Hoy en Revista Dosis

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Arizona en Phoenix (Estados Unidos) hallaron una función en una proteína proinflamatoria que podría desempeñar un papel importante en la mejora del abordaje actual y futuro del virus del herpes.

El estudio, publicado en la revista ‘Journal of Immunology’, ha investigado si la proteína IL-36g es un componente esencial de la respuesta inmunitaria a una infección por herpes, o si otros mecanismos pueden compensar la falta de IL-36g.

Las citoquinas, proteínas esenciales para el sistema inmunológico, coordinan la respuesta a los patógenos y permiten la comunicación entre células. IL-36g es una citoquina pro-inflamatoria identificada hace 20 años.

Durante años, los investigadores han demostrado que exhibe una función importante en las enfermedades inflamatorias crónicas, pero solo recientemente los científicos han estudiado su papel en enfermedades infecciosas como el herpes.

“Muchos investigadores han trabajado durante décadas para desarrollar una vacuna que proteja contra el herpes genital, pero ninguno ha pasado con éxito los ensayos clínicos. Estos esfuerzos nos han enseñado mucho sobre la respuesta inmunológica en el tracto reproductivo femenino, pero la falta de éxito indica potencialmente que necesitamos entender mejor los mecanismos inmunológicos subyacentes importantes en el tracto reproductivo femenino mientras buscamos mejorar la salud de las mujeres”, explica el autor principal, Jameson Gardner.

A pesar del uso generalizado de medicamentos antivirales para tratar el herpes genital, más de 260 millones de mujeres en todo el mundo viven con esta infección de por vida y la transmiten a nuevos individuos. Después de la infección inicial por el virus del herpes simple 2 (HSV-2) en el epitelio vaginal, el virus se propaga a través del sistema nervioso, donde establece la latencia. El virus pasa a ‘esconderse’, donde persiste durante toda la vida y se reactiva periódicamente, causando lesiones.

Los investigadores observaron que después de la infección intravaginal por HSV-2, el virus se propagó de manera sistémica por todo el sistema nervioso y al cerebro en los participantes que carecían de IL-36g, mientras que en el grupo de control, que tenía el gen intacto, estaba significativamente más protegido contra la propagación del HSV-2 en el sistema nervioso.

Se ha demostrado que la IL-36g parece funcionar de una manera no caracterizada para proteger contra la neuroinvasión viral.

El mecanismo preciso por el que IL-36g protege contra la neuroinvasión es desconocido, pero es un área importante de investigación futura. Además, los investigadores concluyeron que el IL-36g juega un papel crítico en el reclutamiento de neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco que protege contra patógenos invasores.

Fuente: Europa Press / COFA

 
 
 
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na proteína llamada omentina podría contrarrestar los efectos negativos cardiológicos de la terapia antineoplásica, concretamente de docetaxel, empleado para cáncer de mama.
 
 
 
Los avances en abordaje del cáncer son un hecho probado, pero también se ha demostrado que los tratamientos que reciben los pacientes suelen tener efectos secundarios, algunos de ellos graves. Por ejemplo, la cardiotoxicidad de los tratamientos antineoplásicos es uno de los efectos nocivos más importantes, pues repercute negativamente en la calidad de vida y puede elevar las cifras de morbimortalidad.Investigadores del Ciber de Enfermedades Cardiovasculares (CiberCV), del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago, España, dirigidos por José Ramón González Juanatey, trabajan en la prevención o tratamiento de la cardiotoxicidad a través de terapias específicas. En un estudio reciente de Ricardo Lage e Isabel Moscoso, financiado por la Fundación Mutua Madrileña, han demostrado que una proteína, la omentina, disminuye el daño inducido por el docetaxel en cardiomiocitos, sugiriendo que sus niveles podrían modular la tendencia al desarrollo de cardiotoxicidad en pacientes oncológicos, según publica el equipo en PLoS One.

 

Según señala a DM Ricardo Lage, del en el CHUS y participante en la investigación, el estudio es preliminar, por lo que aún no se puede afirmar que suponga una modificación de la práctica asistencial. Pero los siguientes pasos para seguir avanzando en este hallazgo se centrarán en “ver los niveles de omentina en pacientes a lo largo del tratamiento y su correlación con el desarrollo de cardiotoxicidad y escalar el modelo de cardioprotección de la omentina en modelos animales”, subraya el profesional.

El papel de los niveles de omentina 
La omentina, cuyos niveles disminuyen con el sobrepeso y la obesidad, es una adipoquina -una proteína metabólicamente activa cuya síntesis tiene lugar en el adipocito y desempeñan función muy importante en la regulación de procesos metabólicos-, con efectos beneficiosos en las respuestas inflamatorias, la homeostasis de glucosa y la enfermedad cerebro vascular (ECV). Niveles bajos de omentina, están relacionados con enfermedad arterial coronaria, insuficiencia cardíaca e infarto agudo de miocardio

Según explica Ricardo Lage, del Grupo del CiberCV en el CHUS, se han evaluado los efectos del tratamiento con omentina frente a la toxicidad inducida por docetaxel, un fármaco ampliamente prescrito en el manejo del cáncer de mama y cuyo uso se ha asociado a problemas electrofisiológicos, isquémicos e insuficiencia cardiaca”.

Se ha demostrado que la omentina inhibe la muerte celular inducida por docetaxel. La pérdida de cardiomiocitos es uno de los determinantes principales en la progresión de la disfunción cardiaca. Aunque la omentina no logró reducir el estrés oxidativo inducido por el fármaco, si fue capaz de disminuir el estrés del retículo endoplásmico sugiriendo su posible papel cardioprotector frente a la toxicidad por este tipo de fármacos.

Cambio de paradigma
Lage explica a DM que se trata de un estudio preliminar, “por lo que aún no se puede afirmar que suponga una modificación de la práctica asistencial. Pero los siguientes pasos para seguir avanzando en este hallazgo se centrarán en “ver los niveles de omentina en pacientes a lo largo del tratamiento y su correlación con el desarrollo de cardiotoxicidad y escalar el modelo de cardioprotección de la omentina en modelos animales“, subraya el profesional.

Moscoso, señala además que hay que confirmar si “el desarrollo de toxicidad en los pacientes está relacionado con los niveles de omentina y si estos están a su vez determinados por la obesidad. Localizar a los pacientes con mayor riesgo de cardiotoxicidad permitirá implementar terapias dirigidas a prevenirla y un manejo adecuado y personalizado del tratamiento oncológico”.

Se asiste a un cambio de paradigma: no se trata de evitar la cardiotoxicidad sino prevenirla o tratarla en un paciente con el tratamiento oncológico óptimo desarrollando terapias específicas basadas en el conocimiento mecanístico del daño cardiaco.

Fuente: Diario Médico / COFA

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Investigadores internacionales liderados por el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona han descubierto que inhibir una proteína, la Galectina-1 (Gal1), podría frenar el desarrollo del tipo más común de cáncer de páncreas –el 85% de los casos–, el adenocarcinoma ductal pancreático, que es muy agresivo y no tiene todavía ningún tipo de tratamiento curativo.

El estudio preclínico, publicado por ‘PNAS’, ha certificado en ratones el papel de esta proteína en el desarrollo cancerígeno, lo que “abre vías traslacionales muy interesantes e indica que hace falta avanzar en el posible uso clínico de esta nueva diana molecular”, ha explicado la investigadora del IMIM y el IIBB-CSIC Pilar Navarro.

Navarro, que ha liderado el trabajo junto al científico del Instituto de Biología y Medicina Experimental de Buenos Aires (Argentina) Gabriel Rabinovich, ha destacado que el grupo ya había demostrado anteriormente el potencial de esta proteína, pero en esta ocasión lo ha comprobado en un modelo transgénico de ratón desarrollado en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

Falta validar en humanos

Este ratón presentaba la mutación más frecuente que se encuentra en los tumores de páncreas, la mutación del oncogen KRas, con lo que han podido “recapitular de forma precisa la progresión tumoral que se observa en humanos”, logrando que progrese el tumor más lento al eliminar esta proteína, pero todavía hay que hacer nuevos estudios que validen en humanos el que podría ser el primer tratamiento efectivo para este tumor.

Los resultados muestran que “la inhibición de esta proteína frena el crecimiento del tumor y restablece la vigilancia del sistema inmunitario para reconocer y rechazar las células tumorales, lo que dificulta que el tumor siga progresando”, ha explicado la investigadora Neus Martínez-Bosch, primera firmante del estudio junto a Carlos Orozco.

Estos tumores se desarrollan en un microambiente particular, que se considera una de las claves para entender su desarrollo y su resistencia a quimioterapias, y para estudiarlo han trabajado en cuatro aproximaciones diferentes para ver cómo afecta la inhibición de esta proteína, realizada en células humanas, in vitro, in vivo, con modelos de ratón y estudios moleculares genómicos de gran escala.

Oncólogos del Hospital del Mar y grupos de investigación de Estados Unidos y Argentina han colaborado también en el estudio, que ha recibido la primera ayuda de las becas Carmen Delgado/Miguel Pérez Mateo de la Asociación Española de Pancreatología (Aespanc) y de la Asociación Cáncer de Páncreas (Acanpan).

El adenocarcinoma ductal pancreático es el cuarto tipo de cáncer en número de muertes relacionadas con esta enfermedad, y en 2016 se detectaron 606 casos de cáncer de páncreas en hombres y 562 en mujeres en Catalunya.

Tiene una supervivencia de solo el 8% al cabo de cinco años, y se calcula que en 2030 podría ser la segunda causa de muerte por cáncer en los países desarrollados.

Fuente: Europa Press

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Regulada por la vitamina A, HIC1 controla la actividad de las células linfoides innatas y evita al desarrollo de enfermedades autoinmunes como las alergias alimentarias o el SII

 
 
La vitamina A juega un papel fundamental en el organismo. No en vano, y entre otras muchas funciones, desempeña un papel vital en procesos biológicos como la visión, la formación de las células epiteliales que conforman la piel y las mucosas, el desarrollo embrionario y el crecimiento. Es más; esta vitamina A es esencial para el desarrollo y mantenimiento del sistema inmune. De hecho, investigadores de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver (Canadá) han descubierto los mecanismos moleculares por los que esta vitamina regula la función del sistema inmunitario en el intestino, abriendo así la puerta al diseño de tratamientos para prevenir, o en su defecto tratar, los desequilibrios inmunes intestinales. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que estos ‘desequilibrios’ pueden dar lugar al desarrollo de alergias alimentarias y de enfermedades como el síndrome del intestino irritable (SII).

 

Como explica Colby Zaph, director de esta investigación publicada en la revista «PLOS Pathogens», «hace mucho tiempo que se sabe que la vitamina A juega un papel principal en el equilibrio entre la salud inmune intestinal y la enfermedad, pero los mecanismos moleculares específicos por los que esta vitamina actúa sobre las células inmunes permanecían desconocidos».

Desequilibrio intestinal
El sistema inmune del intestino debe mantener un equilibrio para poder hacer frente a las infecciones sin destruir a las bacterias comensales que, totalmente inocuas y absolutamente beneficiosas, componen nuestra flora intestinal. Entonces, ¿qué sucede en aquellas ocasiones en las que se rompe este equilibrio? Pues que por un lado, el organismo podría quedar expuesto al ataque de los microorganismos infecciosos y, por otro, podría producirse una alteración de la composición de la flora intestinal –lo que conllevaría un funcionamiento ‘anómalo’ de esta microbiota y, por ende, la aparición de trastornos digestivos como el SII.

Tal es así que la vitamina A, o más concretamente la tretinoína o ‘ácido holo-transretinoico’ (ATRA) –el producto resultante del metabolismo de la vitamina A por algunas células intestinales–, juega un papel fundamental al mantener este equilibrio intestinal al regular la actividad de las células linfoides innatas –células inmunitarias cuyo ‘descontrol’ da lugar al desarrollo de enfermedades autoinmunes como las alergias alimentarias o el SII–. Así lo han demostrado infinidad de estudios que, sin embargo, no han podido desentrañar los mecanismos moleculares por lo que se lleva a cabo esta regulación por la vitamina A.

La identificación de HIC1 ofrece una nueva diana terapéutica potencial para modular la inflamación intestinal
Para llevar a cabo el estudio, los autores se centraron en la proteína HIC1 –o ‘hipermetilado en cáncer 1’–, proteína codificada por el gen ‘HIC1’ y bautizada con este nombre porque la primera vez que se observó fue en las células cancerígenas. Sin embargo, ya se sabe que esta HIC1 también ayuda a regular la expresión de genes en las células sanas. Pero, ¿por qué basar el estudio en esta proteína? Pues porque un trabajo previo de los mismos autores ya había mostrado que la tretinoína regula la actividad de la HIC1 y que, a su vez, esta HIC1 ayuda a mantener la salud intestinal en roedores. Así, el objetivo era analizar los detalles moleculares de esta función de la HIC1.

En el estudio, los autores utilizaron un modelo animal –ratones– al que manipularon genéticamente para que algunas de sus células linfoides innatas intestinales no pudieran expresar la HIC1. ¿Y qué pasó? Pues que en ausencia de esta proteína, los animales fueron muy, pero que muy susceptibles a ser colonizados por la bacteria ‘Citrobacter rodentium’. Pero, ¿cómo se explica esta mayor susceptibilidad? Pues porque como muestran los resultados, la deficiencia en HIC1 provoca una reducción en la capacidad de producción por las células linfoides innatas de la interleucina 22 (IL-22), proteína que juega un papel fundamental en la respuesta inmune intestinal.

Como apuntan los autores, «nuestro trabajo muestra que el ácido holo-transretinoico, que no es sino la forma activa de la vitamina A, regula la respuesta inmune en el intestino de ratones al controlar la expresión de la proteína HIC1 en las células linfoides innatas».

Diana terapéutica
En definitiva, los resultados sugieren que, cuando menos en los ratones, esta HIC1 ayuda a mantener la salud intestinal al regular la actividad de las células linfoides innatas. Y asimismo, que la actividad de la HIC1 se encuentra a su vez regulada por la tretinoína. Unos hallazgos que, como indica Kyle Burrows, director de la investigación, «podrían facilitar el diseño de nuevas estrategias para prevenir las infecciones y los desequilibrios intestinales».

Como concluye Colby Zaph, «la identificación de HIC1 ofrece una nueva diana terapéutica potencial para modular la inflamación intestinal».

Fuente: ABC – España

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Investigadores del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), España, demostraron que una proteína producida por el riñón podría convertirse en diana terapéutica para combatir el síndrome metabólico producido por la ingesta de una dieta rica en grasas.

El trabajo, que publica la revista ‘Scientific Reports’ del grupo Nature, ha constatado el rol de una proteína conocida como Kap en el control del desarrollo del citado síndrome, y lo ha hecho a través de la generación de un modelo de ratón transgénico.

En el modelo de ratón, se sobreexpresó el gen de Kap de forma específica en las células del túbulo proximal renal, el mismo donde se expresa esta proteína de forma endógena, lo que puso en evidencia el papel de la proteína en el control del síndrome metabólico y la diabetes tipo 2.

Lideró el estudio la jefa del grupo Cibbim-Nanomedicina Fisiopatología Renal del VHIR, Anna Meseguer, en colaboración con el responsable del laboratorio de Metabolismo y Obesidad de la Unidad de Investigación de Diabetes y Metabolismo del VHIR, Josep Villena.

En estudios previos, se habían asociado unos menores niveles de la proteína Kap con la nefropatía diabética y la aterosclerosis, que son dos patologías que conviven con el síndrome metabólico.

Fuente: Infosalus

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