Hoy en Revista Dosis

El lunes 17 de diciembre a las 12:30, los doctores Silvio Schraier y Fernando Cardini explicarán por qué la Nutrición es Ciencia y no opinión y Cuáles son los mitos y realidades sobre riesgos alimentarios. La inscripción es gratuita y las charlas están dirigidas a profesionales de la salud: médicos, bioquímicos, farmacéuticos y enfermeros.

 

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScP2bPL8Ycjx_w8Stvv1EbnIvFB_qWlwf9OCfa_y6Nc7JXWAQ/viewform

http://www.funcei.org.ar/profesionales/educacion/stamboulian-talks/78

 

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Viernes, 27 Octubre 2017 13:14

Hospitalización y desnutrición

Los resultados de un estudio observacional multinacional destinado a investigar el estado de la nutrición clínica en Latinoamérica revelaron que los pacientes de la Unidad de cuidados intensivos (UCI) no reciben apoyo nutricional suficiente. Los resultados se recopilaron de 116 hospitales ubicados en 8 países de Latinoamérica. El estudio observacional, que se llevó a cabo en forma de screening day, evaluó la salud de 1053 pacientes en estado crítico que recibieron nutrición enteral o parenteral durante el screening day y el día anterior. Los resultados demostraron que el 74 % de los pacientes padecía un nivel de desnutrición de moderado a grave.

 

Los resultados, recientemente publicados en la reconocida revista médica internacional Critical Care, con el título "Current Clinical Nutrition Practices in Critically Ill Patients in Latin America: A multinational observational study" (Prácticas clínicas actuales de nutrición en pacientes en estado crítico en Latinoamérica: estudio observacional multinacional), también revelaron durante el screening day que el 47,6 % de los pacientes en la UCI padecían una deficiencia proteica y el 40,3 %, una deficiencia calórica.

 

Una serie de análisis posteriores demostraron que los pacientes que recibían una combinación de nutrición enteral y parenteral tenían menos probabilidades de sufrir deficiencias calóricas y proteicas. Solo el 28,3 % de los pacientes que recibieron una combinación de nutrición enteral y parenteral, y el 36,4 % de los pacientes que recibieron solo nutrición parenteral revelaron una deficiencia calórica, frente al 42,4 % de los pacientes que recibieron nutrición enteral. Del mismo modo, el 50,3 % de los pacientes que recibió solo nutrición enteral exhibió una deficiencia proteica en comparación con solo el 36,2 % del grupo que recibió una combinación de nutrición enteral y parenteral, y el 37,4 % del grupo que solo recibió nutrición parenteral.

 

Por consiguiente, se sugirió que la forma de nutrición más efectiva era la nutrición parenteral complementaria, que aumenta las probabilidades de que los pacientes cumplan con sus objetivos de energía diarios en un 64 % y con sus objetivos de energía y proteínas combinados en un 56 %, en relación con la nutrición enteral sola. No obstante, la integración de la nutrición parenteral complementaria en el control nutricional actual fue baja entre los hospitales que participaron del estudio, con solo el 11 %.

 

La falta de tratamiento de la desnutrición en los hospitales aumenta el riesgo de obtener resultados clínicos malos, incrementa el índice de readmisión y eleva el riesgo de mortalidad. Es necesario destinar los recursos correspondientes para garantizar que la desnutrición en los pacientes se chequee y trate de forma correcta para reducir este riesgo.

 

La desnutrición representa un problema grave en nuestra rutina clínica diaria”, afirmó el Dr. Karin Papapietro Vallejo, médico y jefe de Terapia de Nutrición Clínica del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, y uno de los autores del estudio. “Nuestros hallazgos más recientes revelan el valor que tiene la nutrición parenteral, en especial, para los pacientes que están en la UCI. Esta información destaca la importancia de implentar protocolos de nutrición de acuerdo con las guías y recomendaciones, para mejorar la ingesta energética y calórica de los pacientes hospitalizados en estado crítico”.

 

Screening Day Latin America (Día de evaluación en Latinoamérica) forma parte de “United for clinical nutrition” (Unidos por la nutrición clínica), una iniciativa lanzada en 2015 por Fresenius Kabi, una empresa de cuidado de la salud a nivel mundial que se especializa en nutrición clínica. Para ello, 116 hospitales de ocho países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú) participaron en el estudio, que se centró en la práctica de la nutrición clínica en 1053 pacientes hospitalizados en la UCI. Los primeros resultados y los informes del estudio pueden consultarse en el sitio web de la campaña: http://www.unitedforclinicalnutrition.com/.

 

 

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Las mejillas redondas y los pliegues en las articulaciones que hacen recordar una publicidad de neumáticos, en suma, la imagen de querubín de Rembrandt que cautivaba a nuestras abuelas se está transformando en un dolor de cabeza para padres, pediatras y sanitaristas. Considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) “uno de los más serios problemas del siglo XXI”, la obesidad infantil está creciendo en el país “a un ritmo alarmante” y anticipa un futuro complicado.

El Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional elaborado por la OPS/OMS y la FAO ubica a la Argentina primera en el ranking regional de obesidad. Según ese informe, el 9,9% de los niños menores de cinco años padecen el problema. Para otros organismos, en cambio, figura segunda con un 7,3%. Continúa en la página

En el primer ranking, al país lo siguen Perú, con 9,8%, y Chile, con 9,5% . “En escuelas y en chicos de entre 11 y 12 años, llegamos a ver hasta un 48% de obesidad“, dice Irina Kovalskys, coordinadora del comité de nutrición, obesidad y actividad física de Ilsi (Instituto Internacional de Ciencias de la Vida) y docente de la carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro.

Aunque hasta hace algunos años el sobrepeso y la obesidad eran percibidos como un problema de los países desarrollados, en la actualidad la epidemia se extiende a una velocidad de vértigo a los países de bajos y medianos ingresos. Según la Federación Interamericana del Corazón, se estima que en América latina la prevalencia de sobrepeso y obesidad en chicos menores de 5 años es de más del 7%; en escolares hasta los 11, de entre el 18,9 y el 36,9%, y en adolescentes de 12 a 19 años es del 16,6 al 36,8%. Es decir, del total de niños y adolescentes de América latina entre el 20 y el 25% de la población tiene sobrepeso y obesidad.

“La obesidad es un fenómeno global que no parece ceder y que impacta con mayor intensidad en nuestros países -dice Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición en la Infancia (Cesni)-. En adultos, la Argentina incrementó un 18% el exceso de peso en la última década, pero la obesidad un 45%. Según la Encuesta Mundial de Salud Escolar, hecha en 2007 y 2012, en los adolescentes, el incremento del sobrepeso fue un 16% y el de la obesidad un 34%. Hoy, uno de cada cuatro escolares tiene sobrepeso. Probablemente la mayor parte de ellos serán adultos obesos y el tratamiento es poco eficaz. En 30 años, nuestras guardias estarán colapsadas de diabetes e infarto temprano.”

Este panorama no presenta grandes diferencias entre las distintas provincias, ni entre ciudades y medio ambiente rural.

Comer por placer

“El signo obesidad se está haciendo cada vez más precoz -coincide el doctor Julio Montero, ex presidente de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimenticios (Saota)-. Esto permite prever que el futuro para estos chicos y para el conjunto de la población no es muy esperanzador.”

Aunque la obesidad en la infancia se asocia menos con hipertensión o resistencia a la insulina, como sucede en los adultos, lo que sí se sabe es que precede y es un condicionante de la obesidad del adulto, de muy difícil tratamiento. “Una vez establecida, es menos curable que muchas formas de cáncer“, dice Carmuega.

“El verdadero problema es que no sabemos cuáles son las causas de la obesidad infantil -explica el especialista-. Sí conocemos algunos mecanismos, sabemos que no hay una sola obesidad, sino muchas, y que su consecuencia final es el aumento de la masa lipídica.”

“El exceso de peso muestra que hay una respuesta acelerada e inconveniente -subraya Montero-. No es inadecuada: por el contrario, es adecuada al entorno. Está vinculada con la aparición de patrones metabólicos que cuando persisten en forma crónica se acompañan del desarrollo de enfermedades.”

Para el nutricionista chileno Ricardo Uauy, “la obesidad se debe en forma predominante a un desbalance entre lo que comemos (alimentos que nos aportan energía) y lo que gastamos (cuán activos somos en nuestros trabajos y en nuestro tiempo libre). Si comemos más de lo que gastamos, nos ponemos obesos. Esto suena muy simple, pero la realidad es que hoy en día no comemos para alimentarnos, sino por el placer de lo dulce y de lo salado; o por 10 o más razones que cada persona tiene. Por cierto, el marketing comercial nos invita a sobreconsumir una y mil veces, y en paralelo nos ponemos más sedentarios; de forma tal que la energía no gastada independientemente de su origen nos lleva a acumular grasa más allá de una reserva moderada para los tiempos de vacas flacas. En esto, las leyes de la conservación de la energía son muy claras.

Factores de riesgo

Según los especialistas, la obesidad en la niñez se debe a la combinación de varios factores. “En lo que más atención se pone es en el exceso de comida, pero esto no va desligado de la calidad -destaca Montero-. Hay comestibles que generan mayor necesidad de comer y condicionan nuestro metabolismo para que el exceso sea convertido en grasa de reserva. Otros fenómenos son secundarios: la actividad física es un «disimulante». Aquel que hace actividad física tendrá una amortiguación mayor de los procesos obesogénicos, pero es difícil que el nivel de actividad física sea suficiente para prevenir la obesidad. Lo mismo ocurre con el crecimiento: mientras estos chicos se alargan, la sobrealimentación queda disimulada, pero cuando se detiene el crecimiento, se da rienda suelta a las modificaciones corporales.”

También para Carmuega, la obesidad no es sólo comida. “Eso lleva a pensar que sólo modificando el componente alimentario terminamos con el problema. Hay que cambiar la dieta, seguro, pero también hay que modificar otras cosas -destaca-. La malnutrición es resultado de una trama multifactorial que se instala a lo largo de todo el ciclo vital y es más compleja que exceso o déficit de calorías.”

Por eso, la estrategia recomendada en el mundo es la prevención basada en intervenciones desde el embarazo hasta los años escolares.

Cada vez hay más evidencia de que el exceso de peso al iniciar el embarazo o el aumento a lo largo de la gestación aumenta el riesgo en el bebe. “El riesgo de obesidad en la progenie es 48% mayor en las madres que tuvieron una progresión superior a las recomendaciones”, dice Carmuega.

Pero esto no afecta sólo a las mujeres. Hoy se sabe que los hijos de padre y madre obesos tienen el doble de riesgo de sobrepeso, y que éste se reduce a la mitad cuando sólo uno de los progenitores lo es. “El esperma de padres con exceso de peso también genera mayor riesgo de obesidad“, puntualiza el especialista.

Otro aspecto por tener en cuenta es el sueño. “Cuando los chicos duermen menos, especialmente en los preescolares, hay tendencia a engordar -agrega el científico-. Y esto ocurre por el uso de las pantallas, la oferta de TV… El ocio se ha hecho más divertido. Los padres estamos más tiempo fuera de casa y mucha de la interacción se da en ese momento. También, las actividades paraescolares son cada vez más.”

Montero, por su parte, recomienda tener bien en claro cuáles son los alimentos que deberían representar el 80 o 90% de la nutrición de un chico sano. “Son los que algunas vez han sido tejidos vivos -asegura-: carnes, huevos, plantas, frutas, frutas secas… Todos éstos se les pueden ofrecer sin temores, porque los van a comer de acuerdo con su necesidad. Cuando el chico se acostumbra a comer dentro de su casa, lo hace de determinada forma, y reserva lo demás sólo para momentos especiales, no hay problema. Los granos o cereales deben ser las semillas y no los subproductos. En cuanto a las grasas, mientras formen parte de un alimento natural, no deberían ser eliminadas. Lo que no deberíamos comer son las agregadas.”

El impacto silencioso en los chicos

Desde los años 70, numerosos estudios mostraron la tendencia al arrastre de los factores de riesgo cardiovascular asociados con la obesidad. “Se vio que el aumento de la grasa corporal total y de la visceral están asociadas con insulinorresistencia e incremento de la incidencia de diabetes tipo II en la adolescencia”, explica la doctora Carmen Mazza, ex jefa de la sección Nutrición y Diabetes del Hospital Garrahan, una de las pioneras en la investigación de la obesidad infantil y sus efectos metabólicos. Mazza subraya que si bien las cifras del país aún no son tan impresionantes como las de EE.UU. (donde el aumento de la prevalencia de diabetes tipo II en chicos a lo largo de los últimos 30 años pasó del 2% a entre el 16 y el 20%), estudios publicados por su grupo mostraron la presencia precoz de resistencia a la insulina y factores inflamatorios en chicos obesos. “En la población que estudiamos, entre el 8 y el 10% ya tenía alteraciones claras en el metabolismo de los hidratos de carbono y el 2% tenía diabetes tipo II. Una tercera parte mostró alguna alteración en los lípidos, y entre el 15 y el 20% tenía valores altos de presión arterial -destaca-. En el país, tres de cada 10 chicos tienen obesidad o sobrepeso, y el 50% de ellos ya presenta algún factor de riesgo cardiometabólico.”

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Bajo el lema “Construyendo alianzas para proteger la lactancia: por el bien común, sin conflictos de interés”, WABA (Alianza Mundial pro Lactancia Materna), que trabaja junto a la OMS y UNICEF, presentó la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2017, que se realiza la primera semana de agosto.
La lactancia materna no es un asunto solo de la madre. Es responsabilidad de toda la sociedad. Deben abrirse oportunidades reales para que todas las madres puedan amamantar. Esto requiere que los distintos sectores asuman sus responsabilidades: los gobiernos, sistemas de salud, empresas, familias y comunidades.  Por ello es tan importante avanzar con políticas y programas eficaces que conjuguen el esfuerzo colectivo y faciliten la lactancia materna.
El tema se relaciona con el la creación de alianzas necesarias para lograr el Objetivo 17 de los ODS: Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.
La lactancia materna es uno de los medios más eficaces y menos costosos para asegurar que madres y sus niños y niñas pequeñas alcancen el nivel de salud “más alto alcanzable”.
 
 Insustituible
 
 También hay que tener en cuenta que como a lo largo de la gestación y lactancia, el niño extrae de su madre vitaminas, minerales, nutrientes y demás elementos que necesita para crecer sano, la madre debe vigilar su estado de salud. En ocasiones, una infección en la mamá puede acarrear problemas para el niño. Dada la situación la farmacia podrá brindar consejos tales como:
  • Medidas de higiene: Lavarse las manos frecuentemente, sobre todo si ha estado en contacto con otras personas (en especial niños).
  • Vacunación: Controlar con su médico el calendario de vacunación, durante el embarazo y el amamantamiento.
  • Dieta sana y variada: Respetar las indicaciones del médico acerca de lo que puede o no puede comer o beber en el periodo de lactancia. Con estas normas en la mano, podemos potenciar aquellos alimentos permitidos que refuerzan el sistema inmune, como cebolla, yogures y miel.
  • Evitar comer carnes crudas o poco cocidas.
  • Ejercicio. El deporte no solo es bueno para que la madre controle su peso y se mantenga sana, sino que además ayuda a reforzar el sistema inmune.
  • Descanso. Las gestantes y mamás recientes suelen tener más necesidad de descansar y por ello deben darle a su cuerpo una pausa cuando la pida. Es durante la noche cuando el cuerpo se repone, se refuerza y recoge energías para los siguientes días.
 

 

 

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