Hoy en Revista Dosis

Un estudio reciente, en el que ha intervenido la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) en España, ha evaluado la eficacia que tienen varios fármacos, que se utilizan para retrasar el deterioro cognitivo de pacientes con alzhéimer, en la mejora de las alteraciones cognitivas que presentan los pacientes con esquizofrenia. Mediante un análisis de nueve ensayos clínicos llevados a cabo a nivel mundial, los investigadores han determinado una serie de mejoras metodológicas para el estudio de fármacos que garanticen la recuperación funcional de estos pacientes .

La esquizofrenia es una enfermedad mental grave, crónica y que implica una serie de síntomas. Se trata de una de las causas más importantes de discapacidad a nivel mundial. Está probado que diversos síntomas de esta enfermedad, como los delirios y las alucinaciones, tienen un tratamiento muy adecuado con antipsicóticos, y se consigue que la sintomatología remita. Sin embargo, los pacientes tienen muchas dificultades a nivel social y funcional, es decir, “los pacientes tienen serias dificultades para desarrollar actividades de la vida cotidiana desde el propio aseo o llevar sus finanzas, hasta mantener una red social estable, tener pareja y mantener un trabajo. Y esto carece de tratamiento”, explica la doctora en psicología Arantzazu Zabala, especialista en neuropsicología.

A partir del año 2000, explica Zabala, una de las autoras del nuevo estudio, “se puso de manifiesto que son las alteraciones cognitivas las que más se correlacionan con los déficits funcionales, y desde entonces la comunidad científica está desarrollando un amplio abanico de intervenciones para suplirlos, entre las que se encuentran los potenciadores cognitivos: unos fármacos, que añadidos al tratamiento habitual, el tratamiento antipsicótico, podrían revertir o mejorar en alguna medida las alteraciones cognitivas que presentan los pacientes”.

En el nuevo estudio, llevado a cabo por investigadores de la UPV/EHU, de la Universidad de la Rioja, del BioCruces Health Research Institute y Cibersam (Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental), todas estas instituciones en España, se han analizado 9 ensayos clínicos, de nivel mundial, llevados a cabo en pacientes esquizofrénicos con tres fármacos inhibidores de la acetilcolinesterasa, muy eficaces en la mejora de los déficits cognitivos en pacientes con alzhéimer (el donepecilo, la galantamina y la rivastigmina). Según explica la investigadora, “hoy en día no hay evidencia suficiente para poder recomendar los inhibidores de acetilcolinesterasa como un potenciador cognitivo para pacientes con esquizofrenia”. De hecho, en este metaanálisis se han puesto en evidencia múltiples limitaciones de los nueve ensayos analizados, y han propuesto una serie de mejoras que se deberían aplicar en este tipo de estudios.

Con todo ello, la doctora Zabala se muestra optimista: “Queda mucho trabajo por hacer, pero va en buena dirección”. La investigadora afirma que los ensayos analizados “son trabajos originales, son de los primeros, pero a fecha de hoy las dianas terapéuticas se han ampliado mucho. Nuestro trabajo hace un llamamiento a que los estudios necesitan una calidad metodológica suficiente para poder garantizar la eficacia de los compuestos”. En ese sentido, la investigación llevada a cabo por el equipo de la UPV/EHU propone una serie de mejoras para este tipo de estudios, que la comunidad científica debería tener en cuenta “para que además de demostrar la efectividad de un fármaco sobre la funcionalidad del paciente, se estudien aspectos como la seguridad y tolerancia del mismo”, concluye Zabala.

La investigación ha sido llevada a cabo por profesores e investigadores del área de Psiquiatría del Departamento de Neurociencias y Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV/EHU, en colaboración con investigadores de la Universidad Internacional de la Rioja. Varios investigadores autores del presente trabajo participan en el CIBERSAM (Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental) y pertenecen al BioCruces Health Research Institute. (Fuente: UPV/EHU).

Fuente: Noticias de la Ciencia – NCYT (España) /COFA

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Un equipo de investigadores españoles ha desarrollado nanopartículas capaces de penetrar el tumor cerebral más letal —glioblastoma multiforme— y transportar fármacos al interior de las células malignas.

La investigación está liderada por Marcos García Fuentes, del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas de la Universidad de Santiago de Compostela (CiMUS), y se ha desarrollado en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III y la Universidad de Nottingham.

La terapia experimental se ha ensayado con éxito en tumores humanos implantados en ratones y su descripción se publica en la revista Advanced Therapeutics.

El tratamiento actual para el tumor cerebral más común y letal, el glioblastoma multiforme (GBM), se basa fundamentalmente en la cirugía de extirpación, y logra una supervivencia media de poco más de 14 meses; la supervivencia a los cinco años es menor del 5%.

Esta terapia experimental podría mejorar esta situación, según sus responsables, que aseguran que, si los resultados preliminares se confirman en más modelos animales, los primeros ensayos clínicos en pacientes podrían realizarse dentro de cuatro o cinco años.

La Fundación BBVA, que ha financiado el trabajo de García Fuentes, recuerda en una nota de prensa que la utilización de medicamentos capaces de silenciar genes causantes de tumores tiene un enorme potencial para el desarrollo de terapias específicas, personalizadas y efectivas en el tratamiento del cáncer.

Sin embargo, estos medicamentos genéticos todavía no tienen una aplicación amplia debido a sus grandes problemas de estabilidad y transporte en el cuerpo.

Para que este tipo de terapia génica funcione, las moléculas —medicamentos— tienen que conseguir llegar hasta el interior de la célula y es precisamente en el camino donde aparecen los problemas.

Estas moléculas, explica a Efe García Fuentes, son muy grandes y por ellas mismas no son capaces de atravesar la membrana celular para alcanzar el interior de la célula, de ahí que para ello tengan que utilizar unos orgánulos llamados vesículas digestivas; estas vesículas facilitan el paso a los fármacos pero también lo frenan.

Una vez que han facilitado la entrada del fármaco por la membrana, se dedican a degradar sus moléculas, evitando que lleguen íntegras a la célula y anulando así la eficacia del tratamiento.

Precisamente, las nanopartículas presentadas ahora consiguen que las moléculas escapen de estas vesículas y completen su viaje hasta el interior de la célula, y lo hacen gracias a una estructura que se vuelve insoluble en el ambiente ácido de las vesículas digestivas.

Las nanopartículas, con materiales denominados polifosfacenos, son por tanto ese vehículo para transportar el fármaco genético capaz, en este caso, de suprimir células iniciadoras del gliobastoma.

El estudio ha demostrado que la aplicación del medicamento genético, en combinación con la quimioterapia de primera línea (temozolamida), produce una reducción del tamaño del tumor mayor que un tratamiento basado únicamente en el fármaco quimioterápico.

«Hemos conseguido una ventaja adicional a la quimioterapia y hemos conseguido reducir a la mitad el tamaño del tumor con esta combinación», afirma el científico español, quien no obstante señala que no se trata de una curación y recuerda que esta es una investigación básica, por lo que son necesarios más estudios.

Fuente: ABC España (España) / COFA

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Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, crearon una nueva técnica para dirigir con mayor precisión las moléculas dentro de las células que podría servir para diseñar fármacos más seguros y libres de efectos secundarios.
 
 
Y es que, mediante la manipulación de las moléculas, los científicos pueden determinar exactamente qué ubicaciones atacar, al tiempo que se evitan ubicaciones que podrían causar efectos secundarios dañinos. Hasta ahora, los medicamentos se han dirigido a las moléculas de una manera muy general, lo que genera que siempre exista algún tipo de efecto secundario, o directamente bloqueaban, lo que sería “sería como tratar de resolver el problema de la congestión del tráfico al prohibir los automóviles”, según  J. Julius Zhu, autor principal de la investigación.En el nuevo trabajo, publicado en la revista ‘Neuron’, los científicos lograron que se apunte sólo a una molécula específica que hace algo “específico” en un sitio puntual. “Esto agrega un nuevo nivel de precisión al concepto de medicina de precisión, medicina adaptada exactamente a las necesidades de un paciente”, han aseverado los científicos.

 

A su juicio, esta técnica será útil para muchas enfermedades, especialmente para las oncológicas y las patologías neurológicas como, por ejemplo, el autismo y el Alzheimer.

Fuente:

El Economista -Estados Unidos  / COFA
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Así lo aseguró Mariano Provencio, presidente del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) y jefe del servicio de Oncología Médica del Hospital Puerta de Hierro, de Madrid, durante su ponencia en la jornada ‘La investigación clínica: una oportunidad para la sanidad y los pacientes en España’, organizada por la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANM) y la patronal de la industria innovadora, Farmaindustria. Aquí, Provencio aseguró que en los últimos 20 años la oferta terapéutica en este área se ha multiplicado de forma exponencial, gracias a los esfuerzos innovadores, tanto de compañías como de otras entidades investigadoras.

 

En este sentido, destacó el avance de las terapias dirigidas que, dijo, en 2013 alcanzaban ya el 50 por ciento de la investigación clínica oncológica, frente al 11 por ciento que suponía en el año 2003. No obstante, Provencio destacó la dificultad a la que se enfrentan estos fármacos en investigación. De hecho, apuntó, de media estos medicamentos tardan 1,5 años más en finalizar su desarrollo.

Fuente:

El Global -España
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Desde los comienzos de la impresión 3D, se prometió que en algún momento se desarrollarían impresoras que serían capaces de imprimir material biológico para luego construir órganos o fabricar nuevos fármacos. Ahora, aunque aún no se ha llegado a ese punto, una investigación de la Universidad Queen Mary del Reino Unido da un paso hacia ese objetivo.

De acuerdo a la investigación, publicada en Advanced Functional Materials los investigadores han desarrollado una técnica de impresión que utiliza células y moléculas que normalmente se encuentran en los tejidos naturales, para crear construcciones que se asemejan a las estructuras biológicas.

Estas estructuras están incrustadas en una tinta similar a su entorno nativo y abre la posibilidad de hacer que se comporten como lo harían en el cuerpo. Esto les permite a los investigadores observar cómo funcionan las células en estos entornos y potencialmente les permite estudiar escenarios biológicos, como dónde crece el cáncer o cómo las células inmunes interactúan con otras células, lo que podría conducir al desarrollo de nuevos fármacos.

La técnica combina el autoensamblaje molecular, la construcción de estructuras mediante el ensamblaje de moléculas como piezas de Lego, con la fabricación aditiva, similar a la impresión 3D, para recrear las complejas estructuras, las cuales se pueden fabricar bajo control digital y con precisión molecular. Esto también permite a los investigadores crear construcciones que imitan las partes del cuerpo o los tejidos para la ingeniería de tejidos o la medicina regenerativa.

“La técnica abre la posibilidad de diseñar y crear escenarios biológicos como entornos celulares complejos y específicos, que se pueden usar en diferentes campos como la ingeniería de tejidos mediante la creación de construcciones que se asemejan a los tejidos o los modelos in vitro que se pueden utilizar para probar los medicamentos de una manera más eficiente”, dijo el profesor Alvaro Mata, de la Escuela de Ingeniería y Ciencia de Materiales de Queen Mary.

La técnica integra el control micro y macroscópico de las características estructurales que la impresión proporciona con el control molecular y de escala nanométrica que permite el autoensamblaje. Debido a esto, aborda una gran necesidad en la impresión 3D donde las tintas de impresión comúnmente utilizadas tienen una capacidad limitada para estimular activamente las celdas que se están imprimiendo.

“Este método permite la posibilidad de construir estructuras 3D mediante la impresión de múltiples tipos de biomoléculas capaces de ensamblarse en estructuras bien definidas en escalas múltiples”, dijo por su parte Clara Hedegaard, la estudiante de doctorado, autora principal del artículo.

“Por eso, la tinta autoensamblada proporciona una oportunidad para controlar las propiedades químicas y físicas durante y después de la impresión, que puede ajustarse para estimular el comportamiento celular”, finalizó la científica.

Esta no es la primera técnica que desarrolla bioimpresión 3D, en agosto del año pasado un grupo de científicos de la Universidad de Oxford inventó un nuevo método que permite la impresión tridimensional de tejidos vivos.

Fuente: N+1

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Investigadores de la Universidad de Illinois (Estados Unidos) diseñaron unas diminutas cápsulas liberadoras de fármacos que podrían servir para transportar células de páncreas de cerdo capaces de secretar insulina en pacientes con diabetes tipo 1.

En un estudio ‘in vitro’ cuyos resultados publica la revista ‘Drug Delivery and Translational Research’, han comprobado la viabilidad de llevar en estas pequeñas cápsulas estas células secretoras de insulina, llamadas islotes pancreáticos, después de pasar 21 días en su interior gracias a un fármaco que las hace más resistentes a la falta de oxígeno.

Los investigadores llevan años explorando nuevas formas de trasplantar estas células y tratar a largo plazo la diabetestipo 1, eliminando así la necesidad de realizar un control continuo de la glucosa y las inyecciones de insulina.

Pero para ello, según ha explicado Kyekyoon Kim, autor de este hallazgo, era necesario resolver diferentes desafíos, ya que por ejemplo “se necesitan islotes viables que también sean funcionales, para que secreten insulina cuando se exponen a la glucosa”.

El problema es que los islotes pancreáticos humanos son escasos, mientas que en el tejido del cerdo abundan. De hecho, la insulina del cerdo se ha utilizado para tratar la diabetes desde 1920.

Y una vez que se consigue que los islotes se aíslen en el tejido, el siguiente gran reto es cómo mantenerlos vivos y funcionando después de su trasplante.

Para evitar que las células trasplantadas interactúen con el sistema inmune del receptor, las empaquetaron en pequeñas cápsulas semipermeables, con un tamaño y una porosidad necesarias suficientes como para permitir que el oxígeno y los nutrientes lleguen a los islotes mientras se mantienen fuera de las células inmunes.

“Las primeras semanas después del trasplante son muy importantes porque estos islotes necesitan oxígeno y nutrientes, pero no tienen vasos sanguíneos que se lo proporcionen”, añadió Hyungsoo Choi, codirector del estudio, ya que si se produce una hipoxia por falta de oxígeno se acabarían destruyendo.

Ambos expertos investigaron diferentes métodos para fabricar esas microcápsulas mediante bioingeniería de última generación, y se dieron cuenta de que podían usar las mismas técnicas utilizadas para el desarrollo de cápsulas liberadoras de fármacos.

“Para un paciente tipo se necesitarían aproximadamente 2 millones de cápsulas. La producción con cualquier otro método que sepamos no puede satisfacer esa demanda fácilmente. Pero hemos demostrado que podemos producir 2 millones de cápsulas en unos 20 minutos más o menos”, explicó Kim.

MEJORARON LA VIABILIDAD CELULAR

Con tal control y alta capacidad de producción, los investigadores pudieron desarrollar pequeñas microesferas cargadas con un fármaco que mejora la viabilidad celular y funciona en condiciones hipóxicas.

Las microesferas se diseñaron para proporcionar una liberación prolongada del fármaco durante 21 días, y los investigadores empaquetaron los islotes de cerdo en ellas, evaluando los resultados al cabo de tres semanas.

Después de 21 días, alrededor del 71 por ciento de los islotes empaquetados con las microesferas liberadoras de fármacos permanecieron viables, mientras que solo el 45 por ciento de los islotes encapsulados de forma convencional sobrevivieron.

Las células con las microesferas también mantuvieron su capacidad de producir insulina en respuesta a la glucosa en un nivel significativamente más alto que las que no iban en las microesferas. Por ello, el siguiente paso es probar esta técnica de microesferas dentro de una microcápsula en animales pequeños antes de pasar a un estudio en humanos.

Fuente: El Economista – España

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Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, han ideado un sistema miniaturizado que puede administrar pequeñas cantidades de medicamentos a regiones cerebrales tan pequeñas como 1 milímetro cúbico. Este tipo de dosificación específica podría permitir el tratamiento de enfermedades que afectan a circuitos cerebrales muy específicos, sin interferir con la función normal del resto del cerebro, dicen los investigadores.

Usando este dispositivo, que consiste en varios tubos contenidos en una aguja tan delgada como un cabello humano, los científicos pueden administrar uno o más medicamentos en las profundidades del cerebro, con un control muy preciso sobre la cantidad de fármaco que se administra y hacia dónde va. En un estudio de ratas, descubrieron que podían suministrar dosis específicas de un medicamento que afecta a la función motora de los animales.

«Podemos infundir cantidades muy pequeñas de medicamentos múltiples en comparación con lo que podemos hacer por vía intravenosa u oral, y también manipular los cambios conductuales a través de la infusión de medicamentos», explica el profesor asistente de Desarrollo de LG Electronics, Canan Dagdeviren, autor principal del documento sobre este dispositivo, que aparece en la edición de este miércoles de ‘Science Translational Medicine’. «Creemos que este pequeño dispositivo microfabricado podría tener un tremendo impacto en la comprensión de las enfermedades cerebrales, así como proporcionar nuevas formas de entrega de productos biofarmacéuticos y realizar biosensores en el cerebro», añade otro de los investigadores principales de este artilugio, Robert Langer, profesor del Instituto David H. Koch en el MIT.

Los medicamentos que se usan para tratar los trastornos cerebrales a menudo interactúan con sustancias químicas cerebrales llamadas neurotransmisores o los receptores celulares que interactúan con los neurotransmisores. Algunos ejemplos de ellos son l-dopa, un precursor de dopamina usado para tratar la enfermedad de Parkinson, y Prozac, utilizado para elevar los niveles de serotonina en pacientes con depresión. Sin embargo, estos fármacos pueden tener efectos secundarios porque actúan en todo el cerebro. «Uno de los problemas con los medicamentos para el sistema nervioso central es que no son específicos, y si se toman por vía oral, van a todas partes. La única forma en la cual podemos limitar la exposición es administrarlos a un milímetro cúbico del cerebro, y para hacer eso, hay tener cánulas extremadamente pequeñas», señala el coautor Michael Cima, profesor de Ingeniería en el Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales y miembro del Instituto Koch para la Investigación Integral del Cáncer del MIT.

El equipo del MIT se propuso desarrollar una cánula miniaturizada (un tubo delgado usado para administrar medicamentos) que podría apuntar a áreas muy pequeñas. Usando técnicas de microfabricación, los investigadores construyeron tubos con diámetros de aproximadamente 30 micrómetros y longitudes de hasta 10 centímetros contenidos dentro de una aguja de acero inoxidable con un diámetro de aproximadamente 150 micras. «El dispositivo es muy estable y robusto, y puede colocarse en cualquier lugar que interese», dice Dagdeviren.

Los investigadores conectaron las cánulas a pequeñas bombas que se pueden implantar debajo de la piel. Usando estas bombas, los autores demostraron que podían administrar pequeñas dosis (cientos de nanolitros) en el cerebro de ratas. En un experimento, administraron un medicamento llamado muscimol a una región del cerebro llamada sustancia negra, que se encuentra en las profundidades del cerebro y ayuda a controlar el movimiento.

Estudios previos han demostrado que el muscimol induce síntomas similares a los observados en la enfermedad de Parkinson. Los investigadores lograron generar esos efectos, como estimular a las ratas a que giren continuamente en el sentido de las agujas del reloj, usando su aguja de suministro en miniatura. También demostraron que podían detener el comportamiento parkinsoniano al administrar una dosis de solución salina a través de un canal diferente, para eliminar el fármaco. «Dado que el dispositivo puede adaptarse a cada persona, en el futuro podemos tener diferentes canales para distintas sustancias químicas, o para la luz, para atacar tumores o trastornos neurológicos como la enfermedad de Parkinson o la patología de Alzheimer», augura Dagdeviren.

Este dispositivo también podría facilitar el suministro de nuevos tratamientos potenciales para los trastornos neurológicos conductuales, como la adicción o el trastorno obsesivo compulsivo, que pueden ser causados por interrupciones específicas en la forma en que las diferentes partes del cerebro se comunican entre sí. «Incluso si los científicos y los médicos pueden identificar una molécula terapéutica para tratar los trastornos neuronales, sigue existiendo el formidable problema de cómo administrar la terapia a las células correctas, las más afectadas en el trastorno. Debido a que el cerebro es estructuralmente complejo, de nuevo se necesitan con urgencia formas de administrar medicamentos o agentes terapéuticos relacionados a nivel local», añade la también autora del artículo Ann Graybiel, profesora del Instituto MIT y miembro del Instituto McGovern de Investigación del Cerebro del MIT.

Los investigadores también demostraron que podrían incorporar un electrodo en la punta de la cánula, que se puede usar para monitorizar cómo cambia la actividad eléctrica de las neuronas después del tratamiento con medicamentos. Ahora están trabajando en la adaptación del dispositivo para que también se pueda usar para medir los cambios químicos o mecánicos que ocurren en el cerebro tras el tratamiento con medicamentos. Las cánulas se pueden fabricar en casi cualquier longitud o grosor, lo que permite adaptarlas para su uso en cerebros de diferentes tamaños, incluido el cerebro humano, según los investigadores.

Fuente: La Razón (España)

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Una investigación de la Universidad de Pensilvania y el Instituto Wistar (Estados Unidos) ha descubierto por qué los pacientes con melanoma metástasico sufren una recaída ante las nuevas terapias de combinación.

 

Según el trabajo, publicado en Nature, mientras este tipo de tratamiento bloquean la vía principal que las células cancerosas emplean para alimentar su crecimiento, estas llegan a evitar este bloqueo y, al igual que los vehículos en una ruta de desvío, hacen uso de caminos adicionales para continuar creciendo y extendiéndose.

En palabras del coator del estudio, Wei Guo ,”las células tumorales son inteligentes. Una vez que bloquean esta primera vía, entonces pueden activarse otras vías, lo que conduce a una enfermedad aún más agresiva”. Estas vías paralelas, gobernadas por la familia de enzimas PAK, presentan nuevos objetivos atractivos para el tratamiento del melanoma.

Para su compañero Meenhard Herlyn, “nuestros hallazgos proporcionan una posible estrategia complementaria para contrarrestar la capacidad de las células de melanoma para volver a cablear sus redes de señalización. Cuando el cáncer es inteligente, tenemos que actuar incluso de manera más inteligente”.

Alrededor de la mitad de todos los melanomas son atribuibles a una mutación en un gen llamado BRAF. Cuando se produce el proceso de transformación, una enzima que actúa en una cascada de señalización conocida como la vía MAPK/ERK, se vuelve hiperactiva y conduce a un mayor crecimiento celular, una característica distintiva del cáncer. En consecuencia, se han desarrollado fármacos para inhibir BRAF, las cuales han tenido un éxito modesto. Además, algunos enfermos no responden completamente y los que sí responden casi inevitablemente desarrollan resistencia.

Para reforzar los efectos de los inhibidores de BRAF, recientemente se desarrolló una nueva clase de fármacos para bloquear una enzima que actúa aguas abajo de BRAF/MEK. El emparejamiento del inhibidor BRAF con el inhibidor MEK ha dado a los pacientes con melanoma avanzado una de sus mejores opciones de tratamiento hasta la fecha. Pero, al igual que los inhibidores de BRAF, la eficacia ha sido transitoria.

Atacar una enzima, posible tratamiento

Hace algunos años, un equipo dirigido por Wei Guo encontró que el tratamiento con inhibidores de BRAF solo parecían reactivar ERK, que está aguas abajo de BRAF en la vía de MAPK. Pero en muchas líneas celulares y muestras de pacientes que desarrollaron resistencia a la terapia de combinación, los científicos observaron algo diferente; ERK no se reactivó y una vía paralela, gobernada por la enzima PAK, tenía más energía.

Según el científico, “encontramos que no sólo PAK estaba activado en muchos pacientes, sino también los objetivos de PAK”. El tratamiento de células resistentes a la terapia de combinación con un inhibidor de PAK redujo su capacidad de crecimiento. Cuando los investigadores hicieron lo contrario, activar una proteína PAK en una línea celular de melanoma metastásico, encontraron que las células se volvieron aún más resistentes a los inhibidores de la vía MAPK: “Nuestro descubrimiento puede llevar a nuevos esfuerzos de desarrollo de fármacos para atacar PAKs”.

Fuente:

Redacción Médica -España 
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Se trata de una mezcla polisacarílica que se administra mediante inyección submucosa y que posibilita la resección endoscópica mucosa de lesiones gastrointestinales. La inyección de esta solución a nivel submucosa genera un almohadillado que separa la capa mucosa, donde se localiza la lesión a extirpar, de la muscularis propria, capa más interna irrigada.

 

En concreto, “es especialmente útil en la extirpación de pólipos de gran tamaño, los más susceptibles de degenerar en cáncer“, destacan José Antonio Morales y Francisco Javier Gallego, farmacéutico y digestivo, respectivamente, del citado hospital. Su utilización permite realizar intervenciones prolongadas más eficaces -ya que favorece las condiciones para una mayor precisión y éxito en la intervención-, y más seguras -ya que disminuye el riesgo de complicaciones, como hemorragias, o las posibilidades de una reintervención para la extirpación de pólipos restantes o de pequeños fragmentos-.

“Hasta la fecha la hemos empleado en 37 pacientes con unos resultados excelentes”, comentan ambos especialistas. Actualmente, los investigadores han presentado la patente vía nacional y se encuentra en fase de evaluación por la Oficina Europea de Patentes. La firma de un acuerdo de licencia de esta patente con una empresa española, Nakafarma S.L, permitirá seguir avanzando en esta investigación para que el producto farmacéutico obtenido se comercialice en un futuro. “Sólo hay tres productos en el mundo comercializados para su aplicación en técnicas endoscópicas, y ninguno de ellos en Europa”, aseguran Morales y Gallego. Por ello, la firma de un acuerdo de licencia con Nakafarma S. L. permitirá que se comercialice en un futuro próximo.

La solución farmacéutica se encuentra ahora en fase de optimización a nivel industrial, como paso previo a solicitar el registro ante la AEMP y proceder a realizar un ensayo clínico pre-comercialización. “Por todo ello, y porque su elaboración es económica y precisa de la inyección de una pequeña cantidad de producto, también mejora la eficiencia en la resección de lesiones gastrointestinales mediante técnicas endoscópicas”, subraya Morales.

En esta innovación han estado trabajando desde 2014 especialistas de ambos servicios junto a varios departamentos de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada.

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Diario Médico -España 
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El Instituto Tecnológico AINIA está desarrollando un “digestor dinámico in vitro” capaz de reproducir las condiciones naturales del tracto gastrointestinal humano para comprobar en qué cantidad los ingredientes funcionales que contienen los alimentos (fibra, polifenoles, vitaminas o minerales) y los principios activos de los fármacos llegan intactos al intestino.

 

En el marco del proyecto de I+D propio ‘Dialfarma’, el centro está desarrollando un nuevo modelo de digestor avanzado que, según la investigadora Blanca Viadel, “será capaz de predecir mejor la solubilidad de los ingredientes funcionales durante todo el proceso de digestión gastrointestinal”.

El consumidor actual es cada vez más consciente de la importancia de una buena alimentación para disfrutar de una vida saludable y el 45 por ciento de los españoles asegura querer llenar su cesta de la compra con productos saludables. Esta tendencia impulsa a la industria alimentaria a desarrollar nuevas gamas de alimentos con propiedades funcionales capaces de reducir el riesgo de sufrir ciertas patologías.

En el caso de los fármacos, también el control de formulaciones y la incorporación de los principios activos más eficientes marca la tendencia. El investigador de Ainia Juan Antonio Nieto, considera que “la predicción mejorada del perfil de disolución de los principios activos contenidos en los fármacos va a posibilitar desarrollar medicamentos más eficientes a un menor coste”.

El nuevo digestor dinámico in vitro va a permitir estimar con mayor exactitud la cantidad de los compuestos incorporados en alimentos o fármacos que pueden ser absorbidos por el organismo, así como la zona del sistema digestivo donde se produce su máxima absorción.

Costes y tiempo, aspectos clave

Así, ayudará a las empresas alimentarias y farmacéuticas a seleccionar los prototipos que sean más efectivos, disminuyendo el número de ensayos clínicos y los costes de desarrollo, así como la reducción de los tiempos de lanzamiento al mercado.

Fuente:

Redacción Médica -España 
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