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En días de altas temperaturas, el exceso de exposición al sol en las horas de mayor radiación (entre las 10 y las 16hs) sumado a la falta de reposición de líquidos y al uso de ropa inadecuada , producen aumento de la temperatura corporal y deshidratación, sobre todo en los niños menores de 1 año, quienes constituyen una de las poblaciones más susceptibles, ya que no tienen desarrollado plenamente el mecanismo de regulación de la temperatura corporal, presentan una mayor sudoración y no manifiestan su sensación de sed.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría, recomiendan estar atentos a síntomas como cefaleas, mareos, irritabilidad, decaimiento, debilidad muscular, sequedad de mucosas (labios, boca, lengua) acompañadas de aumento de la temperatura corporal y enrojecimiento facial y corporal. También a síntomas gastrointestinales como inapetencia, sed intensa, náuseas, vómitos y tendencia al sueño.

Algunas de las recomendaciones de los especialistas para proteger a los más pequeños son hidratarlos y refrescarlos permanentemente, evitar la exposición al sol, usar ropas livianas holgadas y de colores claros, y sombreros de ala ancha.

En los mayores de 6 meses, usar protectores solares con factor 30 o superior (de amplio espectro, contra los rayos UVA y UVB) y colocarlos 30 minutos previos a la exposición, esparcirlos en toda la superficie corporal y reiterar cada 2 horas y después de los baños.

En opinión de la Dra. Noemí D’Artagnan, médica pediatra y Secretaria del Comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), “es indispensable la reposición adecuada de líquidos: en los lactantes menores de 6 meses con lactancia materna exclusiva, aumentar la frecuencia de amamantamiento y en los más grandes hidratarlos con agua segura y fresca (potable o hervida fría) y jugos frutales naturales. Ante altas temperaturas, debe incrementarse el aporte de líquidos entre un 20 y un 50 por ciento por encima de lo habitual para reponer las pérdidas por sudoración”.

Ante la aparición de alguno de los síntomas de insolación o golpe de calor, la Dra. Vanina Stier, pediatra y Pro-Secretaria del Comité de Pediatría Ambulatoria de la SAP, aconsejó favorecer la reposición adecuada de líquidos, poner a los pequeños en lugares frescos y ventilados, sacar ropas y refrescar con abundante agua la cabeza, el cuello y toda la superficie corporal y, sobre todo en los más pequeños, concurrir al centro asistencial más cercano para su evaluación.

Pero ambas especialistas alertaron también que, epidemiológicamente, en época estival son habituales los síndromes diarreicos con circulación viral, predominantemente en lactantes y niños pequeños, y diarreas bacterianas estivales más frecuentes en niños mayores por los hábitos de alimentación. Otros factores que favorecen la presentación de diarreas son agua y alimentos contaminados, inadecuado manejo de pañales o viajes a lugares endémicos.

Estas diarreas pueden contribuir a generar cuadros de deshidratación y se expresan con síntomas como intolerancia a los líquidos, vómitos, fiebre y mayores pérdidas por deposiciones frecuentes. También sequedad de mucosas, disminución de las micciones (pañales secos), decaimiento, irritabilidad y somnolencia.

“Las principales medidas de prevención para evitar las diarreas estivales son mantener la lactancia materna en niños pequeños que la reciben y medidas de higiene alimentaria como lavado frecuente de manos, consumir agua potable segura o hervida, asegurarse de que se mantenga la cadena de frío en aquellos alimentos que lo requieran, cocinar bien las carnes, lavar adecuadamente frutas y verduras y consumirlas preferentemente sin cáscara. También usar utensilios de cocina solo para carnes y evitar compartirlos con otros alimentos”, consignó la Dra. D’artagnan.

“Una vez producidas, en primer lugar es necesario evaluar el estado de hidratación del paciente, que -dependiendo de la edad- puede implicar mayor riesgo. Los niños pequeños son más proclives a perder líquidos y electrolitos por su metabolismo y superficie corporal. Se recomienda reponer con líquidos de ser posible probando tolerancia oral, agua –fundamentalmente- o sales de rehidratación oral y sostener la lactancia materna en aquellos niños que se encuentren recibiéndola”, concluyó la Dra. Stier.

Fundada el 20 de octubre de 1911, la Sociedad Argentina de Pediatría (www.sap.org.ar) es una de las instituciones científicas de mayor antigüedad en el país. Congrega a los médicos pediatras y a interesados en el estudio y la atención del ser humano en su período de crecimiento y desarrollo.

Su independencia de intereses sectoriales y coyunturales la ha convertido en una entidad asesora de gobiernos, universidades y distintas organizaciones de la comunidad en el área materno infanto-juvenil.

El destino y el trabajo de la Sociedad Argentina de Pediatría se construyen diariamente con el esfuerzo mancomunado de sus más de 17.000 asociados, a través de 45 Filiales y 4 Delegaciones organizadas en 9 Regiones. Los profesionales que la integran aportan su esfuerzo solidario en pos de los objetivos societarios sólidamente ligados a la causa de la infancia.

El lema de SAP “por un niño sano en un mundo mejor” señala no sólo la mirada integradora de la pediatría, sino su compromiso con una realidad histórico-social que le confía su futuro.

La SAP, a través de su cooperación con otros organismos internacionales (como UNICEF y OPS) y su integración a la Asociación Latinoamericana de Pediatría (ALAPE) y a la Asociación Internacional de Pediatría (IPA), y el Foro de Sociedades de Pediatría del Cono Sur (FOSPECS), participa del movimiento pediátrico mundial.

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Miércoles, 04 Diciembre 2019 15:29

Niños y diabetes tipo 1

El estudio sobre los determinantes ambientales de la diabetes en los jóvenes (TEDDY) muestra una asociación entre la infección prolongada por enterovirus y el desarrollo de autoinmunidad a las células beta pancreáticas productoras de insulina que preceden a la diabetes tipo 1 (T1D). Investigadores de la Universidad del Sur de Florida y la Facultad de Medicina Baylor hallaron, además, que la infección temprana por adenovirus C parecería conferir protección contra la autoinmunidad. La investigación fue publicada en la revista Nature.

Desde hace tiempo se sospecha que los virus están involucrados en el desarrollo de T1D, una condición autoinmune, aunque la evidencia pasada no ha sido lo suficientemente consistente como para probar una conexión. Los investigadores de la Facultad de Medicina Morsani de la Universidad del Sur de Florida (USF Health), la Facultad de Medicina Baylor y otras instituciones estudiaron muestras disponibles a través del estudio TEDDY, el mayor estudio de cohorte observacional prospectivo de recién nacidos con un mayor riesgo genético para T1D. TEDDY estudia niños pequeños en los Estados Unidos (Colorado, Georgia / Florida y el estado de Washington) y en Europa (Finlandia, Alemania y Suecia).

“Años de investigación han demostrado que la DT1 es compleja y heterogénea, lo que significa que más de una vía puede conducir a su aparición”, señala el autor principal Kendra Vehik, PhD, MPH, epidemiólogo y profesor del Instituto de Informática de la Salud de la USF.

“La DT1 generalmente se diagnostica en niños, adolescentes y adultos jóvenes, pero la autoinmunidad que la precede a menudo comienza muy temprano en la vida”.

“La diabetes tipo 1 ocurre cuando el sistema inmunitario destruye sus propias células beta productoras de insulina en el páncreas. La insulina es una hormona que regula el azúcar en la sangre en el cuerpo. Sin ella, el cuerpo no puede mantener los niveles normales de azúcar en la sangre causando serias complicaciones médicas ”, explica el coautor Richard Lloyd, PhD, profesor de virología molecular y microbiología en el Baylor College of Medicine.

En el estudio actual, Vehik y sus colegas estudiaron el viroma, es decir, todos los virus en el cuerpo. Analizaron miles de muestras de heces recolectadas de cientos de niños seguidos desde el nacimiento en el estudio TEDDY, buscando identificar una conexión entre los virus y el desarrollo de autoinmunidad contra las células beta productoras de insulina. El virus Coxsackie se ha implicado anteriormente en la diabetes tipo 1, pero los resultados actuales proporcionan una forma completamente nueva de hacer la conexión, al identificar virus específicos que se eliminan en las heces. Los investigadores se sorprendieron al descubrir que una infección prolongada de más de 30 días, en lugar de una infección corta, se asociaba con la autoinmunidad.

“Esto es importante porque los enterovirus son un tipo de virus muy común, que a veces causa fiebre, dolor de garganta, erupción cutánea o náuseas. Muchos niños los contraen, pero no todas las personas que contraen el virus contraerán T1D ”, dijo Vehik. “Solo un pequeño subconjunto de niños que contraen enterovirus desarrollará autoinmunidad de células beta. Aquellos cuya infección dura un mes o más estarán en mayor riesgo “.

Las células beta del páncreas expresan una proteína de la superficie celular que les ayuda a comunicarse con las células vecinas. Esta proteína ha sido adoptada por el virus como una molécula receptora para permitir que el virus se una a la superficie celular. Los investigadores descubrieron que los niños que portan una variante genética particular en este receptor de virus tienen un mayor riesgo de desarrollar autoinmunidad de células beta.

“Esta es la primera vez que se ha demostrado que una variante en este receptor de virus está vinculada a un mayor riesgo de autoinmunidad de células beta”, dijo Vehik. En última instancia, este proceso conduce a la aparición de T1D, una enfermedad potencialmente mortal que requiere inyecciones de insulina de por vida para su tratamiento.

Otro descubrimiento fue que la presencia en la vida temprana de adenovirus C, un virus que puede causar infecciones respiratorias, se asoció con un menor riesgo de desarrollar autoinmunidad. Queda por investigar si tener adenovirus C en la vida temprana protegería del desarrollo de la autoinmunidad de las células beta. Los adenovirus usan el mismo receptor de la superficie de la célula beta que el Coxsackie B, que puede ofrecer una pista para explicar esta conexión, aunque se necesita más investigación para comprender completamente los detalles.

Todavía se desconocen otros factores que afectan la autoinmunidad y el desarrollo de T1D, pero el estudio TEDDY está trabajando para identificarlos. Los investigadores buscan obtener información sobre las exposiciones que desencadenan T1D mediante el estudio de muestras que se tomaron antes del desarrollo de la autoinmunidad, comenzando cuando los participantes de TEDDY tenían 3 meses de edad. Tales hallazgos podrían identificar enfoques para potencialmente prevenir o retrasar la enfermedad.

“En conjunto, nuestro estudio proporciona una nueva comprensión de los roles que los diferentes virus pueden desempeñar en el desarrollo de la autoinmunidad de las células beta vinculadas a la DT1, y sugiere nuevas vías de intervención que podrían prevenir la DT1 en algunos niños”, señala el Dr. Lloyd.

Fuente: Universidad del Sur de Florida

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Se sabe que el 75% de las quemaduras en niños pequeños se deben a líquidos calientes, como bebidas, agua del grifo o vapor, y que son una causa frecuente de internación en niñas y niños. Las quemaduras pueden dejar secuelas importantes e incluso poner en riesgo la vida. En Argentina, todos los días una niña o niño sufre quemaduras moderadas o de gravedad. El 90% de esas quemaduras se producen en el hogar: el lugar donde con las medidas adecuadas pueden reducirse y prevenirse.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las quemaduras ocasionan aproximadamente 180.000 muertes al año, en su gran mayoría tienen lugar en los países de ingresos bajos y medianos.

Una quemadura es una lesión a la piel u otro tejido orgánico causada principalmente por el calor o la radiación, la radioactividad, la electricidad, la fricción o el contacto con productos químicos. Las quemaduras son la quinta causa más común de lesiones que pueden ser fatales durante la infancia.

Es importante saber que los niños y niñas más expuestos a quemarse son los menores de dos años y que las quemaduras suceden en los hogares en todas las épocas del año, por deficiencias en el gas o la electricidad y la falta de prevención sobre el acceso de los nenes y nenas a situaciones que los ponen en peligro.

En la Unidad de Quemados Garrahan se reciben pacientes a partir del mes de vida y hasta 16 años cumplidos. Por año, se internan alrededor de 50 pacientes quemados graves, la mayoría por fuego más síndrome inhalatorio. “Son pacientes que han sufrido tanto que se convierten en rescilientes ante el incidente sufrido con gran impacto físico, psíquico, y social”.

“La quemadura grave y crítica es el hipertrauma más grave que puede sufrir un ser humano”, afirmó la médica coordinadora de la UCI Quemados del Garrahan, Mable Villasboas, quien explicó que “en nuestro caso lo vemos en niños y niñas que deben afrontar una rehabilitación muy compleja, aceptar su nuevo aspecto físico y muchas veces también superar la pérdida en el siniestro de una parte o la totalidad de sus seres amados”.

Las quemaduras son lesiones traumáticas que pueden ser intencionales o no. Todas las quemaduras no intencionales son prevenibles y, está comprobado, la mayoría de estos incidentes suceden en el hogar, en presencia de la familia. “Por ello recalcamos siempre la importancia de trabajar en la educación y concientización de esta enfermedad: la quemadura”, sostuvo Villasboas.

 

Fuente: Consenso Salud

 
 
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Miércoles, 16 Octubre 2019 15:54

1 cada 14 niños en nuestro país nace con bajo peso

El retardo de crecimiento intrauterino se produce cuando un bebé dentro del útero materno deja de crecer durante la gestación, lo que puede dar origen a un niño con bajo peso de nacimiento (BPN). Las causas de esta situación pueden ser ambientales, insuficiencia placentaria, maternas (edad, paridad, nutrición, enfermedades crónicas, medicaciones, tabaquismo, alcohol), y de origen genéticas o epigenéticas del propio feto. Es una condición que en Argentina afecta al 7,3% de los niños, lo que representa una proporción de 1 cada 14 recién nacidos. De ellos, un 10% no recupera espontáneamente la talla y debe ser controlado por un endocrinólogo pediatra para evaluar la causa del retraso de crecimiento y decidir el tratamiento necesario. Si no hay otras patologías subyacentes, estos niños pueden necesitar tratamiento con hormona de crecimiento para alcanzar una talla adecuada

En el marco de un encuentro científico denominado Jornadas de Actualización en Endocrinología Pediátrica ‘Connect 365’, organizado por el laboratorio Merck, los especialistas recomendaron un diagnóstico y seguimiento temprano para todos los niños nacidos con BPN, no sólo para aquellos que presentan retraso de crecimiento posnatal, sino también para el restante 90% que -aun presentando un crecimiento normal posnatal- podrá en la adultez desarrollar otras patologías como hipertensión, diabetes, alteraciones metabólicas y enfermedades cardiovasculares. Por esto último, es muy importante que estos niños lleven una vida saludable en cuanto a alimentación, actividad física regular, evitando aumentos bruscos de peso y consumo de sustancias tóxicas en la adolescencia (alcohol, tabaquismo).

“El retardo de crecimiento se da en todo el mundo, con prevalencias y etiologías diferentes. Es una condición que, por distintas causas, se presenta en todos los niveles socioeconómicos. Por ejemplo, en madres de bajos niveles socioeconómicos predomina la nutrición inadecuada, anemia o mayor prevalencia de infecciones, mientras que en los niveles medios y altos, por técnicas de reproducción asistida, tabaquismo, exceso de estrés o por otras patologías crónicas”, sostuvo la Dra. Marta Ciaccio, endocrinóloga pediatra y Jefa del Servicio de Endocrinología del Hospital Juan P. Garrahan.

“Un trabajo reciente, de nuestro país, muestra en espejo cómo aumentó la incidencia de BPN luego de la crisis económica de 2001, cuando bajó el Producto Bruto Interno. Luego, cuando se recupera el PBI, vuelve a los niveles habituales. La crisis socioeconómica afecta la nutrición, la calidad de vida y las prestaciones médico-asistenciales de prevención y protección de la salud, que son tan importantes durante el embarazo y lactancia, explicó la Dra. Ciaccio.

En la misma línea, el Lic. Juan Llach, sociólogo y economista de la Universidad Católica Argentina y de la Universidad de Buenos Aires, señaló que “predominan las evidencias de que, junto a los factores genéticos, el nivel socioeconómico es determinante de la altura de las personas, vía la nutrición de los progenitores (especialmente de la madre) y las prácticas de crianza. Sin embargo, todavía no está claro si estos determinantes, o sus resultados socioeconómicos, no pueden compensarse a posteriori con la estimulación, la nutrición y la educación a partir de los jardines de infantes y aún en la educación primaria. Tampoco están claros los roles de los factores genéticos y su interacción con los socioeconómicos”.

Para la Dra. Nora Saraco, doctora en Biología Molecular y Bioquímica del Laboratorio de Endocrinología Molecular del Servicio de Endocrinología del Hospital Garrahan, quien también participó del encuentro, “está descripto -mediante el estudio en placentas- que en algunos casos de retardo de crecimiento intrauterino está modificada la expresión de genes y esto está relacionado con la epigenética”.

La epigenética comprende a las modificaciones en la estructura del ADN que hacen que cambie la expresión fenotípica del genoma sin alterar la secuencia del ADN, en la cual pueden intervenir factores del ambiente, alimentación, clima, estado psicológico, estrés, tóxicos y medicamentos, entre otros.

“Todos estos factores pueden modificar el ADN, por procesos epigenéticos, y eventualmente estar involucrados en el retraso de crecimiento intrauterino. Lo que se está estudiando actualmente es qué mecanismos epigenéticos y qué genes están involucrados”, afirmó la Dra. Saraco.

Según explicó la Dra. Ciaccio, nacer con BPN no es una enfermedad, pero es una condición de la que pueden esperarse problemas a corto y a largo plazo. “Los niños nacidos con BPN tienen una prevalencia mayor de complicaciones a corto plazo, como exceso de glóbulos rojos, hipoglucemia e infecciones neonatales, que pueden requerir internación y cuidados especiales. Entre las consecuencias a largo plazo, puede haber talla baja en la infancia y adultez y en la edad adulta son más frecuentes las alteraciones metabólicas e hipertensión arterial. No es causa-efecto, pero estas condiciones son epidemiológicamente más frecuentes en este grupo de pacientes”, señaló.

“Al momento del nacimiento, no hay subdiagnóstico, sí puede haberlo después, durante el control pediátrico de los niños, en el caso de que el pediatra no conozca el antecedente de BPN, y por lo tanto no pueda considerarlo como posible diagnóstico de la causa de la baja talla del niño. Hay una ventana de tratamiento que es aproximadamente a partir de los 4 años, que es cuando se debe investigar si los niños nacidos con BPN han recuperado un carril de crecimiento dentro de lo normal o persisten bajos. Si persisten bajos es el momento de ser derivados a un endocrinólogo pediatra para realizar el diagnóstico y eventualmente iniciar un tratamiento. La magnitud de respuesta al tratamiento hormonal en líneas generales se traduce en 8 centímetros más de ganancia de talla adulta para las niñas y en los varones, entre 9 y 10 cm; representa la ganancia de talla comparada con la que iban a tener si no eran tratados”, describió la Dra. Ciaccio.

La edad mínima para la indicación de terapia con hormona de crecimiento es de 4 años y los niños se tratan hasta que dejan de crecer. El costo del tratamiento está cubierto al 100% por las obras sociales y el Plan Médico Obligatorio.

El grupo de niños que integran el 90% que recuperó espontáneamente la talla, también debe hacerse controles con sus pediatras, ya que tienen más posibilidades de presentar trastornos metabólicos. “Son una población que hay que controlar, hay que prevenir en materia de Salud Pública todos los efectos a largo plazo del BPN. Además del crecimiento durante la infancia, hay que mantenerlos con peso adecuado, haciendo ejercicio, con una vida sana, alimentación saludable, evitando el alcohol, el cigarrillo, de modo de disminuir la probabilidad de que en el futuro, como adultos, presenten estas patologías que son más prevalentes en esta población”, subrayó la Dra. Ciaccio.

Para la especialista, una manera de prevenir el retardo de crecimiento intrauterino es estar atentos a las causas evitables. Esto se logra mejorando las condiciones de vida de las mujeres, previniendo el embarazo adolescente, ya que esta condición es más frecuente en madres menores de 18 años, evitando la desnutrición en las madres, las enfermedades crónicas, el tabaquismo y el alcohol durante el embarazo. Otra cuestión importante es que las madres tengan un control obstétrico adecuado para detectar la preeclampsia, es decir, la presión arterial elevada, durante los dos o tres primeros meses de gestación.

Para el Dr. Daniel Luna, médico especialista en Medicina Interna y doctor en Ingeniería Informática -también presente durante las Jornadas- a futuro, la incorporación de sistemas inteligentes y tecnologías de la información van a generar una mejora en la calidad y seguridad de la atención médica.

“Las tecnologías en la Medicina como los sistemas de información, las redes sociales, internet, la capacidad actual de las computadoras -que son más veloces y con mucha más capacidad de procesamiento- toda esa conjunción de fuerzas converge junto con la inteligencia artificial y el Big Data, en un nuevo modelo de atención en donde seguramente los sistemas de información van a actuar de una manera mucho más cotidiana con el médico y van a hacer que se trabaje mejor”, consignó el Dr. Luna.

“A su vez, la digitalización de nuestro código genético y lo que se denomina ‘medicina de precisión’ van a proporcionar nuevos horizontes sobre lo que hoy conocemos como diagnóstico y tratamiento de las enfermedades actuales. Las tecnologías de la información aplicadas a la vida diaria del paciente en forma ubicua van a permitir una mejor comprensión de lo que realmente pasa cuando el paciente no está con el equipo de salud, y ese flujo de información, esos canales de información que hoy no están utilizados, van a generar un mayor entendimiento, no sólo de lo que les pasa a los pacientes sino de las enfermedades y su evolución”, concluyó.

 
 
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Jueves, 04 Julio 2019 17:19

Niños, más susceptibles a las sepsis

Científicos del Centro de Investigaciones en Enfermedades Inflamatorias (CRID), con sede en la ciudad paulista de Ribeirão Preto, en Brasil, identificaron un mecanismo inmunológico que hace que los niños sean más susceptibles de morir de sepsis que los adultos. Este estudio fue publicado en la revista Critical Care y, con base en ese descubrimiento, el grupo planea poner a prueba nuevos abordajes terapéuticos.

“Estamos planeando un ensayo clínico con fármacos que ya han sido aprobados para su aplicación en humanos y que es sabido que actúan sobre ese mecanismo inmunológico. El objetivo del mismo es aumentar la sobrevida de los niños con sepsis”, dijo Fernando de Queiroz Cunha, coordinador del CRID, que es uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (CEPIDs) que cuentan con el apoyo de la FAPESP.

La sepsis es una inflamación sistémica generalmente desencadenada por una infección bacteriana localizada que se sale de control. En un intento por combatir a los patógenos, el sistema inmunológico termina por perjudicar al propio organismo. Este cuadro incluye alteraciones de la temperatura corporal, de la presión arterial, de la frecuencia cardíaca, de la cantidad de glóbulos blancos en la sangre y de la respiración; y puede permanecer activo aun después de que la amenaza inicial ha sido eliminada. En las formas más graves, los pacientes desarrollan lesiones que comprometen el funcionamiento de órganos vitales.

“En cualquier modelo experimental de sepsis en animales, observamos que todos los parámetros utilizados para medir la severidad del cuadro se encuentran más elevados en los infantes. Se detecta una mayor respuesta inflamatoria sistémica, hay un mayor compromiso de los órganos y la mortalidad es más alta”, comentó Queiroz Cunha, quien también es docente de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, de la Universidad de São Paulo (FMRP-USP).

En humanos, la comparación de la tasa de mortalidad entre adultos y niños no es tan sencilla, pues, tal como lo explicó el investigador, los individuos de mayor edad suelen tener su organismo debilitado por enfermedades tales como diabetes, cáncer, insuficiencia cardíaca o hipertensión.

“En general, los adultos que mueren como consecuencia de la sepsis ya tienen su salud comprometida”, señaló el investigador a Agência FAPESP.

Para entender por qué los individuos más jóvenes –humanos y murinos– tienden a desarrollar más lesiones en los órganos, el grupo decidió investigar las sustancias que produce el sistema inmunológico durante el cuadro de sepsis. La hipótesis de los investigadores indicaba que las células de defensa de los infantes producirían una mayor cantidad de sustancias oxidantes, tales como radicales libres de oxígeno y de nitrógeno. Sin embargo, lo que se observó fue lo contrario.

“Tardamos un largo tiempo para entender por qué los niños padecen más lesiones en los tejidos si producen menos radicales libres. Hasta que un día resolvimos investigar las NETs [trampas extracelulares de neutrófilos, por sus siglas en inglés]”, comento Queiroz Cunha.

Tal como su propio nombre lo sugiere, las NETs constituyen una estrategia de defensa que emplean fundamentalmente los neutrófilos, una variedad de leucocitos capaces de fagocitar bacterias, hongos y virus y que componen la línea de avanzada del sistema inmunológico.

“Este mecanismo inmunológico se describió hace alrededor de 10 años. En algunas situaciones, por motivos que aún no se comprenden, se produce la activación de una enzima conocida como PAD-4, que aumenta la permeabilidad del núcleo de los neutrófilos. Cuando esto sucede, el material genético contenido en el núcleo pierde condensación y forma redes, que son arrojadas por las células al medio extracelular para atrapar y matar bacterias”, explicó.

Según el coordinador del CRID, las NETs suelen activarse cuando existen infecciones bacterianas y también provocadas por algunos virus, entre ellos el del chikunguña, que constituye la arbovirosis que más produce lesiones en tejidos. En algunas enfermedades autoinmunes también se concreta la activación de este mecanismo. “El gran problema reside en que las NETs son tóxicas para los patógenos, pero también para las células humanas, incluso más que los radicales libres de oxígeno y de nitrógeno.”

Los experimentos con pacientes pediátricos se llevaron a cabo en colaboración con el grupo de investigación de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospitalde Clínicas de la FMRP-USP, encabezado por la profesora Ana Paula Carlotti. Al analizar muestras de pacientes acometidos por sepsis, los investigadores notaron que los neutrófilos del grupo pediátrico producían, in vitro, un 40% más NETs que los neutrófilos de los adultos. En ratones, dicho índice fue del 60%. Mediante modelos experimentales, el grupo procuró entender de qué manera actúa ese mecanismo inmunológico en la sepsis.

Consenso salud

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La FDA aprobó extender la indicación de la teduglutida de Takeda Pharmaceuticals (Gattex) para inyectar a pacientes pediátricos de 1 año o más con síndrome del intestino corto (SBS) que necesitan nutrición o líquidos adicionales de la alimentación intravenosa (IV), informó la compañía.

Los niños con SBS no pueden absorber suficientes nutrientes y líquidos de lo que comen y beben solos. Un objetivo del tratamiento con SBS es restaurar la capacidad del paciente para absorber nutrientes y reducir la dependencia a largo plazo del soporte parenteral (PS).

Según Takeda, la teduglutida es el primer y único medicamento que imita al péptido-2 similar al glucagón (GLP-2) que se produce de forma natural. La dosis recomendada de GATTEX tanto para adultos como para pacientes pediátricos es de 0,05mg / kg una vez al día mediante inyección subcutánea. No se recomienda el uso del kit GATTEX 5mg en pacientes pediátricos que pesen menos de 10kg.

En un estudio farmacodinámico en adultos, se demostró que la teduglutida mejora la cantidad de líquidos absorbidos por los intestinos.

En un estudio pediátrico de 24 semanas, la teduglutida ayudó a reducir el volumen diario de PS requerido y el tiempo empleado en administrar PS. Algunos niños lograron la libertad total de PS. Cincuenta y nueve pacientes pediátricos de 1 a 17 años de edad con SBS eligieron recibir teduglutida o atención estándar (SOC). Los pacientes que eligieron recibir el tratamiento con teduglutida fueron aleatorizados posteriormente de forma doble ciego a 0,025mg / kg / día (n = 24) o 0,05mg / kg / día (n = 26), mientras que 9 pacientes se inscribieron en el grupo SOC.

Fuente: Specialty Pharmacy Times

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En vísperas del Día Mundial de la Actividad Física, el secretario de Gobierno de Salud, Adolfo Rubinstein, señaló que sólo 1 de cada 5 niños y adolescentes cubren la recomendación de actividad física diaria y sostuvo que “el esfuerzo que hagamos hoy es para que generaciones de chicos no vean hipotecado su futuro con las graves consecuencias de salud, pero también económicas, que traen consigo el sobrepeso y la obesidad”.

Para prevenir esta situación y promover el desarrollo de estrategias que faciliten la práctica de actividad física y regule las barreras existentes para su realización en las escuelas, los ministerios nacionales de Salud y Desarrollo Social y de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología implementan la Guía de Estándares de Entornos Escolares Saludables – aprobada por Resolución 564/2019– que incluye recomendaciones para regular entornos escolares en materia de alimentación saludable y actividad física.

Según datos del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, el 80 por ciento de los adolescentes de entre 13 y 15 años no alcanza a cubrir las recomendaciones diarias en cuanto a la práctica de actividad física requerida, y más del 50 por ciento de ellos pasa más de tres horas en estado sedentario, además del tiempo que pasa en la escuela con jornadas preponderantemente sedentes.

En este sentido, la Guía de Entornos Escolares, es una herramienta que promueve el alcance de la recomendación mundial que establece que niños, niñas y adolescentes realicen 60 minutos de actividad física diaria, de intensidad moderada o vigorosa, para lo cual es necesario generar un entorno escolar físicamente activo.

En ese marco, propone garantizar la cantidad y calidad de actividad física con un enfoque inclusivo de la temática, garantizar idealmente 3 clases de educación física por semana y la promoción de otras actividades curriculares, extra-curriculares y extraescolares que alienten al movimiento.

Además, se busca fomentar la formación docente, así como garantizar las instalaciones, el equipamiento y los recursos para alcanzar el desarrollo de actividad física de calidad. El documento, a su vez, desalienta el requerimiento de apto físico, que funciona como barrera para que los niños, niñas y adolescentes practiquen actividad física en el entorno escolar.

“Con este documento de consenso buscamos, por un lado, desestimular la práctica de pedir un apto físico escolar cuando no existe evidencia científica y al no haber un marco regulatorio que establezca pautas claras, la solicitud de apto físico es muy heterogénea y en algunas jurisdicciones se solicitan evaluaciones de especialistas y estudios que carecen de fundamentación”, explicó la directora nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles, Verónica Schoj.

En este sentido, en el marco del Plan Nacional de Prevención del sobrepeso y la obesidad en niños, niñas y adolescentes, Salud, Educación y distintas asociaciones científicas, académicas y de la sociedad civil están elaborando un documento de consenso para desestimular el apto físico y promover la práctica de actividad física en todos los niños, niñas y adolescentes y aconsejar el control integral de salud.

El consenso recomienda no exigir, desde la escuela, un apto físico como condición para que los niños, niñas y adolescentes participen de la clase de educación física, dado que el mismo carece de evidencia científica de respaldo, no previene ni detecta precozmente riesgo de eventos súbitos, funciona como un falso reaseguro de control de salud de los niños y ninguna institución internacional lo recomienda. Lo que sucede en la práctica es que la exigencia del apto físico que muchos niños tardan en conseguir, obstaculiza el derecho que niños, niñas y adolescentes tienen de practicar actividad física.

Asimismo, promover la aplicación de la Ley 26.835 de Promoción y Capacitación en las técnicas de reanimación cardiopulmonar básicas en los establecimientos escolares y la aplicación de la Ley 27.159 “Muerte Súbita. Sistema de Prevención Integral” es más propicio a la hora de prevenir accidentes o complicaciones.

Por su parte, la coordinadora del Programa Nacional de Lucha contra el Sedentarismo, Gabriela De Roia, reforzó el concepto al considerar que “la idea es cambiar el paradigma: todo niño puede y debe hacer actividad física en la escuela, en su hogar y en los momentos de tiempo libre, salvo que el médico limite o contraindique de manera transitoria o permanente la práctica”.

En tanto, la directora nacional de Maternidad, Infancia y Adolescencia, Diana Fariña, sostuvo que “la actividad física reporta beneficios fundamentales para la salud de niñas, niños y adolescentes y se asocia con una mejor aptitud física, un peso adecuado, un perfil de riesgo favorable para prevenir enfermedades cardiovasculares y metabólicas, una mejor salud ósea y un mejor estado anímico”, dijo y añadió “los individuos con niveles más altos de actividad física tienen una menor prevalencia de trastornos emocionales y psicológicos. Aún aquellos niños con problemas crónicos de salud (como sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial o diabetes, entre otras) también se benefician con la inclusión de actividad física como parte del tratamiento y resulta fundamental que la practiquen”.

Las referentes técnicas de la secretaría de Salud recomendaron a su vez el control integral de salud periódico en niños, niñas y adolescentes con el objetivo de acompañar el proceso de crecimiento y desarrollo y extender una constancia médica para presentar en la escuela únicamente en los casos que se presenten condiciones detectadas a partir del control integral de salud.

En ese marco, coincidieron, la escuela cumple un rol fundamental en la promoción de la actividad física y en la reducción del comportamiento sedentario prolongado. Desde esta perspectiva, la salud no es ajena a la escuela, sino que es parte de ella. Las instituciones educativas son en sí mismas espacios en los que se construye la salud. Por eso estas iniciativas de establecer políticas públicas intersectoriales entre Educación y Salud son indispensables para la protección de los derechos en la niñez y adolescencia.

Fuente: Consenso Salud

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Un estudio reciente, realizado sobre 115 casos de niños de toda Argentina menores de 12 meses con diagnóstico perinatal de HIV-1 entre 2007 y 2014, mostró que alrededor de un 30 por ciento son portadores de variantes del virus resistentes a una o más clases de antirretrovirales (ARVs), aun sin haber estado expuestos los mismos.

La importancia de hacer el estudio de resistencia en niños menores de 12 meses se debe a que se sabe que a nivel nacional hay una alta prevalencia de resistencia primaria a algunos de los principales ARVs en adultos que nunca recibieron tratamiento. A esto se agrega el hecho de que dentro del grupo de mujeres embarazadas se observó el doble de resistencia a los ARVs que en la población en general.

“Esta situación nos alertó sobre la posibilidad de que la prevalencia de la resistencia trasmitida en los chicos podía ser alta también. Hace unos años hicimos un estudio preliminar sobre menos casos que parecía confirmar esa hipótesis. Lo relevante de este nuevo trabajo es el tamaño de la muestra: 115 chicos de todo el país con diagnóstico de HIV-1. Los análisis mostraron una resistencia cercana a un 30 por ciento a uno o más ARVs, independientemente de si lo chicos habían estado o no expuestos a este tipo de fármacos en la profilaxis perinatal”, explica Paula Aulicino, investigadora adjunta del CONICET (Argentina) en el Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan (HTALNP “JG”, GCBA) y primera autora del trabajo publicado en ‘Journal of Antimicrobial Chemotherapy’.

Durante el tratamiento profiláctico antirretroviral perinatal se intenta impedir la trasmisión del virus entre la madre y el hijo, situación que expone a los bebés a los antirretrovirales y podría crear, en caso de no conseguir el objetivo, mayor niveles de resistencia. No obstante, los investigadores notaron que en este caso el porcentaje de niños infectados con virus HIV-1 resistente no variaba por la exposición a este tipo de tratamientos.

Aulicino explica que la resistencia está vinculada con la exposición de los virus a los fármacos que se usan para combatirlos. Cuando no se logra suprimirlos totalmente, emergen variantes capaces de replicarse en presencia del fármaco porque tienen mutaciones que le otorgan resistencia. En este caso, cuando hablamos de resistencia primaria o transmitida hablamos de un virus que tiene resistencia a ciertos fármacos a pesar de que los pacientes no estuvieron expuestos a dichos medicamentos.

En el estudio se indagó también acerca de qué ocurría con las madres de los chicos portadores de variantes de HIV-1 resistentes y se pudo comprobar que en la casi totalidad de los casos revisados tenían resistencia a los mismos antirretrovirales que sus hijos.

“Esto confirmaría que la resistencia es trasmitida y no producto de la profilaxis. Las madres de los casos que estudiamos tampoco habían recibido tratamiento contra la infección. La resistencia trasmitida podría ser justamente la causa de que estos chicos no respondan a la profilaxis perinatal”, señala la investigadora.

De acuerdo a Aulicino, uno de los grandes problemas que plantea esta situación es que las mayores tasas de resistencia son a la nervirapina, que es uno de los fármacos más potentes dentro de los que se pueden usar para prevenir la transmisión del virus a los bebés.

El trabajo fue realizado en el Laboratorio de Biología Celular y Retrovirus del Hospital Garrahan donde Aulicino desempeña sus tareas y contó con colaboración del Servicio de Epidemiología e Infectología de la misma institución. En los análisis estuvieron involucrados además cuatro laboratorios argentinos especializados en el diagnóstico pediátrico de infección por HIV (dos de Buenos Aires, uno de La Plata y otro de Córdoba). (Fuente: CONICET / DICYT)

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Todos los días, cerca del 93% de los niños y niñas del mundo menores de 15 años (es decir, 1800 millones de niños y niñas) respiran aire tan contaminado que pone en grave peligro su salud y su crecimiento. Desgraciadamente, muchos de ellos acaban falleciendo: de acuerdo con las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 600 000 niños murieron en 2016 a causa de infecciones respiratorias agudas de las vías respiratorias bajas causadas por el aire contaminado.

En el nuevo informe de la OMS Contaminación del aire y salud infantil: prescribimos aire limpio se examina el alto costo de la contaminación del aire en el entorno exterior y en los hogares para la salud de los niños y niñas del mundo, sobre todo en los países de ingresos medianos y bajos. El informe se presenta en vísperas de la primera Conferencia Mundial de la OMS sobre Contaminación del Aire y Salud.

De acuerdo con este informe, la exposición al aire contaminado puede dar lugar a que las embarazadas den a luz prematuramente y a que los recién nacidos sean más pequeño y de bajo peso. Además, esta contaminación afecta al desarrollo neurológico y la capacidad cognitiva de los niños y puede causarles asma y cáncer. Los niños que han estado expuestos a altos niveles de contaminación del aire corren también más riesgo de contraer afecciones crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, en etapas posteriores de su vida.

El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, explica: «El aire contaminado envenena a millones de niños y está arruinando sus vidas. No podemos permitirlo. Todos los niños deberían respirar aire limpio para crecer y desarrollarse plenamente».

Una de las razones por las que los niños sufren más los efectos de la contaminación del aire es que, al respirar más rápido que los adultos, absorben más contaminantes.

Además, viven más cerca del suelo, donde algunos contaminantes alcanzan concentraciones máximas, en un momento en que su cuerpo y su cerebro aún se están desarrollando.

Los recién nacidos y los niños pequeños también son más vulnerables al aire contaminado en los hogares donde se utilizan habitualmente combustibles y tecnologías contaminantes para la cocina, la calefacción y la iluminación domésticas.

De acuerdo con la Dra. María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la OMS, «la contaminación del aire impide que el niño se desarrolle normalmente y tiene más efectos en su salud que los que sospechábamos. Afortunadamente, disponemos de varias medidas muy sencillas para reducir las emisiones de contaminantes peligrosos».

La Dra. Neira explica que «la OMS está ayudando a aplicar políticas en favor de la salud, como el fomento de la adopción de combustibles y tecnologías no contaminantes para cocinar y calentar los hogares, la promoción de medios de transporte menos contaminantes, la eficiencia energética de las viviendas y la planificación urbana. Estamos preparando el terreno para generar energía con menos emisiones, usar tecnologías industriales más seguras y menos contaminantes y gestionar mejor los desechos urbanos».

Estas son las principales conclusiones del informe:
•    La contaminación del aire afecta el desarrollo neurológico, como indican los resultados en las pruebas cognitivas, y dificulta el desarrollo psíquico y motor.
•    La contaminación del aire perjudica la función pulmonar de los niños, incluso a niveles bajos de exposición.
•    El 93% de los niños del mundo menores de 18 años —entre ellos, 630 millones de niños menores de 5 años y 1800 millones de niños menores de 15 años— están expuestos a niveles de partículas finas del entorno (PM2,5) superiores a los fijados en las directrices sobre la calidad del aire de la OMS.
•    En los países de ingresos medianos y bajos de todo el mundo, el 98% de los niños menores de 5 años respiran aire con niveles de PM2,5 superiores a los establecidos en dichas directrices, mientras que ese porcentaje es del 52% en los países de altos ingresos.
•    Más del 40% de la población mundial —lo cual incluye a 1000 millones de niños menores de 15 años— está expuesta a niveles elevados de contaminación del aire en su hogar debido, principalmente, al uso de tecnologías y combustibles contaminantes para cocinar.
•    En 2016, alrededor de 600 000 niños menores de 15 años fallecieron por la suma de los efectos de la contaminación del aire ambiental y doméstico.
•    En conjunto, la contaminación del aire de los hogares ocasionada por los combustibles usados para cocinar y la contaminación del aire del entorno exterior causan más del 50% de las infecciones agudas de las vías respiratorias bajas en los niños menores de 5 años que viven en países de ingresos medianos y bajos.
•    La contaminación del aire es una de las principales amenazas para la salud infantil y causa casi 1 de cada 10 defunciones de niños menores de cinco años.

La primera Conferencia Mundial de la OMS sobre la Contaminación del Aire y Salud, que se inaugurará en Ginebra el martes 30 de octubre, brindará la oportunidad de comprometerse a actuar contra este problema a dirigentes mundiales; ministros de salud, energía y medio ambiente; alcaldes; directores de organizaciones intergubernamentales; científicos, y otros interesados. Las medidas que se pueden adoptar contra esta grave amenaza para la salud, que acorta la vida de unos 7 millones de personas cada año, son las siguientes:
•    En el sector de la salud: informar y educar a los profesionales sanitarios, ofrecerles recursos y darles voz para formular políticas intersectoriales.
•    Aplicar políticas para reducir la contaminación del aire: todos los países deben tratar de cumplir las directrices mundiales de la OMS sobre la calidad del aire para proteger a los niños y mejorar su salud. Con ese fin, los gobiernos deben adoptar varias medidas, entre ellas reducir la excesiva dependencia del conjunto de fuentes energéticas en los combustibles fósiles, invertir en la mejora de la eficiencia energética y facilitar la adopción de fuentes de energía renovables. Además, se pueden eliminar mejor los desechos y reducir su quema en las comunidades para mejorar la salubridad del aire. El uso exclusivo de tecnologías y combustibles no contaminantes para la cocina, la calefacción y la iluminación domésticas puede mejorar drásticamente la calidad del aire dentro de los hogares y en el entorno circundante.
•    A fin de reducir la exposición de los niños al aire contaminado, las escuelas y los patios de recreo se deben ubicar lejos de las principales fuentes de contaminación del aire, como las carreteras, las fábricas y las centrales eléctricas.

Campaña «Respira la vida» (BreatheLife) contra la contaminación del aire: el objetivo de esta campaña, una colaboración de la OMS, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Coalición Clima y Aire Limpio para Reducir los Contaminantes del Clima de Corta Vida, es concienciar a los gobiernos y las personas e incitarles a actuar contra la contaminación del aires.

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Una nueva investigación presentada en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO, por sus siglas en inglés), que se celebra este año en Viena, Austria, sugiere que los niños obesos que consumen al menos dos porciones de cualquier tipo de leche de vaca al día tienen más probabilidades de tener menor insulina en ayuno, lo que indica un mejor control del azúcar en la sangre.

“Nuestros hallazgos indican que los niños obesos que consumen al menos la cantidad diaria recomendada de leche pueden tienen un mejor manejo del azúcar y esto podría ayudar a prevenir el síndrome metabólico”, dice el autor Michael Yafi, de la Escuela de Medicina McGovern en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas, en Houston, Estados Unidos. “Preocupantemente, solo uno de cada diez jóvenes en nuestro estudio consumía la cantidad recomendada de leche”, añade.

El síndrome metabólico se define como la presencia de al menos tres de cinco afecciones que elevan el riesgo de diabetes, la enfermedad cardiaca y el accidente cerebrovascular: presión arterial alta, niveles elevados de azúcar en la sangre o triglicéridos, exceso de grasa abdominal y niveles bajos de colesterol “bueno”.

Se cree que al menos un tercio de los estadounidenses padece síndrome metabólico, mientras que uno de cada tres niños y adolescentes estadounidenses tiene sobrepeso u obesidad. Estudios previos han demostrado que la leche protege contra el síndrome metabólico y la diabetes en adultos, pero los trabajos que analizan el efecto del consumo de leche sobre la salud metabólica y los factores de riesgo del síndrome metabólico en niños obesos son escasos.

Para investigar esto, el doctor Yafi y sus colegas evaluaron la ingesta diaria de leche y su asociación con niveles de insulina en ayunas, la hormona que estabiliza el azúcar en la sangre y un biomarcador para el riesgo de síndrome metabólico en niños y adolescentes obesos que asisten a una clínica de control de peso pediátrico. Un nivel alto de insulina es un signo de resistencia a la insulina o prediabetes, y también puede significar síndrome metabólico.

Realizaron una revisión retrospectiva de la historia clínica de 353 niños y adolescentes obesos de 3 a 18 años de edad entre diciembre de 2008 y diciembre de 2010. Se dispuso de información sobre la insulina sérica en ayunas para 171 niños en su primera visita. El equipo de investigación también registró información sobre la ingesta diaria de leche, los tipos de leche, el zumo de fruta diario y otras ingestas de bebidas azucaradas, la glucemia en ayunas y la sensibilidad a la insulina. Utilizaron un nivel normal superior de insulina en ayunas (19 microunidades por ml) para vincular los resultados a la resistencia a la insulina.

Más de la mitad de los participantes eran hombres, tres cuartos eran hispanos y tenían una edad promedio de 11,3 años. En promedio, solo uno de cada diez niños (13 por ciento; 23/171) informó de haber bebido la ingesta de leche diaria recomendada de tres tazas o más. Las niñas informaron que bebían menos leche que los niños, pero no se observaron diferencias en la ingesta por etnia.

La Academia Estadounidense de Pediatría y las Pautas Alimentarias 2015 para los estadounidenses recomiendan de dos a tres tazas de leche baja en grasa (1 o 2 por ciento) por día para los niños mayores de 2 años. El estudio también encontró que menos de la mitad (44 por ciento) de los niños que informaron haber bebido menos de una taza al día tenían niveles de insulina en ayunas de menos de 19 microunidades por ml, en comparación con casi tres cuartos (72 por ciento) de los niños que informaron de beber más de dos tazas al día

En general, los niños que consumían menos de una taza de leche al día tenían niveles significativamente más altos de insulina en ayunas (mediana de 23 microunidades por ml) que aquellos que bebían menos de dos tazas al día (15 microunidades por ml), o al menos dos tazas a día (13 microunidades por ml). Después de ajustar por otros aspectos que podrían afectar a los niveles de insulina, incluyendo raza, etnia, sexo, nivel de actividad física, ingesta de bebidas azucaradas, niveles de glucosa y tipo de leche basada en el contenido de grasa, los científicos hallaron niveles más bajos de insulina en ayunas entre los niños que bebían al menos dos tazas de leche al día.

No se observó asociación entre la ingesta de leche y la glucemia o los niveles de lípidos. “Muchos estudios han vinculado las bebidas azucaradas con la obesidad infantil. En contraste, nuestro estudio piloto sugiere que la ingesta de leche no solo es segura sino también protectora contra el síndrome metabólico. Debemos alentar a nuestros niños, especialmente aquellos con obesidad que están en mayor riesgo de resistencia a la insulina y un control glucémico deficiente, a consumir la cantidad diaria recomendada de leche”, concluye Yafi.

Los autores reconocen que sus hallazgos muestran diferencias observacionales en lugar de causa y efecto. Y señalan varias limitaciones, incluido el tamaño pequeño de la muestra, y que el estudio incluye principalmente a niños hispanos que hacen que la generalización de los hallazgos a otras etnias sea incierta.

Fuente: Europa Press

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