el hígado. Los científicos lograron el mismo efecto cuando dieron a sus animales experimentales otro anticoagulante que específicamente inhibe solo la función de las plaquetas (ticagrelor). “Aunque los ratones se volvieron obesos, no desarrollaron enfermedad de hígado graso y cáncer de hígado”, resume Heikenwälder.

Macrófagos en el hígado, culpables de reclutar plaquetas invasoras

Los investigadores identificaron macrófagos especiales en el hígado, llamados células de Kupffer, como los culpables de reclutar plaquetas en el hígado. Además, parece ser crucial que las plaquetas sanguíneas invasoras se adhieran a las células hepáticas de Kupffer, lo que puede suceder en dos “sitios de acoplamiento” moleculares diferentes.

Una glicoproteína específica llamada GPIbalfa en la membrana de la superficie de las plaquetas juega un papel importante en esta maniobra de acoplamiento. Cuando los científicos utilizaron un anticuerpo para bloquear el GPIbalfa, la cantidad de mensajeros químicos en el hígado que reclutan células inmunitarias inflamatorias disminuyó.

Posteriormente, la inflamación del hígado también bajó. El trabajo actual de los investigadores en el equipo de Heikenwälder’s y Weber contribuye a mejorar nuestra comprensión de la enfermedad del hígado graso. Heikenwälder apunta: “Sobre la base de nuestros resultados, ahora se pueden desarrollar nuevos enfoques para tratar la enfermedad del hígado graso, como ya hemos demostrado en nuestros experimentos con ratones”. Afirma que es perceptible, por ejemplo, reducir la cantidad de plaquetas sanguíneas activas en casos de enfermedad del hígado graso o prevenir su unión y, por lo tanto, el reclutamiento de células inmunes inflamatorias.

Esto podría lograrse, por ejemplo, administrando anticoagulantes o anticuerpos contra GPIbalfa. En un estudio piloto, los científicos descubrieron que tratar a los pacientes con enfermedad del hígado graso con anticoagulantes lleva a la reducción de la proporción de grasa en el hígado y del tamaño del órgano. La visión de Heikenwälder es influir y proteger específicamente al hígado como órgano central del metabolismo. “Si logramos romper el ciclo de los procesos inflamatorios, podemos ayudar a las personas afectadas a reducir el riesgo de cáncer de hígado inducido por la enfermedad del hígado graso”, subraya.

La enfermedad del hígado graso es una afección en la cual el exceso de grasa se acumula en las células del hígado, pero las personas afectadas suelen no darse cuenta de ello. Sin embargo, es todo menos inofensiva. La enfermedad del hígado graso puede progresar hacia una inflamación del hígado con cambios patógenos, una afección llamada esteatohepatitis no alcohólica (NASH, por sus siglas en inglés), que en última instancia puede llevar a cirrosis hepática.

En la cirrosis, las células hepáticas mueren y son reemplazadas por tejido cicatricial; el órgano se contrae hasta que ya no puede funcionar correctamente. Al mismo tiempo, el riesgo de desarrollar cáncer de hígado aumenta. Además, la enfermedad del hígado graso afecta todo el metabolismo del cuerpo y eleva el riesgo de las personas de padecer diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Fuente: Europa Press / COFA

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El trabajo fue publicado en la prestigiosa revista “Developmental Cell” y da cuenta de una nueva respuesta metabólica durante la regeneración de ese órgano vital, cuando las células no pueden funcionar con normalidad. En qué consiste el descubrimiento.

El centro de investigaciones World Premier International Immunology Frontier Research Center, que pertenece a la Universidad de Osaka, Japón, designó al científico argentino Matías José Caldez como Investigador Especialmente Contratado (Advanced-Postdoc) para que continúe con sus investigaciones sobre daño hepático, metabolismo e inmunología.

Es que, con una vasta trayectoria profesional internacional, Caldez comenzó sus investigaciones sobre cáncer utilizando herramientas bioinformáticas para analizar cómo unas mutaciones comunes encontradas en cáncer de mama y de próstata afectan la función de las moléculas, en el Laboratorio de Biotecnología Molecular de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales (UnaM, Posadas, Misiones). Luego, se desempeñó como investigador en el Instituto de Biología Celular y Molecular, que es uno de los institutos de investigación de la Agencia de Ciencia, Tecnología e Investigación (Agency of Science Technology and Research, A*STAR Singapur). Durante su doctorado, estudió las modificaciones metabólicas de las células hepáticas, y qué sucede cuando el hígado sufre algún daño.

Así es como, utilizando modelos de ratones con modificaciones genéticas, descubrió una nueva respuesta metabólica cuando las células hepáticas no funcionan bien.

Cuando el hígado sufre algún daño, sus células pueden dividirse normalmente para recuperar las funciones del órgano, pero cuando está enfermo las células no pueden dividirse normalmente

Su hallazgo ayuda a entender cómo las células hepáticas cambian su metabolismo durante la regeneración del órgano.

“Cuando el hígado sufre algún daño, sus células pueden dividirse normalmente para recuperar las funciones del órgano. Sin embargo, cuando el hígado está enfermo, como sucede con gente que sufre de hígado graso o con cirrosis, las células no pueden dividirse normalmente. Esto tiene un impacto en la recuperación de los pacientes luego del trasplante de hígado, que es una de las terapias de primera línea recomendada para pacientes que sufren de problemas hepáticos como el hígado graso”, explicó Caldez.

Para avanzar en la investigación, Caldez y sus colegas se preguntaron si existe alguna relación entre la división celular de las células del hígado y su metabolismo. “Entonces apelamos a una estrategia innovadora con la cual inhibimos la división celular en ratones utilizando métodos por los cuales podemos eliminar genes específicamente en células hepáticas. Estos ratones modificados genéticamente llevan mutaciones en un gen que se llama Cdk1, que es esencial para la división celular. Luego utilizamos métodos de biología molecular con los cuales cuantificamos los cambios en todos los genes y las moléculas involucradas en el metabolismo (metabolitos), y con modelos computacionales integramos esta enorme cantidad de datos para ver cuáles son los cambios centrales en el metabolismo cuando las células del hígado no pueden dividirse y cuando se dividen normalmente durante la regeneración del hígado luego de un daño profundo”, detalló.

En concreto, se descubrió que cuando las células no se dividen bien pueden inducir a la regeneración, a través de un nuevo tipo de regeneración por crecimiento celular. En este proceso hay un profundo cambio en el metabolismo de los carbohidratos con un incremento significativo en el metabolismo de aminoácidos. Finalmente, modificaron los protocolos de cirugía en ratones para desarrollar escaneo de las vías metabólicas utilizando análisis de escaneo molecular de avanzada.

Este descubrimiento ayuda significativamente a entender cómo las células del hígado cambian su metabolismo durante la regeneración hepática. “Estamos muy contentos con nuestros resultados porque pudimos combinar tecnología de última generación con estudios de imagen molecular de avanzada para brindar una descripción en detalles de los cambios metabólicos durante la regeneración de tejido en el hígado. Esto tiene implicaciones directas en la clínica, sobre todo para pacientes que requieren trasplante hepático”, puntualizó el investigador, que realizó este trabajo bajo la dirección del profesor Philipp Kaldis.

El trabajo fue publicado en la prestigiosa revista Developmental Cell del grupo Cell Press, y es la contribución en conjunto de un gran equipo de trabajo, con investigadores de Singapur, Suiza, China y el Reino Unido. Gracias a estos resultados, Caldez fue contratado por el famoso inmunólogo profesor Shizuo Akira, director del World Premier International Immunology Frontier Research Center. Su trabajo actual se enfoca en el desarrollo de inmunoterapias para mejorar la regeneración hepática, y trabaja en colaboración con el laboratorio del doctor Mikael Martino, del Australian Regenerative Medicine Institute (Monash University, Melbourne, Australia).

Fuente: Infobae / COFA

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